Alberto Ravagnani y otros curas que lo dejan: ni es por Internet ni es por ser influencer
El cura influencer Alberto Ravagnani se hace un selfie en una hermosa sacristía
El sacerdote italiano Alberto Ravagnani, bastante popular en las redes sociales, ha anunciado que deja el sacerdocio, y que ya tiene escrito todo un libro para explicar por qué, titulado La Scelta (“La elección”).
Yo no he leído el libro, así que no conozco su argumentación.
Buscando por Internet, veo que desde 2019 él hizo un esfuerzo especial por llegar a los jóvenes alejados. Al principio, ni siquiera usaba Internet para ello.
"Cuando en 2019 empecé mi misión como sacerdote en Busto Arizio, no encontré a casi ningún joven. Estaban todos en un parque fumando porros. Comprendí que para que volviesen tenía que ir en medio de ellos, asumiendo todos los riesgos. Es lo que estoy haciendo. Quiero preocuparme por los más 'pequeños', que no tienen a casi nadie, y utilizo mis talentos", explicó, pero ya en septiembre de 2025, cuando ya era famoso en redes (270.000 followers en Instagram y otras redes; algunos de sus posts tenían 8.000 likes o 450.000 visualizaciones).
Creó un movimiento de pastoral con jóvenes con reuniones presenciales, con oración y encuentros de adoración, que al parecer quedan desanimados pero que perseverarán en la oración.
Parece que Ravagnani era simpático, lanzado y cercano. Su fiesta de Nochevieja de 2023 para 300 jóvenes incluía muchas risas, abrazos, amistad y diversión, pero sin alcohol ni ligues. "Y para terminar rezamos completas todos juntos. Y se acabó", detallaba. Parece que era desenfadado pero ortodoxo.
Algo cambió, al parecer a lo largo de 2025. En sus redes y publicaciones empezó a centrarse más y más en él mismo, y menos en Cristo y la fe.
Raffaele Buscemi, profesor de Comunicación Digital de la Santa Croce en Roma, escribe en Zenit: "En sus videos de los últimos meses había pasado del contenido espiritual (antes hablaba de pecado, confesión, amor de Dios, etc.) a la narración de sí mismo (por qué el Jubileo de los jóvenes en realidad es un fracaso, mi infancia, mi gimnasio, mis fotos de “gymbro”, las apariciones en podcasts donde habla de su vida sin referencias a su fe, los suplementos [de gimnasia], etc.). Había también muchos videos “vagos” donde se hablaba genéricamente de “elección”, el año de la elección, el año del cambio, etc., como si fueran teasers crípticos".
Buscemi considera que el cura ya debía pensar en irse y se estaba reposicionando, atrayendo al público hacia su figura, preparando entrevistas, vídeos-testimonio largos y cortos y escribiendo un libro. En esta recta final decía que como cura se sentía constreñido, limitado, y ha dejado caer que seguirá "haciendo el bien", parece que desde las redes, el deporte, los vídeos, pero ya no desde el sacerdocio.
No juzgar por la apariencia es un mandato de Jesús
Jesús dice en Juan 7,24: "no juzguéis según las apariencias, juzgad con juicio justo".
Cualquier comentario del tipo "fíjate qué peinado, fíjate qué aspecto, fíjate qué guapo es ese obispo, fíjate la pose" es, exactamente, lo que Jesús prohíbe: es juzgar por las apariencias.
Para juzgar con juicio justo, se necesita recoger muchos datos. Como mínimo, escuchar al que deja el sacerdocio. También escuchar a los que le conocieron. Estaría bien recoger estadísticas al respecto, preguntar a los ex-curas por qué lo dejaron, tomar nota sin necesariamente canonizar lo que diga.
Como en Puñales en la Espalda 3: ¿apuntar a Jesús o apuntar a uno mismo?
El gran problema de un sacerdote, pero también de una religiosa, o un evangelizador laico, es que, en vez de conducir las personas hacia Jesús, las atraiga hacia sí mismo. Es lo que hace el perverso monseñor Wicks en Puñales en la Espalda 3. Y no hacen falta redes sociales para eso.
