«Los Pecadores» ganó 4 Oscar; aunque merecidos, explico por qué no me gustó
Reseñamos «Los Pecadores», con mucho blues y muchos vampiros: ambas cosas fascinan, pero aquí no sirven al bien.
La música de 'Los pecadores' es excelente, merece el Oscar que ganó.
Los Pecadores es una película más que peculiar y meritoria, que mezcla costumbrismo social en el Misisipi de los años 30 con gore, vampiros y una impresionante banda sonora de blues. Ha ganado 4 Oscar de los 16 a los que aspiraba. Nunca una película tuvo tantas nominaciones, y por eso nunca "perdió" en tantas. Pero los 4 Oscar que ha conseguido están bien merecidos. También tiene mérito aspirar a las estatuillas doradas con una película que mezcla géneros, pero dando primacía al terror. El terror puede ganar el Oscar, nos han demostrado.
Su música magnífica, evocadora, hermosa, a veces triste, a veces triunfante, que no se construye solo con blues de raíces africanas sino con bailes irlandeses y folk, merecía efectivamente el Oscar a la Mejor Banda Sonora que obtuvo.
Luego tenemos a Michael B. Jordan interpretando a dos personajes a la vez, dos hermanos gemelos, cada uno con su propia personalidad. ¡Yo ni me di cuenta de que eran el mismo actor hasta que me lo dijeron! Así obtiene su Oscar a Mejor Actor Protagonista. El Oscar a la Mejor Dirección de Fotografía es justificado también, como se ve en el videoclip que colocamos a continuación, un alarde de travelings, cámaras que hacen cosas asombrosas y juegos entre las escenas diurnas y las nocturnas, cada una con sus matices.
- Estos cinco minutos de blues que enlazan el pasado, el futuro y las distintas culturas probablemente han dado 2 Oscar a Los Pecadores... de Fotografía y de Banda Sonora. Desde ese momento, la película cambia de género...
Como Abierto al Amanecer, pero con pretensiones
Menos convincente es el Oscar a Mejor Guion Original, para su guionista y director Ryan Coogler. Me asombra no haber encontrado a nadie aún comparando Los Pecadores con Abierto hasta el Amanecer (de 1996, ¡hace ya 30 años!, de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino). Tratan de lo mismo: tras media película realista-costumbrista, en un bar de etnia minoritaria, hay mucha música, chicas que se contonean con poca ropa (no hay una Salma Hayek en Los Pecadores) y luego estalla el caos con montones de vampiros y algo de gore.
Pero la película de 1996 era un entretenimiento gamberro con un giro sorpresa y Los Pecadores tiene pretensiones culturales, reivindicativas, de raíces... Algunos dirán que la masa blanca, con su mente colmena, que intenta absorber y capturar a los alegres negros que se sentían libre y vivos bailando en su establo-bar, es un símbolo de los blancos imponiendo su cultura a los negros. Pero esos blancos también son de una etnia concreta, son irlandeses, bailan ceilidh maravillosamente aprovechando su mente colmena... y eso no parece una crítica, sino un cumplido, un reconocimiento que hace el filme. Unos y otros despliegan belleza en el baile y la música.
Dicho todo esto, yo no recomendaría a mis hijos adultos jóvenes ver la película. Les diría que se vean el videoclip en que se abren los fronteras entre los mundos y entran músicos de distintas eras, y luego la llegada de los vampiros y las peleas, porque les gustan las escenas de acción. Y ya.
Porque ambas cosas, vampiros y música, deberían acercarnos a Dios, y aquí ambas se usan para distraernos, para alejarnos de Él. No es serio.
Los cristianos, Cristo, la Iglesia, parecen no tener nada que aportar en Los Pecadores, ni en la denuncia social ni en la vida sobrenatural
Vampiros amorales, sin reflexionar sobre la vida perdurable
Si hay un lazo sobrenatural a través de la belleza entre los músicos de distintas eras, sugiere la mejor escena musical, sólo puede ser posible con un Dios que valore la belleza y la ligue al bien y a la bondad, y que aporte una vida perdurable. La belleza de la música es un eco de una Belleza más grande que está más allá de este mundo.
Pero los vampiros son símbolos de la falsa vida perdurable, requieren evitar el sol (como se ve en la película) y perder libertad (con su mente colmena) y ansia de sed de sangre (la película no la define del todo, pero los muestra violentos y amorales). Al final, un vampiro ofrece al joven músico, ya envejecido, la posibilidad del vampirismo, pero él se aferra a su música, no por fe, sino por adicción. Resuena un poco absurdo. Es "blues" porque sí, "triste porque suena bien"...
Personajes
Joven, monja y escritora de vampiros: sor Allison busca evangelizar con esperanza en medio del miedo
Religión en Libertad
Nuestro joven músico genial es hijo de un pastor evangélico, sin interés alguno en la fe. Podría usar su música para Dios (incluso sin dejar el blues). Podría, tras ver que existen los vampiros, decidir que es necesaria la comunidad, Dios, el bien, para enfrentarse a ello. No hace nada de eso, se aferra a su blues, yo y mi guitarra y algo de alcohol. Es todo lo contrario de Taliesin en el Ciclo de Pendragon: Taliesin es un bardo que usa sus dones para dejarnos vislumbrar a Dios; aquí, por el contrario, el don del bardo y su música es usada para distraernos de Él.
Los Pecadores nos muestra cómo se rasga el velo con los ancestros y la belleza, pero no lo remite a Dios ni a una verdadera vida perdurable.
La película es, en general, bastante amoral. Los cristianos en su capilla parecen tontos e irrelevantes. Los criminales que están intentando poner en marcha su negocio se van a enriquecer logrando que los pobres se alcoholicen y distraigan con música.
Hay varias escenas de sexo, "aquí-te-pillo-aquí-te-mato", todas para mayores de 18 años, sin que el amor parezca pintar gran cosa en ellas. Para los enemigos (humanos, del Ku Klux Klan) no hay perdón ni acuerdo posible, solo matanza. Dios no sirve para nada. Los rituales afroamericanos de brujería y protección parece que tampoco sirven para casi nada. Y todo el rato dicen palabrotas y groserías.
Lástima, porque la música y la batalla de vampiros tiene su gracia. Se quedará en curiosidad. Por eso no me gustó, es un mundo de ficción desaprovechado, sin profundidad.
Los vampiros, siempre sedientos, existen para enseñarnos que no basta con ir tirando, aunque sea con música bonita, que necesitamos vida en abundancia, un agua que quite la sed para siempre.