El rey que buscas está dentro de ti

Cruz-cielo-nubes
Hace unos años en España, los cristianos morían por defender su fe con un grito: Viva Cristo Rey. Pero, años más tardes está expresión estuvo llena de connotaciones. Pero, cuando gritamos y proclamamos que Cristo es Rey, ¿por qué lo decimos?, ¿a qué nos referimos con ello? También cada cristiano, en el bautismo es un ungido con el Santo Crisma y se convierte en sacerdote, profeta y rey. ¿Qué sentido tiene que cada uno de nosotros seamos reyes en nuestra vida cotidiana?
Los reyes en la antigua alianza eran ungidos con aceite para poder ejercer su ministerio y ser reconocidos por el pueblo como tales. El aceite era el signo por el que esa persona se convertía en rey para poder regir a su pueblo. En la nueva alianza, Jesús se convierte en rey por la entrega en la cruz de su humanidad. Con el derramamiento de su sangre, se convierte en el rey que va a regir a su pueblo. En el antiguo testamento, los reyes eran ungidos para gobernar a su pueblo. Así, eran ungidos para poder ponerse al frente del pueblo, haciendo una alianza con ellos. Cristo es ungido en la cruz, por el derramamiento de su sangre, para ponerse como Cabeza de la humanidad, restableciendo la alianza que el hombre con Dios, había perdido por el pecado de Adán. Jesús nos viene a redimir del pecado, haciendo una alianza nueva, sellada por su entrega en la cruz, hasta la entrega total de toda su persona.
En este sentido, Jesús es rey por la entrega y la ofrenda de su vida, hasta el final. Por ello, su reino no sigue los patrones de los reyes de la antigua alianza porque su unción como rey, no se hace estableciendo una alianza con hombres de su propio pueblo, sino haciendo un pacto con cada uno, que le lleva a dar la vida. Con una existencia ofrecida, para que cada uno, libre del pecado, pueda volver de modo nuevo a Dios.
Por ello, en la cruz, cuando parece que todo está perdido, en medio del dolor y la angustia, un hombre pecador puede reconocer en él al rey que le da la vida (cf. Lc 23, 42). Así, en medio del sufrimiento, de la perdida de la existencia, y con el aparente fracaso de su vida, ese hombre puede ver en él al rey que va dar sentido a su existencia, desde un amor que le desborda. Su pecado va a ser redimido para poder volver a encontrarse con un Dios que le viene a dar una vida nueva. El pecador puede tener comunión con Dios, por la entrega del rey en la cruz.
De esta manera, cada uno de nosotros nos convertimos en reyes por la unción del Santo Crisma en el bautismo, para poder gobernar nuestra propia existencia, y acompañar la vida de otros por medio de la donación de nuestra persona. Nos convertimos en reyes, por pura gracia. Entregando nuestro dolor y sufrimiento, en medio de la angustia y de una vida aparentemente fracasada, podemos unidos a la ofrenda de Cristo, reinar en medio de nuestro mundo y nuestra sociedad, como reyes que ya no viven para sí mismos sino para los demás.
Pero, ¿dónde, nos encontramos en el hoy de cada día con este rey? La presencia de Jesús en medio de nosotros la podemos ver en la Iglesia, en los sacramentos, en cada hermano. Pero hay un lugar que quizás no llegamos a descubrir. El rey viene a morar dentro de nosotros. Ahí es donde le podemos ver. Ya no está fuera, sino que se encuentra dentro, para que puedas vivir de él, y no mirándote continuamente a ti mismo. Jesús, el Dios hecho hombre, se encuentra dentro de ti. Está siempre contigo, porque mora contigo. Allí, donde vayas, hagas lo que hagas, sabes que él se ha quedado y ha venido para estar dentro de ti. Si cierras por un instante tus ojos, le veras dentro. Ya no tendrás que buscar nada más para verlo, porque está en ti, y eso lo cambia todo. Tu vida, la podrás experimentar, ya no solo desde ti, y solo, sino con él que está dentro. Expresar esta experiencia con unas solas palabras humanas, se queda muy corto. Pero, si de verdad crees en aquel que da la vida por ti, le veras dentro de ti. Esto cambiara tu vida. Podrás llevar una existencia que solo vive para estar con Jesús. Haciendo lo que hagas en tu vida, te verás de un modo nuevo. Tu vida será una existencia que se derrama para todos. Estar dentro de ti, lo cambiara todo. Te invito a que puedas tener esta vivencia. Por muy grande que sea el mal en tu vida, por mucho que sientas el rechazo y la soledad en la que vives, por mucho que puedas depender de lo que te dice el otro, puedes saber que todo un Dios viene a estar dentro de ti, para que puedas vivir de su perdón, de su comunión, para tener una vida entregada. Él lo va a cambiar todo: tu pecado será redimido, tu soledad se volverá en compañía, y tu rechazo en acogida. Por ello, no temas porque el Hijo de Dios está dentro de ti.
Viva Cristo Rey, hoy y siempre. Amén.
Belén Sotos Rodríguez.