Un religioso de la enseñanza al que admiran sus alumnos por su trato cercano y amistoso, o una religiosa sanitaria, que salva vidas en un dispensario misionero, o un diácono permanente que es policía y dedica tiempo a un apostolado con pandilleros y jóvenes criminales en las calles... Todos ellos pueden apuntar a Jesús con su apostolado.
O todos ellos pueden sustituir a Jesús, convertirse en pequeños salvadores admirados y aplaudidos, distraer de Cristo, o aprovecharse de Cristo, en vez de apuntar a Cristo. Y sin usar Internet para nada.
No es un tema de redes sociales. Ni siquiera es un tema específico del sacerdocio, sino de cualquier evangelizador.
Pero es verdad que cuando un sacerdote deja el sacerdocio, deja desanimados a muchos compañeros y también a muchos feligreses. Y hay formas y formas de hacerlo: no todos los abandonos son escándalos.
Opinión
Presbíteros y obispos rotos: los porqués de un goteo constante, por Pere Montagut, formador de seminario
Pere Montagut Piquet
Goteo de abandonos entre sacerdotes jóvenes
En España, y sospecho que en Italia también, hay muchos abandonos entre sacerdotes jóvenes que llevan entre 4 y 7 años ordenados.
Por lo que me comentan, se dan dos o tres casos cada año en cada diócesis que ordene jóvenes (las que no ordenan jóvenes, no tienen abandonos jóvenes). Conferencia Episcopal no da cifras de abandonos del ministerio. Y debería.
A veces se habla de que se acepta a personas inmaduras, que hay mucha "manga ancha" en los seminarios para aceptar a candidatos poco idóneos... pero los formadores con los que hablo me dicen que, una vez en el seminario, hay bastante exigencia en el proceso de discernimiento. Los inmaduros se detectan y no se ordenan.
Lo que ven es que muchos que abandonan tras 4 o 7 años de servicio eran en realidad sacerdotes bastante buenos. Hay un "clic", algo que rebosa, que explota.
Faltan mentores, curas veteranos con los que hablar
Un formador de sacerdotes me comentaba una primera carencia: "Escasean en España esos sacerdotes virtuosos, veteranos, de 70 años, a los que pueda acudir un sacerdote joven para hablar, para tomarlo como ejemplo, porque ve en él un maestro hacia la santidad".
Buscar alguien vivo a quien imitar en su estilo, entrega y doctrina quizá no es tan necesario para un cura, porque se puede aprender de los sacerdotes santos del pasado, de San Juan de Ávila, el Cura de Ars, Francisco de Sales, Grignon de Monfort o cualquier otro santo pastor. Sus textos y ejemplos están ahí.
Pero sí es necesario poder hablar. Acudir a alguien con quien poder hablar. Ese alguien puede ser un sabio mentor. O, al menos, como mínimo, tiene que ser un igual. No puede ser un feligrés, ni un superior, a menos que tenga un especial don de escucha y acompañamiento. La escucha natural que ayuda es la del igual.
También los cónyuges, que son iguales en dignidad, son pares, se escuchan mutuamente en sus fracasos e ilusiones. También los asesores matrimoniales dicen que los problemas empiezan cuando se reduce la comunicación en la pareja, y se mejora simplemente hablando y escuchando.
"Un cura no habla ante otro grupo de curas de sus fracasos. Los curas, cuando nos reúnen, o hablamos de superficialidades o hablamos de las cosas que funcionan bien, de las que estamos satisfechos", oí contar a un sacerdote. Se necesitan encuentros donde sea posible "hablar con sinceridad, con iguales que no te regañan, que te acompañan, y eso ya crea comunidad".
Conozco un veterano sacerdote catalán que desde hace un tiempo está al frente de una zona pastoral. Ahora se dedica, como tarea prioritaria, a visitar y tratar de cerca, con cercanía fraterna, a todos los sacerdotes de esa zona. Detecta a los que sienten soledad u otros problemas. "Nuestro obispo está muy dispuesto a adaptar lo que sea para apoyar a un sacerdote con problemas, desánimo, adicciones, lo que sea... el problema es que, hasta ahora, cuando lo detectábamos era ya muy tarde, el sacerdote ya estaba hundido o decidido a dejar el sacerdocio", explicaba.
