La misa tradicional
León XIV se encuentra en la tesitura de resolver un problema fundamental para un número muy elevado de católicos.

El cardenal Raymond Burke celebra misa tradicional en la basílica de San Pedro el 25 de octubre de 2025.
En 1963, la Constitución Sacrosanctum Concilium, promulgada por el Concilio Vaticano II en 1963, propuso una renovación de la liturgia para adaptarla a las necesidades pastorales de la época. El objetivo era hacer la liturgia más comprensible y participativa para los fieles. Sin embargo, Sacrosantum Concilium no pretendía “imponer una rígida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la Liturgia”, sino “aceptar variaciones y adaptaciones legítimas”, con tal que se pudieran “armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico”.
En principio, la propuesta no implicaba ni cambios radicales, ni el abandono del latín. El n° 36 de este documento, dice: “Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular”. Sólo se preveía dar una “mayor cabida” a la lengua vulgar ante todo “en las lecturas y moniciones, en algunas oraciones y cantos”.
La reforma litúrgica y la misa tradicional
La reforma litúrgica se concretó en 1969 mediante la Constitución Apostólica Missale Romanum, promulgada por el Papa Pablo VI el 3 de abril de 1969, el Ordo Missae (nuevo rito de la Misa) y la Institutio Generalis Missalis Romani (normas generales del Misal Romano). Estos textos dieron origen al llamado Novus Ordo Missae, que entró en vigor el 11 de mayo de 1970, y que en casi todo el orbe católico sustituyó a la Misa tradicional. Aunque la Santa Sede nunca suprimió la Misa tradicional, ésta quedó en la práctica relegada, “abrogada”, y solo pudo celebrarse con permisos especiales muy restringidos. Los sacerdotes que querían celebrar según el Misal de 1962 necesitaban autorización expresa de sus obispos, y esta rara vez era concedida.
En 1984, mediante el indulto Quattuor abhinc annos, Juan Pablo II permitió que los obispos concedieran permisos para celebrar la Misa tradicional, pero bajo condiciones estrictas: las peticiones debían provenir de “grupos estables de fieles” que lo solicitaran; . el obispo tenía plena discreción para aceptar o rechazar; y se prohibía usar la Misa antigua como signo de rechazo al Concilio Vaticano II. Algunos obispos concedieron permisos generosos, y otros, los negaron sistemáticamente.
Luego, en el Motu proprio Ecclesia Dei publicado en 1988 tras el conflicto de monseñor Lefebvre y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, San Juan Pablo II pidió mayor generosidad al conceder la autorización para la Misa tradicional. A partir de este momento, se fundaron comunidades religiosas cuyo carisma incluye la celebración de la Misa tradicional de 1962. Por ejemplo, la Fraternidad San Pedro y el Instituto Cristo Rey. Sin embargo, la autorización de las celebraciones siguió dependiendo de los obispos. Por eso, muchos fieles se encontraron con negativas o condiciones muy difíciles para la celebración de la Misa tradicional, en horarios marginales o en lugares apartados.
Además, muchos obispos no tenían claro si la Misa de 1962 seguía siendo “válida” o si había sido “abrogada”. Así, mientras algunos prelados la veían como la legítima afirmación de la tradición litúrgica de la Iglesia, otros entendían la celebración de la Misa antigua como un acto de resistencia al Concilio Vaticano II: el hecho de que algunos sedevacantistas fueran firmes defensores de la Misa tradicional no ayudó. En muchos casos, los fieles ligados a la Misa tradicional eran vistos como “problemáticos” o “nostálgicos”.
Con la elección del cardenal Joseph Ratzinger como Papa, la situación empezó a mejorar. En 2007, Benedicto XVI publicó Summorum Pontificum, donde reconoció que cualquier sacerdote podía celebrar la Misa tradicional sin pedir permiso al obispo. El Papa aclaró que el Misal de 1962 nunca fue abrogado: siempre siguió siendo válido. Y definió la Misa de Pablo VI como “forma ordinaria” del rito romano, mientras que la de 1962 fue definida como “forma extraordinaria”. Así se normalizó la celebración de la Misa tradicional en parroquias y comunidades, reduciendo tensiones acumuladas durante casi cuarenta años.
En 2011, se publicó la Instrucción Universae Ecclesiae con el objetivo confirmar el permiso y recordar a los obispos la obligación de facilitar la celebración de la Misa tradicional.
En 2013, tras la renuncia del Papa Benedicto XVI, ocupó el trono de Pedro el Papa Francisco, quien publicó en 2021 Traditionis custodes, motu proprio que limitó severamente la celebración de la Misa tradicional. Este documento exige entre otras cosas, la autorización explícita del obispo para celebrarla, prohíbe la apertura de nuevas parroquias personales para celebrar Misa según este rito, y obliga a los obispos a consultar con Roma, la autorización para celebrar Misa tradicional a sacerdotes ordenados tras la promulgación de Traditiones custodes. Con estas y otras medidas, el Papa Francisco procuró obligar a los fieles a asistir a la Misa Novus Ordo.
