De la envidia en los Evangelios
Soy de los que cree que la envidia es el pecado humano por antonomasia, el pecado que definitivamente, hace al hombre diferente del resto de los animales, los cuales son capaces de todos los pecados humanos –egoísmo, soberbia, gula, lujuria, robo, asesinato, y cuantos puedan Vds. imaginar-, unos en mayor medida, otros en menor, excepto el de la envidia. Pues bien, aún siendo así, el pecado de la envidia es muy pocas veces tocado en el Evangelio. En los cuatro textos evangélicos, la palabra “envidia” apenas aparece citada en tres ocasiones, y de ellas dos en el mismo episodio tratado por distintos evangelistas, en este caso San Mateo y San Marcos. Bien que en ellos se haga la importante afirmación de que Jesús fue “entregado por envidia”. Conozcamos los dos. Primero San Mateo: “Cada Fiesta, el procurador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que quisieran. Tenían a la sazón un preso famoso, llamado Barrabás. Y cuando ellos estaban reunidos, les dijo Pilato: ‘¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?’, pues sabía que le habían entregado por envidia”. (Mt. 27, 1518) Y ahora San Marcos: “Cada Fiesta les concedía la libertad de un preso, el que pidieran. Había uno, llamado Barrabás, que estaba encarcelado con aquellos sediciosos que en el motín habían cometido un asesinato. Subió la gente y se puso a pedir lo que les solía conceder. Pilato les contestó: ‘¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?’ Pues se daba cuenta de que los sumos sacerdotes le habían entregado por envidia”. (Mc. 15, 612) Existe todavía una tercera alusión al pecado de la envidia –en realidad, segunda, las dos primeras, como hemos visto son la misma-, única, por otro lado, en la que la palabra la vemos salir de la boca de Jesucristo, que la incluye en un catálogo de doce maldades. Nos lo cuenta Marcos: “Y decía: ‘Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre’”. (Mc. 7, 20-23) Sin mencionar el pecado como tal, sí existen en el Evangelio alusiones que si no propiamente la envidia, si reflejan con claridad los celos, versión edulcorada de aquélla. Así por ejemplo, la que recoge el Evangelio de Lucas en el colofón de la parábola del hijo pródigo, -y eso que al hijo no faltan buenos motivos para reconcomerse en envidia- que vemos producirse así: