Artemis II, nave Orión... la Iglesia avisa: el espacio no debe convertirse en una jungla
Ettore Balestrero, diplomático vaticano ante Naciones Unidas en Ginebra, explica la propuesta de la Santa Sede sobre el espacio: paz y colaboración.

Christina Koch, Wiseman, Glover, Hansen, los astronautas de Artemis II
Los astronautas del Artemis II ya están en el espacio desde el 1 de abril de 2026, y si todo va bien, se convertirán en los seres humanos que se han alejado más del planeta Tierra, a 400.000 kilómetros, rodeando la luna por su zona oculta y volviendo a casa. Es la primera misión tripulada de la NASA más allá de la órbita terrestre en más de 50 años.
Los astronautas son la primera mujer, el primer hombre negro y la primera persona no estadounidense en una misión a la Luna. Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, junto al canadiense Jeremy Hansen, estarán diez días en el espacio. Comprobarán qué tal funciona Orión, la nave que solo ha volado una vez (y vacía) al espacio. Este viaje sirve para ensayar muchas tareas. El lunes es cuando sobrevolarán la cara oculta de la Luna y entonces perderán la conexión de comunicaciones con la Tierra. El regreso durará otros tres días. Si todo va bien, en diez días, en la medianoche del viernes al sábado amerizarán en el Océano Pacífico.
La Fundación Caritas in Veritate (https://www.fciv.org) está ligada al Vaticano, como observadora permanente de las misiones diplomáticas de la Santa Sede en la ONU, y atendiendo temas de relevancia mundial. Ha publicado un vídeo (en inglés) con reflexiones sobre la exploración espacial y los principios que deben regir la relación de la humanidad con ella.
El arzobispo Ettore Balestrero, diplomático vaticano que desde 2023 es el portavoz ante Naciones Unidas en Ginebra y en otras organizaciones mundiales, explica la postura del Vaticano: "El espacio debe seguir siendo un bien común, con normas jurídicas claras y un sentido de responsabilidad hacia toda la humanidad y las generaciones futuras".
El vídeo sigue a una publicación en febrero titulada «El espacio exterior y la humanidad en la encrucijada: una nueva frontera del bien común». Reúne ideas de la ciencia, la teología y el derecho internacional.
"El espacio no es tierra de nadie, no es un campo de conquista sin ley, donde impera el principio de 'el primero en llegar es el primero en servirse'. De ahí el título de la publicación, «El espacio y la humanidad en una encrucijada», y también el contenido del vídeo que hemos producido. La humanidad ya está tomando decisiones sobre el espacio, decisiones morales que tendrán un impacto a largo plazo y que, por lo tanto, pueden construir o destruir a la humanidad. Por consiguiente, la Iglesia no puede permanecer indiferente", explica el arzobispo Balestrero.
"¿Es correcto perseguir todo lo que podemos lograr tecnológicamente? ¿Cómo deberíamos hacerlo? ¿Qué tipo de realidad y orden queremos construir? Esta perspectiva ética y multilateral es la que propone el documento y el vídeo de la Fundación Caritas in Veritate", añade.
Los astronautas hablan del "efecto perspectiva"
"El espacio debe seguir siendo un bien común, con normas legales claras que, cuando sea necesario, se actualicen con un sentido de responsabilidad hacia toda la humanidad y las generaciones futuras. Cuando presentamos la publicación en las Naciones Unidas en Ginebra, el testimonio de un astronauta, que regresaba tras casi un año a bordo de la Estación Espacial Internacional [Michael Scott Hopkins, que comulgaba en el espacio; ed. ], impresionó profundamente a la audiencia. Describió el llamado overview effect (efecto perspectiva)".
"Es el cambio de perspectiva que experimentan todos los astronautas en el espacio, porque la Tierra parece pequeña, frágil, sin fronteras ni divisiones, un símbolo de pertenencia compartida y responsabilidad colectiva. Y es una imagen que, lamentablemente, choca con la realidad de las guerras, los abusos y la violencia que afloran cuando volvemos a observar el planeta de cerca", explica. Es algo que ya comentó Benedicto XVI cuando conectó con la Estación Espacial Internacional: "Creo que les resulta evidente que todos vivimos juntos en una sola Tierra y que es absurdo luchar y matarnos unos a otros".
Los países poderosos y armados hasta los dientes se miran con recelo, también en el espacio. La Iglesia tiene un mensaje para ellos y para todos: "No debemos convertir el espacio en una jungla", es decir, un lugar donde los fuertes cazan a los débiles.
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La Iglesia pide "evitar muchos de los errores que hemos cometido en la Tierra. El espacio debe explorarse con responsabilidad, solidaridad y respeto al principio de subsidiariedad, para el bien de las generaciones presentes y futuras.
"Debemos evitar que se convierta en un escenario de competencia feroz y, peor aún, de conflicto. El primer paso práctico que la Santa Sede insta a dar es respetar el Tratado del Espacio Ultraterrestre, firmado por aproximadamente ciento veinte Estados, incluyendo a todas las principales naciones con capacidad espacial. Este tratado lleva en vigor casi sesenta años (desde 1967) y establece claramente que la exploración y el uso del espacio deben ser en beneficio e interés de todos los países", añade el diplomático.

