Religión en Libertad

«La novedad radica en que Dios no se repite nunca»

Ángel Camino habla de su vocación, de León XIV y de la visita del Papa a España

El P. Ángel Camino, agustino y vicario episcopal de Madrid, junto al autor de esta entrevista durante una comida-coloquio fraterna en Madrid.

El P. Ángel Camino, agustino y vicario episcopal de Madrid, junto al autor de esta entrevista durante una comida-coloquio fraterna en Madrid.

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Para el P. Ángel Camino Lamelas, OSA, agustino y vicario episcopal de Madrid, la vida sacerdotal es una historia en la que Dios no deja de sorprender y de abrir caminos nuevos. Con la perspectiva que le dan cincuenta años de ministerio, la amistad con León XIV y la preparación de la próxima visita pontificia a España se convierten para él en ocasión de releer su vocación, la misión y la comunión eclesial. En este diálogo, Camino habla con franqueza del peso espiritual de ser agustino cuando el Papa también lo es, de la escucha y la paz como claves del pontificado, y adelanta los grandes trazos de la agenda de León XIV en Madrid.

-- Página oficial del Comité preparatorio de la visita de León XIV --

-Padre Ángel, con todo lo que está viviendo —su amistad con León XIV, su misión de vicario, sus bodas de oro—, ¿en qué nota usted que el Señor le está pidiendo algo nuevo en esta etapa de su vida sacerdotal?

-La novedad radica en que Dios no se repite nunca. Y, por tanto, la novedad es permanente. Esa novedad se va vislumbrando a través de distintas luces. No es que uno sea una persona extraordinaria y que, por sus cualidades, vaya creciendo.

Cuando pienso en mi vocación, pienso en los compañeros que tuve antes de entrar en el seminario y en los que tuve durante el seminario. Tanto en unos como en otros, tengo compañeros brillantes en Santander: grandes médicos, arquitectos, ingenieros… buenísimos. ¿Dios no los llamó? He tenido compañeros en el seminario que han defendido tesis, gente realmente muy capaz.

Y voy a decir una expresión que alguien podría interpretar como falsa humildad: “Mira qué humilde es este Ángel”. Y yo respondo: Déjate de historias. Intento decir las cosas como las siento. Yo soy mediocre. Bueno, pues se ve que Dios quiere lo mediocre. Allá Él.

Con esa mediocridad, Dios se ha ido sirviendo de luces que me han elevado. No cabe duda de que los 50 años de sacerdocio, para mí, han sido un revulsivo enorme. ¿Para qué? Para comprometerme con el primer amor.

He sido gran amigo del papa Roberto Prevost. Nos hemos escrito muchísimo. No hemos convivido nunca juntos, pero hemos cultivado la amistad. Que un amigo hoy sea el Papa no me deja indiferente.

Antes decía, de corrido: “Ángel Camino, natural de Santander, agustino”. Ahora no. Ahora digo: “Ángel Camino, de Santander”… y me paro. Y añado: “Y también agustino. Como el Papa”.

La responsabilidad que tiene la Orden, y que tengo yo, es enorme. No podemos dejar al Papa en un nivel inferior. La responsabilidad que tenemos es muy grande: mucha gente se fija en nosotros. Cuando digo “agustino”, yo tendría que reflejar las cualidades agustinianas, que son las que tiene el Papa.

Por tanto, todo esto ha repercutido en mí muchísimo. Y, para terminar esta parte, diré que me ha dado un impulso misionero mucho mayor. No me lleva a mirarme a mí —“mira qué bueno soy, mira cuántas cualidades tengo” —, sino que está en vistas de la evangelización y de que muchos crean.

-Después de ver más de cerca estos meses de pontificado y de la audiencia con los médicos, ¿qué gesto o rasgo de León XIV le ha ayudado más a vivir el Evangelio desde la amistad y el servicio?