Una comunidad, en el sentido de un acompañamiento de iguales, con los que se convive o se trata de cerca, ayuda a detectarlo y prevenirlo antes.
Evitar los riesgos del sacerdote solitario, francotirador
El sacerdote "francotirador" es el que tiene más posibilidades de caer en las trampas de la soledad, el divismo, el egocentrismo.
Es curioso que los sacerdotes se forman en comunidad, en el seminario... y luego, cada vez antes, son echados a la soledad de ser párroco de un pueblo, o dos pueblos, o cuatro pueblos... Sí, la comunidad es, en cierta forma, su familia, pero al llegar a la casa rectoral, está solo.
Por otra parte, los sacerdotes diocesanos aprenden rápido a ser individualistas... e ir tirando. Si un obispo o vicario les pidiera compartir vida y piso con un equipo pastoral, muchos lo rechazarían. "No soy fraile", dirían algunos. Hay que vendérselo mejor.
Pero, en realidad, no es tan difícil que tres curas, quizá cada uno con sus dos o tres pueblos o barrios encargados, se pongan de acuerdo para vivir juntos, con una fórmula u otra. La mayoría de los obispos estarían de acuerdo en la mayoría de los casos. El tema de la soledad y algunas "ideas de bombero" desaparecerían así.
Muchos curas ya pueden hacer esto, y no tiene sentido echar la culpa a los obispos de que no se haga más.
Otro problema en España, y probablemente en todo Occidente, es que ha faltado autoridad y gobierno prudente por parte de muchos pastores. Se habla mucho, con razón, de los casos de abusos de autoridad, de dinámicas sectarias de tal o cual pastor o líder. Las comunidades han obtenido mal nombre en Francia precisamente por estos casos. Pero detrás de esos líderes abusones (a veces también abusadores) hay otros líderes que no ejercieron, y líderes desobedientes que nadie disciplinó.
Todo esto puede pasar, insistimos, sin que Internet tenga nada que ver. El divismo puede golpear a un clérigo que se creerá un divo de la enseñanza, de la medicina misionera, de la doctrina social o del acompañamiento al buen morir.
Pero igual que un superior misionero elegirá y entrenará con mucho cuidado a quién envía a una zona de criminales, o de etnias enfrentadas, o de sultanes musulmanes, tampoco es prudente dejar que cualquier clérigo bienintencionado esté en redes sociales, y menos todo el tiempo y a todas horas.
La red premia lo que engancha, los temas polémicos y los temas emocionales. Los likes te halagan, los comentarios de hate te agobian. Los Padres del Desierto en la Filocalia cuentan técnicas para volverse imperturbable ante unos y otros. "Vete al cementerio, halaga a los muertos en sus tumbas, luego insúltales... ¿ves como no reaccionan? Sé tú así ante lo que otros digan". No sé si funcionará con curas instagrammers, pero es buen consejo.
Insistimos: toda pastoral tiene sus riesgos. La pastoral con pandillas de la calle o en el ámbito de la prostitución también tiene sus riesgos. Vale la pena prevenir y aprender de los veteranos.
Una novedad de las redes, es que un sacerdote con miles de followers puede pensar que desde fuera del sacerdocio y sus limitaciones, seguirá llegando a muchos con un buen mensaje. Pero lo mismo ha pasado siempre con otros apostolados, como el social. Un médico misionero puede pensar que dará más fruto dejando su congregación (un caso famoso fue el del jesuita Vicente Ferrer, con sus dispensarios en la India... y una esposa). La recta intención es importante en esto.
Al final, en nuestra sociedad hiperindividualista, es necesario acompañar, cuidar y supervisar con cercanía fraterna a los evangelizadores. Distintas formas de convivencia y comunidad pueden lograrlo.
Muchos sacerdotes diocesanos pueden dar pasos en esa dirección, sin necesidad de esperar a que tome la iniciativa su obispo.
Francisco Javier Bronchalo
Heridas de los curas y monjas en las redes sociales
Francisco Javier Bronchalo