Desde 1967 hay un Tratado del Estado Ultraterrestre, con actualizaciones, de numerosos países
Más aún, "la Santa Sede insta a que se fortalezca la legislación vigente, en lugar de abandonarla, para evitar que los países se queden atrás y para preservar el cuidado de la creación, por ejemplo, mediante proyectos conjuntos para la eliminación de desechos espaciales".
El arzobispo Ettore Balestrero recuerda además que "el derecho internacional vigente prohíbe colocar armas nucleares u otras armas de destrucción masiva en órbita, en cuerpos celestes o en el espacio. Este es el artículo 4 del Tratado de 1967".
Pero esa norma tiene agujeros: "No prohíbe explícitamente las armas convencionales ni, por ejemplo, los ciberataques, ni tampoco la interferencia de señales de radio, algo que, lamentablemente, ya ocurre. Es importante distinguir entre el uso del espacio para apoyar operaciones militares terrestres, por ejemplo, mediante el uso de satélites, lo cual ya es una realidad, y el despliegue físico de armas y su uso directo en el espacio".
Entre los peligros que preocupan a muchos países está la posibilidad de que algún estado lance "armas en órbita, lo que incrementa la inestabilidad internacional, debilita la confianza mutua y transforma el espacio, que según el Tratado es una 'provincia de la humanidad', en otro escenario de conflicto".
El arzobispo avisa: "Si un conflicto involucrara directamente el espacio, probablemente no perdonaría a nadie en la Tierra", es decir, las armas desde el espacio podrían amenazar a cualquiera en la Tierra y llevar a una red de destrucción mutua masiva.

Ettore Balestrero es el representante de la Santa Sede en Naciones Unidas en Ginebra, atiende temas internacionales
"Aquí en Ginebra, se afirma que una guerra en el espacio jamás podría ganarse ni debería librarse. Por ejemplo, no está claro cómo podría respetarse el principio de distinción, piedra angular del derecho internacional humanitario. Por lo tanto, muchas voces, incluida la de la Santa Sede, abogan por el fortalecimiento de las normas, la transparencia e incluso la cooperación multilateral, precisamente para preservar el uso pacífico del espacio", añade el diplomático.
Los países deberían cooperar en su exploración espacial. "La competencia sin cooperación conduce a la inestabilidad, enfrentamientos irracionales, violencia e incluso conflictos. La competencia, orientada hacia objetivos pacíficos y canalizada hacia formas de cooperación, estimula la investigación y, sin embargo, debe traducirse en bienes compartidos, estándares comunes e incluso alianzas internacionales", considera Balestrero. la cooperación, por ejemplo, "mejora la predicción meteorológica, la agricultura, la atención médica y el transporte, y llega a países y comunidades que de otro modo quedarían excluidos".

Christina Koch, Wiseman, Glover, Hansen, los astronautas de Artemis II, los seres humanos que más se habrán alejado de la Tierra
Ciencia, fe e iluminar conciencias
"La ciencia y la fe pueden ir de la mano y fortalecerse mutuamente, pues la ciencia busca la verdad científica y la fe la verdad sobrenatural, la verdad sobre Dios y de Dios, que ilumina el camino de la humanidad. La fe y la ciencia no se confunden ni se contradicen. La ciencia explica el cómo, la fe ilumina y guía el porqué último de la acción humana, y en el ámbito espacial esto significa utilizar la experiencia técnica y científica para el bien común, evitando que el progreso se convierta en dominación o destrucción", detalla sobre la relación entre ciencia y fe.
Por su parte, la diplomacia vaticana puede aportar mucho. "Debe iluminar conciencias y, por supuesto, dirigirse al mundo entero, incluyendo el mundo comercial e industrial. A nivel internacional, con la misión en Ginebra y otras en Nueva York y Viena, proponemos un marco ético centrado en la dignidad humana y colaboramos en el diálogo multilateral y la paz, haciendo un llamado a un sentido de responsabilidad compartida centrado en el espacio como bien común. Además, la Fundación Caritas in Veritate, en colaboración con la Misión en Ginebra, organiza eventos en Ginebra, Bruselas, Viena y Nueva York, y produce publicaciones y videos como los que hemos difundido recientemente".
Y recuerda que el Observatorio Vaticano fue establecido en su forma actual por el Papa León XIII en 1891. El documento que lo fundó ya decía que "la Iglesia no se opone a la ciencia verdadera y sólida, sino que, de hecho, la alienta y promueve con todo el compromiso posible".