-Hay una cualidad que a algunos les puede sonar muy manida, y podrían decir: “A mí eso no me dice mucho”. Yo lo respeto. Pero, como tú me preguntas, te respondo desde lo que yo vivo.

Me he quedado impresionado de los 18 minutos que estuve con el Papa. Yo intenté que él pudiese hablar al máximo; incluso, el día anterior, le escribí toda una serie de cosas. No lo conseguí. El Papa me dejó hablar, hablar, hablar… y él se dedicó a escuchar, escuchar, escuchar.

Me escuchó a fondo, me miraba, y en un momento me dijo: “Ángel, tú trabajas más que nadie”. Después de eso —porque se ve que estaba enterado— me pregunta: “¿Cuánta gente tienes en tu vicaría?”. Le dije: “Tengo 700.000”. Y me respondió: “Eso son tres diócesis”. Siempre pensando en los demás.

Por tanto, el rasgo característico que veo en él, y que yo debo aplicar en mi vida espiritual y en mi trato con la gente, es la escucha.

Además, en todos los discursos saca siempre a san Agustín. Eso muestra cómo sigue reflexionando sobre san Agustín, cómo vive a san Agustín, cómo piensa también en la Orden.

Y luego está el gran mensaje que nos está dando con la paz. Cuando salió al balcón, antes de decir nada, lo primero que dijo fue: “La paz sea con vosotros”. Está viviendo todo su pontificado con esa cruz: la cruz de la paz en medio de la cruz de la guerra.

A mí, aparte de todos sus discursos, lo que más me está afectando es esta capacidad de escucha, de donación, de servicio y de apostar decididamente por la paz.

El Papa León XIV, el P. Ángel Camino y el Dr. José Luis Zamorano, cardiólogo, con la camiseta dedicada por Rafael Nadal al Santo Padre.

El Papa León XIV, el P. Ángel Camino y el Dr. José Luis Zamorano, cardiólogo, con la camiseta dedicada por Rafael Nadal al Santo Padre.

«Hemos vuelto muy distintos»: el eco del Papa en un servicio de cardiología

El 11 de febrero, Jornada Mundial del Enfermo y fiesta de la Virgen de Lourdes, setenta miembros del Servicio de Cardiología del hospital Ramón y Cajal de Madrid —entre ellos la paciente Mila— se encontraron con León XIV en el Aula Pablo VI. La iniciativa surgió, según explica su jefe de servicio, el Dr. José Luis Zamorano, “casi por casualidad”, a partir de algunos sacerdotes agustinos a los que había atendido y que le pusieron en contacto con el P. Ángel Camino. De la gratitud hacia esos curas salvados nació el deseo de poder saludar al Papa con el equipo, y el carisma incansable del vicario agustino hizo posible lo que al principio parecía imposible.  

La iniciativa nació del agradecimiento del P. Ángel Camino al Dr. José Luis Zamorano, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Ramón y Cajal, por haber atendido a varios sacerdotes —entre ellos un agustino al que «le ha devuelto la vida»—; cuando el vicario le preguntó qué podía hacer por él, Zamorano le lanzó un reto: «Que nos pueda recibir el Papa», y de ahí surgió la audiencia con León XIV.

Lo que más impresionó al doctor fue la “capacidad de escucha profunda” del Papa: cómo se detenía ante cada persona, pensaba lo que le decía, respondía con calma y no transmitía en absoluto sensación de prisa. Él iba presentando en voz baja, uno a uno, a los miembros del grupo, y León XIV miraba, sonreía, preguntaba y bendecía. “Hemos ido de una manera, pero volvemos de otra”, resumieron varios al salir.

Entre los presentes estaba Mila, enferma de corazón y con un cáncer añadido, que vive su enfermedad como una sucesión de “batallas” en las que pide no perder la fe. Pensaba que iba “a ver al Papa”, pero cuenta que en realidad “estuve con el Papa”: el Santo Padre le tomó la mano con las dos suyas, la escuchó cuando le dijo “los médicos nos cuidan y nos curan, Dios nos quiere; yo rezo por usted, usted rece por mí, Santo Padre”, y solo con su rostro le transmitía un “tranquila” que no olvidará.

