Religión en Libertad
Un pastorcico solo está penado ajeno de placer y de contento

Un pastorcico solo está penado ajeno de placer y de contento

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Muchos pastores se encontraría fray Juan de la Cruz a lo largo de su vida por los campos de Castilla, La Mancha y Andalucía. Esa vida rural que marca a fuego su existencia le ayuda a poner la mirada siempre en el cielo. Campos de cereal que una vez cosechados sirven de pasto a los rebaños. Los años pasan y todo cambia cuando una monja se cruza en su camino recién ordenado sacerdote. Es la Madre Teresa de Jesús que ha ido a fundar un convento en Medina del Campo. El joven sacerdote carmelita sueña con una vida más entregada a Dios y la monja fundadora además sueña con algo más que con abrir conventos de monjas, también busca frailes para sus monjas. Se lo propone al jovenzuelo que le coge el envite y le dice que o se da prisa o se busque otro. Todo está en los planes de Dios. Hay que dar tiempo y así sucede. Poco después nace el Carmelo Descalzo masculino con fray Juan de la Cruz a la cabeza en un lugar perdido entre Ávila y Salamanca donde lo que abunda son los rebaños.

Todo va bien, coge fuerza, los jóvenes entran y se fundan más conventos de frailes sin olvidar que la Madre Teresa no deja de fundar más monasterios para monjas carmelitas descalzas. Al ver con qué ímpetu crece la nueva vida religiosa promovida por fray Juan, algunos se revuelven y todo cambia de una manera muy desconcertante. Una noche, la del 2 de diciembre de 1577, siendo capellán y confesor del monasterio de La Encarnación de Ávila por instancias de la Madre Teresa, que le pide venir para llevar juntos la vida espiritual del monasterio, el fraile descalzo es apresado por los carmelitas de la Antigua Observancia. Pasa de la libertad plena y gozo desbordante dando vida a la obra de la Madre Teresa de Jesús a ser preso de los que antes han sido sus hermanos de hábito en Salamanca y Medina. Él ha optado por dejar esa familia religiosa y comenzar algo nuevo, el Carmelo Descalzo. Es el momento en que comienza la pasión de fray Juan de la Cruz.

El místico doctor sufre: su alma queda en pena, ajeno de placer y de contento, pone su corazón y su pensamiento en su pastora, en la Madre Teresa y en su obra y su pecho lastimado por el amor a esa obra que le une a Dios. Sabe que Dios no le deja, pero en una noche todo cambia, todo se hace oscuro, como la noche, cuando es llevado preso desde la casita donde vive con fray Germán que también es apresado. Silencio y silencio en el corazón de fray Juan. No sabe qué pasará ni que harán con él, pero lo que sí sabe es que Dios está con él; y la pastora que ha guiado sus pasos en los inicios del Carmelo Descalzo no se va a callar ni mucho menos. Ora por él para que la obra siga adelante. Los planes de Dios no se frenan, solo se retrasan por los motivos que sean. Eso lo sabe, por eso tiene el pecho del amor muy lastimado. Es lo que vive fray Juan en su primer momento de pasión, la separación de la pastora que ha dado tanta luz a su vida. Por eso, pasado el tiempo, escribe unos versos donde nos habla de un pastorcico, Cristo, que pone la mirada en su pastora, en la humanidad, en el alma que busca a Dios. Y ahora, en este tiempo de Pasión, bien podemos leer en primera persona al autor de estos versos que dan cuerpo al poema del Pastorico:

1. Un pastorcico solo está penado,

ajeno de placer y de contento,

y en su pastora puesto el pensamiento,

y el pecho del amor muy lastimado.

Hace frío, está en Toledo, encerrado en la cárcel conventual, lo tienen allí metido por rebelde, por hacer lo que quiere, por ayudar en la obra comenzada por la Madre Teresa… Esas motivaciones le dicen y otras muchas que escucha para hacerle sufrir durante los nueve largos y penosos meses de prisión toledana. A él le da igual verse así, es fruto del amor que vive por dentro, el amor a Dios que lo sustenta y lo va trasformador en un nuevo fraile, el que luego escribirá maravillas en verso y prosa, pero su corazón está herido. ¿Cómo no va a estar herido un corazón que sólo busca la unión con Dios? Llora, llora a solas en la soledad de la cárcel donde está metido. Llora por pensar que está olvidado. ¿Cuántos frailes saben que está preso? ¿Quién busca su bien? ¿Cuándo lo van a liberar? Todo eso pasa por el corazón de un fraile preso que sueña con la vida plena en Dios, con su Amado con quien se encuentra en lo más profundo de su interior y le lleva por montañas, valles solitarios nemorosos, ínsulas extrañas, silbo de aires amorosos y todo aquello que alienta y alumbra su herido corazón. Todo gracias a pasar por un momento clave en su vida: preso y olvidado por los hombres, pero no por Dios. Por eso, unido a Cristo, también preso en la cárcel la noche de Jueves Santo, susurra en su carcelilla toledana…:

2. No llora por haberle amor llagado,

que no le pena verse así afligido,

aunque en el corazón está herido;

mas llora por pensar que está olvidado.

