«Cuando yo entré con 17 años...», empieza Isabel Orellana, doctora en Filosofía y misionera idente
Un crítico dice que «Los domingos» es una película de terror; una consagrada le responde

A la izquierda, la actriz Blanca Soroa, de 17 años, interpreta a Ainara; a la derecha, Isabel Orellana con 17 años, cuando sintió su vocación
La película Los domingos en menos de dos semanas ha recaudado 1,3 millones de euros en España y ha llegado a 200.000 espectadores. Estas cifras crecerán porque esta semana, de lunes a jueves, se celebraba la Fiesta del Cine (entradas baratas, a tres euros y medio) y porque los espectadores y la crítica alaban la película.
En ReL hemos repasado más de 30 reseñas de la película en prensa. Todas alaban la calidad técnica, la consideran fascinante, hipnótica, fuente de debates e ideas. Sólo 3 o 4 reseñas en pequeños digitales de extrema izquierda la critican por "blanquear a la Iglesia" o "fomentar el romanticismo patriarcal con Dios". Pero casi todo el resto de la crítica indican que la película busca, simplemente, dejar hablar a los personajes, cada uno con sus rasgos humanos complejos, a veces contradictorios.
La prensa católica, además de valorar la calidad artística, aprecia que por fin seis personajes en una película hablen de vocación y cada uno, desde su lugar, diga las cosas que de verdad suelen decir los cristianos experimentados en estos casos.
Una crítica peculiar es la de Fran Chico, en la veterana revista-portal sobre cine Fotogramas, titulada "Por qué 'Los domingos' es la mejor película de terror de 2025".
No es el único en hacer la mención al terror. Alguno más lo ha hecho, porque la película fascina con una intriga misteriosa ("¿qué está pasando aquí?, ¿de verdad llama Dios?") y porque se ha estrenado coincidiendo con Halloween. Ya Rudolf Otto en 1917 (en Das heilige) dijo que “la religión es un misterio tremendo que fascina” (“mysterium tremendum et fascinans”). Y la Carta a los Hebreos avisa: “¡Es terrible caer en manos del Dios viviente!” (Hebreos 10,31).
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Alberto Rey, crítico de cine en La Sexta (canal bastante anticlerical) alaba la película, la recomienda como una de las mejores del año. "A mí el tema me interesaba cero y, a los diez minutos, estaba metidísimo", explica. Él la compara con el terror por el estilo y lenguaje sobrio. "Desde una sobriedad, que casi parece de película de terror conceptual, Los Domingos propone una premisa que, de alguna manera, puede ser vista como una película terrorífica".
Pero una cosa es que alguien compare el ritmo o estilo de un filme al género de terror, y otra es que prácticamente se proclame que la vida consagrada o de clausura en el mundo real es algo terrorífico y malo y deba prohibirse (como han hecho dictaduras laicistas y comunistas en distintos momentos de la historia, por lo general acompañado de detenciones, matanzas y confiscaciones).
La reseña de Fran Chico, en Fotogramas, ha merecido la respuesta de Isabel Orellana Vilches, una doctora en Filosofía que sintió su vocación a las Misioneras Identes con 17 años y ha cumplido ya 55 años de consagrada.
Empecemos con la argumentación del crítico de cine. Considera que la película es "una desoladora muestra de nuestro fracaso como sociedad" y "un retrato feroz de la fe como refugio y de la tradición como disfraz en un mundo sin esperanzas". (Los cristianos responderían, con Timoteo 1,1, que "Cristo es nuestra esperanza").
"Desde el punto de vista de alguien no creyente, Los domingos no deja de ser una película de miedo, la más terrorífica de los últimos años, en la que una niña menor de edad, desolada por el duelo y todavía sin un rumbo claro de cómo encajar en la vida, es captada por un culto que la aísla de sus seres queridos y la convierte en una sierva sometida a los designios de una supuesta entidad divina", explica el crítico... aunque hay que retorcer bastante la película para describirla así.
"Entra la hipocresía de nuestra sociedad con la religión, reflejada en unos personajes que, como la gran mayoría de habitantes de este país, bautiza a sus hijos por inercia, por seguir la tradición, se visten de gala para asistir orgullosos a su comunión y les educan en colegios católicos, pero a mismo tiempo les dicen que no se fíen nunca del cura, por lo que pueda pasar", añade. [En la película se lo dice la tía Maite, que es no creyente, a su hijo Eneko].
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"En una misma escena, la abuela de la protagonista llama "loca" a la madre fallecida de Ainara (la debutante Blanca Soroa), la novicia, por decirle a su hija que la Virgen les protege, pero admite hablar todas las noches con su esposo fallecido", añade el crítico (en realidad, los espectadores no sabemos por qué llaman "loca" a la fallecida, no hay datos en la película, pero no es por haber dado una medalla de la Virgen y haber hablado de ella a Ainara, el crítico hace una conexión que no está en el filme).
