El Camino Neocatecumenal y los enanos de «El Silmarillion»
«¿Por qué destrozar tanto bien a golpe de comentario de red social? ¿Por qué somos enanos en vez de elfos?»

Kiko, Carmen y el arzobispo Casimiro Morcillo
El Camino Neocatecumenal es una de esas realidades de la Iglesia que no deja indiferente a nadie. Para los más tradicionales es una realidad muy progre, para los más liberales es un movimiento ultraconservador. Por lo que leo en redes sociales y escucho en ocasiones, muchos de una sensibilidad y de otra preferirían que desapareciera. Luego, cuando nos conocen, nos quieren.
Para comprender el Camino Neocatecumenal es importante entender su origen. ¿Recordáis cómo es la creación de los enanos en el tolkiniano libro de El Silmarillion? Los Enanos fueron creados por Aulë, uno de los valar, el herrero a espaldas de Eru, el Dios Único, cuando aún no habían sido creados ni elfos ni hombres. Cuando Eru se entera le dice a Aulë: “No puedes crear vida así”. Y Aulë se entristece y alza su martillo dispuesto a destruir a sus criaturas, las cuales le miran con pena y sin comprender. Entonces Eru sonríe y le dice que no las destruya, también ellos estarían en el mundo, eso sí, despertarían después que los elfos. Los enanos no eran error. Eru los había aceptado. Tendrían su lugar en la historia aunque muchos no los quisieran.
Kiko Argüello no tenía intención de fundar nada, simplemente se fue a vivir a una barraca en una zona pobre de Madrid. Allí había gente de todo tipo, muchos a los que algunos ni se atreverían a acercarse si les vieran en la calle de la pinta de maleantes que tendrían. Y quizás lo fueran. Allí comenzó a vivir Kiko. Allí conoció a Carmen Hernández. Allí alababan a Dios, leían y explicaban la Palabra. Y él mismo cuenta que aquellas personas al escuchar el Evangelio iban cambiando, sus vidas se iban ordenando, sin moralizarles ni darles sermones vacíos.
Kiko y Carmen, sin pretenderlo, hicieron algo que dio inicio a lo que sería una comunidad cristiana, Y después la experiencia en el tiempo de esta comunidad dio origen al Camino Neocatecumenal. Imaginaros lo que pensarían algunos en las iglesias de estas personas que empezaron con Kiko cuando iban a las parroquias a dar catequesis, a petición del cardenal Casimiro Morcillo. Para muchos que lo veían aquello era sucio, incómodo, miserable, sin belleza externa. Vamos, despreciable.
El Camino Neocatecumenal que nacía se convirtió en un lugar en el que cualquiera que quiera escuchar la Palabra de Dios y recibir catequesis con un corazón pobre y humilde puede ir. Recordad que estamos en el entorno del posconcilio, donde había mucha confusión e ideologizaciones marxistas en lo que llamaban “comunidades de base”. El Camino supo hacer que eso, que no es evangélico y divide a los hermanos, se quedara fuera. Quizás por eso creció mucho mientras que lo otro disminuyó y murió con el tiempo. Por sus frutos los conoceréis, dice el Evangelio.
Tengo un amigo sacerdote que es del Opus Dei que siempre me dice que San José María Escrivá decía el Camino Neocatecumenal fue la parte de esas comunidades de base que creció bien. No he encontrado nada de esto escrito pero tampoco voy a dudar de mi amigo. De hecho el Opus y el Camino fueron fuertemente criticados en su día por acoger con obediencia la Humanae Vitae de San Pablo VI, que fue incluso rechazada por conferencias episcopales enteras. También lo son hoy por su apertura a la vida y su predicación integral del amor humano. Mientras muchos en la iglesia despreciaban las catequesis del cuerpo de San Juan Pablo II y miraban con recelo las Jornadas Mundiales de la Juventud, en el Camino y el Opus esto se acogía con buen espíritu y gran alegría. No somos tan distintos.
Pero ante lo que no gusta, ante lo que es diferente, la tentación de muchos hacer se mismo que quiería Aulë con los enanos. Piensan que es mejor destruirlo, que solo ha sido otro error posconciliar. Porque las personas del Camino no son elfos perfectos e impecables, son rudos enanos que van a su aire. Pero, ¿acaso Dios no se alegra de sus hijos que quieren seguirle y ser fieles aunque tengan una historia tan particular y sean tan repelentes para algunos? Yo creo que Dios sonríe. En medio de la debilidad, Él hace su obra. El Camino no nació de un plan humano. Nació de la miseria divina en medio de los pobres de espíritu.
Si no fuera por el Camino muchos jamás hubieran conocido la fe, jamás hubieran cambiado sus vidas de pecado, muchos jamás hubieran restaurado sus matrimonios, muchos jamás hubieran perdonado a sus enemigos, muchos jamás hubieran sanado las abundantes heridas que les estaban machacando. Si se hubiera destruido el Camino el Evangelio jamás habría sido anunciado en muchos lugares hostiles a través de familias enteras, sacerdotes, itinerantes, que están allí dando la vida. ¿Por qué destrozar tanto bien a golpe de comentario de red social? ¿Por qué somos enanos en vez de elfos?
Dice El Silmarillion que Aulë hizo a los enanos seres fuertes, inquebrantables y resistentes al trabajo y al hambre. Algo de esto hay en el Camino Neocatecumenal. Un hermano catecúmeno me dijo una vez que un sacerdote les decía que la gente del Camino en las parroquia eran como las cucarachas, aunque hubiera una guerra nuclear que devastara todo ellos seguían allí. Desagradable la imagen utilizada, pero muy cierta la comparación de cómo la importancia de la perseverancia del cristiano en la adversidad se enseña en las comunidades como algo fundamental.
Habrá miles de correcciones que hacer y miles de malos ejemplos que tristemente hacen daño. El Camino no es perfecto. La conversión del cristiano o es perfecta o no es conversión. La humildad o se trabaja y se pide a Dios cada día o no se vive. Tampoco los enanos eran perfectos. Lo que quiero expresaros con esta comparación es que ambos son parte de una historia mayor que ellos mismos en la cual quien tiene ojos de bien sabe la importancia de integrarlos y ayudarlos a crecer bien en lugar de echarlos de donde estén. La Iglesia no está para destruir a los hijos que Dios ama. Mejor reconocer que lo pequeño, lo frágil, lo despreciado es precisamente lo que el Señor ha elegido para mostrar su gloria. Y ayudarlo a crecer.