Religión en Libertad

El columnista de El Mundo habla del último éxito del cine español

Bustos «alucina» con Los Domingos: sufrimos «una esterilidad que alimenta la nostalgia del absoluto»

La actriz Blanca Soroa interpreta a Ainara en Los Domingos. La película plantea si siente una verdadera vocación.youtube

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"Fui el jueves a ver Los domingos, un raro milagro del cine español", así comienza la última columna de Jorge Bustos en El Mundo, titulada "La nostalgia de absoluto que sucede los domingos", y subtitulada "Carecemos de autoridad moral para deslegitimar la sed de propósito de quien se enfrenta a la orfandad espiritual".

La elipsis contemporánea

El periodista comienza su artículo destacando la madurez con que trata el tema la directora de una de las películas españolas más vistas últimamente: "La honestidad artística es el presupuesto desde el que se plantea la trama, con el que se anuda y con el que finaliza. Eso significa tomar por adulto al destinatario de la historia, prescindir de la tesis que conforte, proporcionar toda la información para que el espectador puede sacar sus conclusiones a fuerza de revisar sus prejuicios, no confirmándolos". 

"Si por el camino hay que mostrar que una madre superiora de un convento de clausura puede ser más feminista que una gestora cultural progresista, o que una adolescente virgen puede emanciparse en un sentido mucho más radical que una mujer sexualmente liberada, muéstrese. Y la verosimilitud no se resiente. Es la clase de milagro que solo obra el talento narrativo", añade.

Bustos llega a decir: "Ruiz de Azúa asume el desafío consciente de que la gran elipsis del mundo contemporáneo es precisamente Dios. Así que usa la elipsis para indagar en la Elipsis".

"El desencantamiento del mundo fue diagnosticado por Max Weber en 1919, haciéndose eco de Nietzsche. A partir de ahí el siglo XX puede verse como un largo experimento antropológico: veamos cómo reaccionan los hombres y los pueblos a la muerte de Dios". 

"La cosa salió regular porque el animal humano sustituyó la religión por la ideología con idéntico fervor y sin hacer parada duradera en el racionalismo, condición al alcance exclusivo de un puñado de excéntricos. George Steiner concluyó el siglo recordándonos en Presencias reales que el arte occidental se funda sobre un anhelo de trascendencia; una vez negado este, quedamos abocados a la cultura del comentario", escribe Bustos. 

"Parasitamos los grandes relatos del pasado, pero somos incapaces de generar otros nuevos que confieran el mismo grado de sentido a nuestras vidas, esterilidad que alimenta una nostalgia del absoluto. A esa nostalgia, que en la película se identifica con la ausencia de una figura paterna digna de ese nombre, responde Ainara silenciando el iPhone, cortándose la melena y metiéndose a monja".

Y, concluye: "Los domingos sortea tanto la apologética cristiana como la ironía posmoderna. Si algún mensaje traslada es que anhelamos recuperar la autoridad moral, pero carecemos de ella para deslegitimar la sed de propósito de quien se enfrenta al nihilismo, al vacío afectivo, a la orfandad espiritual. Y ahí sí percibimos claramente un eco evangélico: 'No juzguéis, y no seréis juzgados'".

Los Domingos es la historia de una chica vasca de 17 años que explora una posible vocación a la clausura. Su familia, poco o nada creyente, reacciona con desconcierto e incluso hostilidad.

La cinta dirigida por Alauda Ruiz de Azúa ganó la Concha de Oro a la Mejor Película en el Festival de San Sebastián, y también los premios Irizar del Cine Vasco, el Premio Feroz Zinemaldia y el Premio Signis (del jurado ecuménico, interesado en el cine espiritual).

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