Como era de esperar, algunos obispos aplicaron estrictamente Traditiones custodes, mientras que otros se mostraron más flexibles. Ahora bien, estas medidas, más que conducir a la unidad deseada, intensificaron la tensión entre los partidarios de la Misa tradicional y los defensores de la exclusividad del Novus Ordo.
Un detalle no menor es que en Traditiones custodes, el Papa Francisco dio a entender basó su decisión de restringir la Misa tradicional en una evaluación solicitada a los obispos sobre la aplicación de Summorum Pontificum. Pues bien, a mediados de 2024, la periodista Diane Montagna encontró la encuesta original, e informó que la mayor parte de los obispos consultados había evaluado favorablemente la aplicación de Summorum Pontificum...
Tras la muerte del Papa Francisco y el nombramiento de León XIV, algunas cosas empezaron a cambiar. Por ejemplo, el cardenal Burke fue autorizado en dos ocasiones a celebrar la Misa tradicional en la Basílica de San Pedro. Y aunque luego se relegó, en un principio, el tema de la liturgia se había incluido entre los asuntos a tratar en el consistorio de Cardenales convocado por el Papa para el 7 y 8 de enero.
Mi interpretación
Ahora voy a dar mi opinión. Es la opinión de un laico que nació en medio del Concilio, y que por lógica, no puede tener nostalgia de un tiempo que no vivió. Es la opinión de un laico que durante los últimos 32 años ha procurado asistir Misa diaria celebrada según el rito Novus Ordo, que sólo ha asistido a Misa tradicional unas trece o catorce veces en su vida, que no es especialista en liturgia, y que opina exclusivamente desde el sentido común.
Si hay en la tierra una institución que ha logrado alcanzar la unidad en la diversidad, esa es la Iglesia católica. Los números son elocuentes: hay una Iglesia de rito latino, y 23 Iglesias orientales católicas con sus propios ritos (maronita, armenio, etc.). ¿Esto afecta a la unidad de la Iglesia? Parecería que no. Por tanto, cabe preguntarse:
- ¿Cómo podría afectar a la unidad de la Iglesia, la existencia de dos formas de celebrar el mismo rito latino?
- ¿Acaso no es cierto que hoy mismo, el Novus Ordo se puede celebrar tanto en latín y “ad Orientem”, como con inverosímiles -y a veces blasfemos- inventos ajenos a las rúbricas, instituidos por obra y gracia del párroco de turno?
- ¿Acaso se considera buena, en materia litúrgica, la libertad para hacer lo que en el momento se quiere, pero no la libertad para hacer lo que siempre se hizo?
- ¿Puede ser algo “malo” para la unidad de la Iglesia liberar de sus cadenas a un rito que durante siglos fue celebrado por sacerdotes, obispos y Papas santos?
- ¿Estamos dispuestos los católicos a mantener aherrojado un rito que por su belleza y por el recogimiento al que invita atrae a cientos de miles de jóvenes?
- ¿No debería la Santa Madre Iglesia contemplar las necesidades espirituales de aquellos hijos suyos que prefieren el rito tradicional, porque les permite recogerse mejor, adorar con mayor devoción y contemplar más piadosamente los misterios divinos?
- Sacrosantum Concilium, el documento del Concilio Vaticano II en el que se basó la reforma litúrgica, no pretendía “una rígida unidad” en la liturgia. ¿Cuál sería el motivo para pretender entonces “una rígida unidad” en torno al Novus Ordo?
- ¿Acaso Traditiones custodes no trajo más división que unión?
¿Cuál es la mejor solución entre todas las posibles? Una posibilidad es derogar Traditiones custodes y volver a Summorum Pontificum. Pero recientemente, se han hecho públicas dos propuestas más.
- La primera, es del padre Louis-Marie de Blignières, fundador de la Fraternidad de San Vicente Ferrer, quien envió una carta a quince cardenales conocidos por su preocupación por la liturgia tradicional, y un correo electrónico a otros cien cardenales, previo al consistorio extraordinario de enero. Allí, el sacerdote propuso establecer una jurisdicción eclesiástica -inspirada en principio en los Ordinariatos Militares- dedicada a la forma tradicional de celebrar la misa, ofreciendo una estructura canónica que respete tanto la tradición como la comunión con la Santa Sede. Fue simplemente, una “una hipótesis de trabajo dirigida a los cardenales” para “ser examinada y desarrollada con mayor profundidad y con la ayuda de canonistas”.
- La segunda, sí es una petición, y fue hecha directamente por el obispo Athanasius Schneider al Papa León XIV. ¿En qué consiste? En la promulgación de una Constitución Apostólica para blindar y liberalizar la misa tradicional en latín, buscando eliminar las restricciones impuestas por Traditionis Custodes. Esta petición, realizada en enero 2026, busca establecer un marco legal solemne que garantice la coexistencia pacífica de ambas formas del rito latino, impidiendo que los obispos prohíban la liturgia tradicional. El argumento principal de monseñor Schneider es que la liturgia es atemporal y que la misa tradicional es un tesoro de la Iglesia que no puede ser restringido por ordenanzas administrativas.
Recemos para que el Espíritu Santo asista especialmente al Papa en la resolución de este problema que a tantos católicos tiene en vilo alrededor del mundo.