Como médico, Zamorano subraya que “la medicina cura, y no siempre; la fe cambia cómo afrontas la enfermedad”. Y recuerda una de sus convicciones más firmes: puede haber enfermos incurables, pero no incuidables. La frase “yo te cuido”, que él repite muchas veces a Mila, se ha convertido para ella en un apoyo cotidiano que le hace experimentar la ternura de Dios a través del cuidado humano.


El detalle de la camiseta firmada por Rafa Nadal —entregada al Papa por el Dr. Zamorano, con toda discreción y sin buscar protagonismo— humanizó aún más la escena. Al recibirla, León XIV sonrió, la estiró, la miró con ilusión y comentó, en tono cercano, que algún día a ver si podían jugar un partido, antes de decir unas palabras sobre el deporte y el cuidado del cuerpo. Para el doctor y su equipo fue recordar que el Papa es muy humano: se alegra con un regalo sencillo, como cualquier aficionado al tenis.

A pesar de la intensidad del viaje y de la emoción de la audiencia, al día siguiente todos estaban de nuevo en el hospital a las ocho de la mañana, atendiendo a los enfermos con la misma ilusión, pero con la conciencia renovada de que su trabajo es servicio a personas concretas, nunca solo a patologías.


Al terminar, cuando ya se despedían, León XIV rompió el protocolo habitual de estas audiencias y abrazó largamente al P. Ángel Camino, a quien conoce desde hace décadas como amigo y hermano agustino. Ese gesto sencillo, vivido ante el grupo de médicos y de Mila, fue para muchos el mejor resumen de la hondura de su amistad y de la forma en que el Papa entiende su ministerio: cercanía que escucha, consuela y acompaña.
-Pensando en la visita del Papa a España en junio, si tuviera que pedir que renaciera una sola cosa en nuestra Iglesia —la comunión, la oración, la misión…—, ¿qué desearía especialmente?

-El Papa —y lo sé de buena tinta—, si viene a España, es porque quiere reconocer algo muy concreto: Dar las gracias por la santidad, por los santos y santas que España ha dado a la Iglesia.

Por tanto, lo primero sería recuperar el compromiso con la vida espiritual, con la vida concreta de fe, sabiendo que el Evangelio es la esencia de nuestra vida.

Después vendrán todas las obras sociales, pero esas obras tienen que tener raíces; si no, nos comportaríamos como una ONG. ¿En qué se diferencia todo el servicio de Cáritas? Las ONG son extraordinarias —mi sobrino trabaja en una ONG, es una finísima persona—, pero las raíces de Cáritas están en Cristo.

Diría que, de todas las palabras que el Papa ha dicho, la primera es la santidad. Y, después, destacaría esta apuesta que él está haciendo por la comunión.

-Si volviera a empezar, sabiendo lo que sabe hoy, ¿qué le diría al joven Ángel Camino que se plantea ser sacerdote agustino?

-Le diría que se acostumbre a escuchar la Voz. Hoy, en nuestra sociedad, hay muchísimas voces y apenas hay tiempo para escuchar. Hay tantas historias, tantas músicas, que a veces uno está abrumado.

Yo le diría: Párate, como san Agustín; párate, que en tu interior existe la verdad. Escucha la Voz.

Dios te quiere inmensamente. Dios tiene un proyecto para cada uno, también para el joven.

Le diría: “¿Sabes que Dios te quiere inmensamente feliz y que tiene un proyecto para ti? Yo te lo digo: tiene un proyecto para ti. Párate, escucha esa voz y síguela”.

No soy de los que dicen: “Oye, ¿te has planteado la vocación religiosa o sacerdotal?”. No. Oye, tú escucha: es cuestión tuya.

