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Belleza, Bien y Verdad, en Unidad, nos hablan de Dios

San Agustín. Comentario al Salmo 85, 24

San Agustín. Comentario al Salmo 85, 24

San Agustín. Comentario al Salmo 85, 24N.M.N.

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Teme por tu amor si aún sospechas que hay algo más bello que Aquel por el cual todo es hermoso, que te cautive el corazón y, por tanto, no merezcas pensar en el de Dios (San Agustín. Comentario al Salmo 85, 24)

San Agustín nos advierte sobre el peligro de poner nuestro amor en cosas creadas, en lugar de ponerlo en el Creador mismo. Si encontramos algo más bello que Dios, algo que cautiva nuestro corazón por encima de Él, entonces nuestro amor está en peligro. Corre peligro porque nos estamos alejando de la fuente de toda belleza, verdad y bondad. Además si nuestra amor está en lo mundano, la Unidad desaparece. ¿Por qué desaparece? Porque lo mundano está lleno de contradicciones, ideologías enfrentadas y discordias.

Deberíamos pensar si realmente creemos que Dios es la fuente de toda belleza, Verdad y bondad. Quizás, secretamente, anhelamos algo más. Algo que consideramos más atractivo o satisfactorio. La palabras claves aquí son "sospecha" y "duda". Muchas veces no se trata de un reconocimiento explícito, sino de una sutil duda, una insinuación de que algo más podría llenar nuestro vacío interior. Si albergamos esta sospecha, nuestro amor por Dios está en riesgo.

Si algo creado nos "cautiva el ser", es decir, nos atrae con una fuerza irresistible, entonces nuestro pensamiento y nuestra energía se dirigirán hacia esa cosa, alejándonos de Dios. La frase "no merezcas pensar en el de Dios" es especialmente fuerte. No significa que Dios nos niegue su amor, sino que nosotros mismos nos volvemos incapaces de comprenderlo y apreciarlo, porque nuestro corazón está ocupado con otras cosas. Nos volvemos incapaces de recibir el amor de Dios.

Esta frase nos recuerda la importancia de establecer una jerarquía en nuestros amores. Dios debe ser el primer amor, el amor que da sentido y dirección a todos los demás amores. Si colocamos algo más por encima de Dios, entonces ese pseudo-amor se vuelve destructivo. En el mundo actual, existen muchos "ídolos" que pueden cautivar nuestro ser: el dinero, el poder, la fama, la belleza física, el éxito profesional, la fama, etc. San Agustín nos advierte sobre el peligro de idolatrar estas cosas, de poner nuestra esperanza y felicidad en ellas. 

Preguntémonos con sinceridad ¿Por qué amamos lo que realmente amamos? ¿Buscamos la gloria de Dios en nuestras acciones, o buscamos simplemente nuestra propia satisfacción? No se trata de negar la belleza del mundo, porque es reflejo de Dios. Tampoco se trata de renunciar a los bienes legítimos, sino de mantener un sano desapego del mundo. Debemos disfrutar de las cosas buenas de la vida, pero sin permitir que nos dominen o nos alejen de Dios.

Esta frase también nos impulsa a buscar un encuentro personal con Dios. Un encuentro que nos permita experimentar su amor, Verdad y su belleza de manera directa. Cuanto más conozcamos a Dios, más fácil nos resultará amarlo por encima de todas las cosas. También, seremos capaces de amar con verdadera caridad, al prójimo.

Si tratamos la evangelización digital, es interesante ser consciente de que el mundo digital ha sido creado por el ser humano. En el mundo digital, las tentaciones son omnipresentes. La frase nos invita a ser evangelizadores conscientes que discernamos entre lo que edifica y lo que destruye. Debemos utilizar las redes sociales para glorificar a Dios y no para alimentar nuestro ego o buscar la aprobación de los demás. Si la evangelización digital se convierte en una promoción constante de nuestra persona, la semilla que Dios plantó en nosotros se secará sin remedio.

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