"[Ainara] Es una menor vulnerable, rechazada además por el chico que le gusta, a la que unos adultos convencen de que Dios es el amor más intenso y puro que se puede experimentar. Su madre, además, la educó en el catolicismo, así que no hay mejor manera de volver a estar cerca de ella que abrazar con fuerza sus creencias. Cuando vuelve a sufrir la pérdida, en este caso con el fallecimiento de su abuela, Ainara siente de repente la confirmación de su propósito en este mundo: ¡Milagro! Dios la quiere para ella", insiste el crítico.
Podemos responder al crítico que en realidad, más allá de la medallita, no sabemos qué enseñó la difunta madre a Ainara sobre la fe, no se vuelve a mencionar. Y la escena de "sentir la confirmación" no es "de repente": ella viene de varios días de discernimiento en un retiro y se pone a rezar intensamente con una oración de abandono y entrega de San Carlos de Foucault pidiendo a Dios que le conduzca.
El crítico de Fotogramas añade: "La palabra 'secta' se menciona en la película de pasada, pero si nos quitamos los prejuicios conservadores y tradicionales, este es un escalofriante filme que trata sobre ellas y sobre cómo ganan adeptos".
Pero el mismo padre de Ainara en la película dice a la tía Maite: "no es una secta por mucho que te empeñes". La vocación le llega en el colegio religioso al que su padre y su tía fueron, no especialmente devoto, y no es vocación a esa congregación, sino a otra congregación distinta, de clausura, cercano. No hay nada en la película que se parezca a la forma en que una secta gana adeptos: no hay love bombing, presión grupal, culto al líder, unanimidad perfecta, etc...

La actriz Blanca Soroa interpreta a Ainara en Los Domingos; ambas tienen 17 años. La película se plantea si Ainara siente una verdadera vocación.
"Personas que, como yo, fueron llamadas por Cristo a la edad de 17 años..."
La reseña en Fotogramas impulsó una respuesta en el portal Exaudi.org de Isabel Orellana Vilches, consagrada en las Misioneras Identes y doctora en Filosofía por la Universidad Autónoma de Barcelona.
"Perdónenme, creo que me avala mi propia vida, que no habrá sido distinta de la de otras personas que, como yo, fueron llamadas por Cristo a la edad de 17 años, justamente los que tiene Ainara, la protagonista, y el haber cumplido hace unos días 55 años de mi consagración religiosa como misionera idente", se presenta.
Aunque las misioneras identes no viven la clausura, y realizan una importante actividad en el mundo educativo, por ejemplo, Isabel Orellana cree que muchos fenómenos de la película se pueden observar en general en la vida consagrada.
Familias que se resisten a la vocación: ¡no sólo en el siglo XXI!
"Debo decir que el tsunami que provoca en algunas familias —puede que la mayoría, pero no en todas— la noticia de la elección de la vida consagrada de un hijo o de una hija, bien sea como sacerdote o para integrarse en cualquier realidad eclesial, es un hecho que se ha dado en todas las épocas de la historia. Muchos canonizados, hombres, mujeres y jóvenes, tuvieron que enfrentarse a sus padres para seguir en pos de la llamada de Cristo", recuerda. Ha pasado en todos los siglos.
A Isabel Orellana le parece "sorprendente" que una familia que no pondría casi oposición a un mal matrimonio de sus hijos, se plantee "un férreo veto" si los mismos hijos hablan de vocación religiosa.
"Mis padres, y particularmente mi madre, tuvo que enfrentarse no pocas veces a comentarios improcedentes de personas conocidas haciendo notar la lástima que sentiría porque “siendo (yo) tan linda” había elegido ser misionera", explica. No oía comentarios similares cuando alguien se casaba. Le parecía extraño, porque, dice, a sus 17 años, y después, "yo no cabía en mí de gozo por seguir a Cristo".
¿Escuela religiosa empujando a jóvenes inmaduros?
"No es cierto, como he leído en algunas críticas, que la educación religiosa ejerce una funesta influencia en jóvenes “inmaduros”. Me gustaría recordar que este concepto de madurez es poliédrico. Se puede ser maduro en un sentido y no en otro de los tantos vértices que tiene la existencia. Tampoco se puede medir por edades precisamente, ya que se aprecia una rotunda madurez en jóvenes siendo casi imperceptible en adultos. Por otro lado, sabemos que hay personas que se formaron en centros católicos y después han huido de todo elemento eclesial; han sido los más feroces detractores. Por el contrario, muchos llegaron a la experiencia religiosa desde un profundo alejamiento de la fe", va enumerando la misionera idente.
Sobre el tema de que "un menor hable con un adulto", propone: "Habría que precisar con qué persona, el lugar y modo. No podemos caer en el extremismo. Prudencia sí, pero no infundada desconfianza".
