Cómo alcanzar la santidad, explicado en un minuto
Sobre dos trípticos descansa nuestra fuerza: Fe-Esperanza-Amor y Confesión-Comunión-Oración.

Los fundamentos de la vida espiritual son sencillos de comprender, pero exigen determinación para ponerlos.
Para ser santo, hay que vivir con heroicidad las tres virtudes teologales, que son: Fe, Esperanza y Amor.
Ante nuestra impotencia humana para alcanzar la santidad, lo único que tenemos que hacer es reconocer con humildad nuestra debilidad ante Dios y pedírselo; pero pedírselo con una Fe "capaz de mover montañas", confiándonos y abandonándonos en su poder para lograrlo, a pesar de nuestra imposibilidad.
Esa Fe "capaz de mover montañas" nos lleva a forjar la Esperanza; una "Esperanza contra toda esperanza", que se mantiene firme, incólume, inasequible al desaliento, aunque no llegue lo que le estamos pidiendo a Dios; una esperanza que se forja en una paciencia y confianza que van más allá de nuestros límites humanos.
Como revelan las Sagradas Escrituras, a través de San Pablo (Rom 5, 3-4), "la paciencia consolida la fidelidad" y "la fidelidad consolidada produce la esperanza".
Dicha Fe "capaz de mover montañas", junto a su consiguiente "Esperanza contra toda esperanza", cristaliza en la tercera -y más importante- de las tres virtudes teologales, que es el Amor.
El Amor prevalece sobre la Fe y la Esperanza, pero un Amor verdadero, puro, genuino, inefable, pasa primero por estas dos aduanas, que son las que permiten que éste se ensanche. Así lo explica el insigne teólogo Jacques Philippe: la Fe nos conduce a la Esperanza y la Esperanza culmina en el Amor.
Esta manera heroica de vivir las tres virtudes teologales, más basada en confiar y abandonarnos en Dios que en nuestra propia fortaleza, ha de estar auxiliada por la Gracia de Dios, a la cual volvemos a través de realizar una buena confesión, de recibir la comunión y de la oración. Estas tres palabras son, a juicio del famoso sacerdote don Jesús Silva Castignani, los tres pilares fundamentales de la vida cristiana.
Jacques Philippe, en este sentido, sostiene que el trípode Fe-Esperanza-Amor se sostiene sobre la Gracia de Dios, puesto que, como rezan las Sagradas Escrituras, nuestra debilidad se hace fuerte en la fuerza del Señor; y nuestra pequeñez, grande. También hay un fragmento de Santa Teresa de los Andes muy ilustrativo al respecto. De aquí, la suma importancia de poner en práctica "la confianza y el abandono" en Dios Nuestro Padre.
De este resumen, se desprende todo lo demás. Estos requisitos lo abarcan todo. El cumplimiento de los Diez Mandamientos, de las normas de la Santa Madre Iglesia, de la doctrina desarrollada en el Catecismo, de las Bienaventuranzas, de las catorce Obras de Misericordia, de los tipos de Oración y de todo lo demás se encuentran supeditadas a todo lo que hemos explicado en los renglones anteriores.
En dos trípticos descansa nuestra fuerza: Fe-Esperanza-Amor y Confesión-Comunión-Oración. Estos son los triunviratos de nuestra santidad.