Lo que no sabe fray Juan o quizá sí es que la Madre Teresa lo busca por todos lugares y escribe incluso al mismo rey, a Felipe II, para ver libre cuanto antes al fraile apresado. Reza, pregunta, escribe y sufre mucho la santa abulense en esos meses, pero todo está en manos de Dios. Los dos lo saben. Cada uno, desde su lugar, se une al otro en oración. Forma parte de la obra que han comenzado juntos. Al final llega la luz, la libertad, la vida nueva al escaparse de la cárcel. Deja La Mancha y como si se tratara de un parto, nace a una vida nueva en Andalucía. Las monjas de Beas tienen el privilegio de contar con su presencia y su figura en esos momentos en que el nuevo fray Juan de la Cruz da sus primeros pasos por Andalucía y comienza a escribir lo que ardía en su corazón siendo preso en Toledo. Todavía le quedarán en la espalda marcas de la disciplina que le daban sus carceleros. Todo queda ofrecido y atrás en el tiempo. Ahora todo es muy distinto, pero la lucha no termina, continúa la persecución según discurren los acontecimientos y se afianza en la defensa de la herencia teresiana. Ya no está en la cárcel. Siguen sin querer que dé pasos. Le da igual, se deja maltratar en tierra ajena, su Castilla natal está muy lejos, ahora su tierra ajena, Andalucía, es el lugar escogido para que aquello para lo que ha nacido y ha sido escogido se haga realidad: un carmelo nuevo en la España del s. XVI. La gestación de Toledo da paso al parto en Andalucía. Todo está preparado desde la divina providencia. Todo está en la mente de Dios; lo mismo que Cristo que por amor a la humanidad y por llevar a todas las almas al cielo, se deja maltratar en tierra ajena haciéndose hombre, tomando la condición humana, pero sin dejar de ser Dios. Es algo que fray Juan sabe, que vive y entiende mucho mejor ahora en su nueva tierra que le hace crecer cada vez más en el amor a Dios. Por eso sigue escribiendo unido a ese pastoricco que tanto sufre…:

3. Que sólo de pensar que está olvidado

de su bella pastora, con gran pena

se deja maltratar en tierra ajena,

el pecho del amor muy lastimado.

La pasión de fray Juan se intensifica por momentos porque cada vez está más unido a Cristo y al carisma que ha recibido: debe mantener tal cual la obra de la santa abulense tanto para las monjas como para los frailes. No se calla nada. Lo tiene muy claro, no se puede alterar lo que Dios ha puesto en el corazón de su pastora una vez que éste ha dejado de latir, pero al que sigue unido en oración. El gobierno de la orden religiosa entra en conflicto, hay mucha tensión, todo se enreda y muchos quieren que fray Juan deje de gobernar; es mejor arrinconarlo y no verlo más. Y si se va fuera mucho mejor. Todo va poco a poco hasta que llega un nuevo destino que habla por sí solo: México. Sí, allí al otro lado del océano, lo más lejos posible para que no se entrometa en el devenir del Carmelo Descalzo y las monjas se queden sin defensor a ultranza. Y no sólo él, también a otro hijo de la Madre Teresa, Jerónimo Gracián, se lo quitan de la vista. Con Gracián son más directos, lo expulsan de la orden. A fray Juan lo envían como misionero a México. Una manera más encubierta de hacerlo desaparecer de escena. No quieren gozar de la presencia de aquel que ha escuchado, acogido y transmitido todo lo que la fundadora tenía en el corazón para dar vida al Carmelo Descalzo en sus primeros pasos. Lo saben bien, pero fray Juan no se arredra, sigue poniendo su alma en Dios, como siempre, y se une al pastorcico que se siente rechazado por la humanidad a la que ha venido a mostrar lo más grande, el amor del Padre y el camino hacia la eternidad…:

4. Y dice el pastorcito: ¡Ay, desdichado

de aquel que de mi amor ha hecho ausencia

y no quiere gozar la mi presencia,

y el pecho por su amor muy lastimado!

Fray Juan se prepara, el destino queda lejos, pero Dios no le deja solo, lo une de una manera insospechada a Él. Tiene que culminar su obra. Así se comprueba que los hombres pueden pensar y tramar proyectos, pero quien gobierna todo es Dios, el que busca lo mejor para la humanidad. La enfermedad entra de lleno en el cuerpo de fray Juan, la pasión que lleva años viviendo ahora toma un nuevo cariz, el dolor físico que empieza a adueñarse de su cuerpo. Sus piernas comienzan a llagarse. Unas calenturillas dice él cuando habla en sus cartas de estas cuestiones personales. Sigue callando el dolor de la persecución mientras sufre las primeras heridas del cuerpo. ¿Y qué es esto sino la unión plena con Cristo? ¿No ha escogido por apellido religioso “de la Cruz”? Pues fray Juan, toma una vez más la cruz y sigue caminando. Y nunca mejor dicho, camina por Andalucía pensando ir a América, pero ese pastorcico que tanto quiere le dice que no, que tiene que descansar antes de emprender ese largo viaje. Llega al convento de Úbeda y allí comienza el final. La pasión de sufrimiento por los ataques de los frailes y por el dolor físico se agudiza, crece día a día… Vuelve el invierno y la noche lo cubre todo. El dolor es cada vez más atroz, durante las curas, le tienen que cortar pedazos de carne… Todo lo ofrece como Cristo en la flagelación y cuando llega al Calvario y se deja clavar en la cruz. Fray Juan, una vez más, y ahora ya es la última, se une al pastorcico y deja su vida en Dios. Sube a lo alto de la cruz de dolor físico y sufrimiento moral y desde lo alto de esa cruz que ha llevado tantos años lo contempla todo de otra manera: lo ve con esos ojos de esperanza de cielo que tanto alcanza cuanto espera. Así es cómo escribe los últimos versos del poema del pastorcico…:

5. Y a cabo de un gran rato se ha encumbrado

sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,

y muerto se ha quedado asido dellos,

el pecho del amor muy lastimado.

¡Lo tenemos todo!

¡San Juan de la Cruz nos abre el camino!

¡Entremos en la pasión de un pastorcico!

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