La llamada interior no tiene edad
"Como se hace notar en el film, la fe es un don. Y como tal dádiva es una gracia. Cuando se experimenta de verdad no hay quien la derroque. Ni presiones familiares ni las múltiples consideraciones del cercano entorno. Y esa llamada interior no está restringida a una franja de edad determinada. Niños, jóvenes, adultos, ancianos pueden recibirla. Al fin y al cabo, en el Evangelio queda claro que la santidad es una llamada universal para toda la Humanidad", añade Isabel Orellana.
No, la vocación no viene de desengaños amorosos o familiares
Ante la sospecha de que Ainara no escucha a Dios, que sólo busca huir de una situación incómoda en su familia, Isabel responde rotunda hablando de lo que sucede en la vida real.
"Las emociones, las responsabilidades familiares como hacer frente al cuidado de otros miembros, o el desengaño en las relaciones amorosas no influye en la decisión de elegir la vida religiosa. No existe el binomio causa-efecto. Alguien como Ainara no dirigiría sus ojos a la consagración en su forma más estricta, la del claustro, por ser huérfana de madre o porque ha sufrido el desaire de su primer amor. Ni tampoco se habría desentendido por ello del cuidado de sus hermanas. La aceptación a la elección de Cristo no funciona así. No es una huida de algo".
Según Isabel Orella, en una experiencia de vocación "no tiene peso alguno la razón, y la emoción, por sí misma, de no ser alimentada por la lectura de la Palabra, la Eucaristía y la oración, moriría. La donación en cualquier elección de la vida, para que se perpetúe en el tiempo, únicamente puede estar marcada por el amor, esto es, la vivencia de todas las virtudes en un camino de abnegación que no es más que generosa ofrenda"
Insatisfacción con las cosas mundanas; sí, ¿y qué?
"Que en la joven Ainara pudo existir insatisfacción ante un mundo que no ofrece modelos que inviten a profundizar en los valores universales, ¿por qué no? Que experimentó una hartura ante formas de vida que dejan el poso del vacío: el éxito, la búsqueda fácil del placer, la fama lograda con la acuciante exposición en redes sociales que tantas frustraciones provoca, nada tendría de extraño…", explica Isabel Orellana.
Y, comparando a los que son jóvenes hoy con los que lo eran hace 50 años, dice: "Los jóvenes de este tiempo en ese sentido no son diferentes a los del mío. Las desilusiones y fracasos temporales, los anhelos, los sueños, las ilusiones, los afanes por entregarse en cuerpo y alma a lo que verdaderamente llena son exactamente los mismos".
¿Y si los parientes estuvieran muy contentos con la vocación?
En la vida real, muchos parientes (aunque quizá no la mayoría) se sienten contentos orgullosos y alegres de la vocación religiosa de sus hijos o familiares. Pero eso, en una película, probablemente no sería muy interesante. "Los conflictos dan más juego, eso está claro. Pero entre el blanco y el negro siempre hay un punto intermedio. Y es conveniente tenerlo en cuenta por más que no estuviese entre los objetivos de la directora", propone Isabel Orellana.
"Hay muchos casos (conozco unos cuantos) en los que padres que inicialmente se opusieron a una vocación. Con el tiempo no sólo la acogieron con gozo, sino que hubiesen deseado esa opción para otros de sus hijos. Incluso fueron defensores de ella ante otros familiares", explica.
¿Una película de terror? ¿Qué terror?
"Entre múltiples calificativos vertidos hacia la película se dice que es “terrorífica”. Y me pregunto, ¿qué terror puede haber en seguir al Amor con mayúsculas?", plantea. "Siguiendo a Cristo, y vuelvo otra vez a mi vida, crecí no sólo biológicamente, sino también en los ámbitos espiritual, emocional, intelectual… Descubrí valores que ignoraba que poseía. Por ejemplo, la escritura. Coseché frutos académicos, aprendí a compartir mi fe en estamentos académicos y en los espacios más desfavorecidos, supe lo que era la verdadera libertad y la responsabilidad que va unida a ella, el alcance de la fidelidad, la grandeza de lo que me rodea, el color de la gratuidad, la fortaleza que proporciona la comprensión y la ternura, el valor de la colegialidad y del respeto, la profundidad de una entrega espiritual, río de luz que busca su fuente en el corazón del Padre. ¿Qué hay aquí de terrorífico?"
"Ni en una realidad eclesial claustral, ni viviendo la fe en el mundo, según sea el estado y la misión de cada uno, hay que pensar en secta. Lo sectario tiene su propia definición. El pensador Fernando Rielo lo sintetiza cuando habla de las ideologías que excluyen, reducen y fanatizan; este es el verdadero rostro de las sectas. Son a las que hay que temer", plantea, citando al fundador de los consagrados identes.
Isabel finaliza señalando que Los domingos es "un film necesario que es de agradecer". Propone darle la bienvenida, por si "despierta la conciencia de unos y de otros" y porque "suscita el debate".
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