Ni se me ocurre, para ensalzar la vocación religiosa, decir: “La vocación religiosa es de primera categoría y la vocación matrimonial es de segunda. Anímate”. Si dijera eso, estaría hablando mal de mis padres, estaría diciendo que mis padres son de segunda categoría. Y con mis padres, nadie.

Entonces, al joven yo le diría: escucha esa Voz para descubrir lo que Dios te quiere decir.

-Usted conoce de primera mano la preparación de la visita de León XIV a España. ¿Puede adelantarnos algo del itinerario en Madrid?

-Sí, de Madrid algo se puede decir ya, siempre con la cautela de que, hasta que Roma no lo publique oficialmente, puede haber ajustes.

El Papa llega el sábado 6 de junio por la mañana. En el aeropuerto lo reciben el Rey, el presidente del Gobierno, la presidenta de la Comunidad, el arzobispo de Madrid y algunas autoridades más. El Papa se retira a la Nunciatura Apostólica y, desde allí, va a la Presidencia del Gobierno. Después, el Rey le ofrece una comida.

El sábado por la tarde, a las 16 h., desea ver una realidad social de Madrid coordinada por Cáritas. Acudirá a CEDIA, un lugar donde se acoge a muchas personas vulnerables y en situación crítica. También se invitará a representantes de otras realidades extendidas por todo Madrid a las que el Papa no puede ir, pero cuyos responsables podrán presentarle lo que representan.

Ya avanzada la tarde, en torno a las 18 h. Será la vigilia con los jóvenes en Plaza de Castilla y todo el eje de la Castellana quedará para que los jóvenes se sienten, hablen y participen.

El domingo 7 por la mañana será la misa en Cibeles. Concluida la misa, el Papa se retira. Y a las 16 h. —esto es una noticia inédita, porque todavía tiene que confirmarlo Roma—, en la Nunciatura el Papa recibirá a los agustinos: habrá capacidad para unos 300 de toda España.

A media tarde irá al Madrid Arena, donde se encontrará con el mundo de la cultura, que es amplísimo. Se han previsto cuatro grandes áreas que le expondrán distintas realidades, y luego él dará un discurso general.

El lunes 8 por la mañana el Papa quiere tener un encuentro con el mundo de la política. Se reunirá con el Congreso y el Senado y dará un discurso a todos los políticos de España. Creo que eso va a venir muy bien: será un discurso valiente, bien trabajado.

Después de ese encuentro, recibe a todos los obispos de España en la nunciatura, y luego ofrece una comida a todos ellos.

El lunes por la tarde es la jornada diocesana de Madrid, el día dedicado a Madrid. Este acto se hará en el Santiago Bernabéu. Allí el Papa recibirá a todos los sacerdotes de Madrid, religiosos, religiosas, movimientos y parroquias. En principio, irían los consejos pastorales de cada parroquia, como representación.

El martes por la mañana se acerca a la Catedral de la Almudena. Allí se ofrece a la Virgen la famosa rosa —como la que tiene, por ejemplo, la Virgen de Montserrat, en Cataluña—. En ese acto el Papa bendecirá las primeras piedras de nueve parroquias que se van a construir en Madrid.

Después vuelve a la nunciatura y allí recibe a los grandes donantes, porque este viaje es muy caro y lo paga íntegramente la Iglesia. La Iglesia de Madrid no ha querido, ni va a tener, subvenciones públicas. Son grandes donantes los que están sosteniendo esto, y el Papa quiere darles las gracias.

A continuación, recibirá a los casi 7.000 voluntarios que habrá durante la visita: los saluda, les agradece, les despide… y en torno a las tres y media de la tarde sale para Barcelona.

Eso será Madrid; luego vendrán Barcelona y Canarias.

Por lo tanto: cuatro días en Madrid, día y medio en Cataluña y dos días en Canarias. De Barcelona y Canarias sé menos detalles; lo que más conozco es lo de Madrid, claro, porque estoy aquí. Algunas cosas ya se han ido sabiendo, pero muchas otras se harán públicas cuando Roma lo anuncie oficialmente.

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