San Francisco de Borja.
Por Martínez de Montañés (1625)
Estando involucrada de lleno en la regencia, se abre un nuevo período de la vida de Juana, pues la hermana del rey de España, reina de Portugal, hija del emperador y regente de España, profesa como jesuita, siendo la única mujer que lo ha hecho en la historia, ya que su fundador no tenía previsto abrir una sección femenina de la orden. Cosa que hizo gracias a un acuerdo secreto con dos santos (semejante mujer no iba a negociar con personajes menos encumbrados), el mismísimo fundador San Ignacio de Loyola, y San Francisco de Borja, jesuita también, su confesor y gran confidente y amigo, con el que de hecho fue acusada con toda falsedad de mantener relaciones ilícitas. Juana profesaría bajo nombre supuesto, Mateo Sánchez. Y el caso es que Ignacio de Loyola no pudo hacer mejor excepción a su regla, pues desde su regia posición, Juana de Austria apoyará incondicionalmente a la orden, la cual probablemente no sería hoy día como es de no haber gozado de la leal y eficacísima protección de Juana. En el día de la Asunción, es decir el 15 de agosto, de 1559, en el último año de su regencia y por consejo de su confesor Francisco de Borja, Juana de Austria funda en lo que fuera el palacio de Alfonso VI en Madrid, el Convento de las Descalzas Reales, en el que profesarán significadísimas mujeres de la realeza y de la alta nobleza española. Dándose la circunstancia de que esta mujer fuera de lo común, siendo reina y jesuita, lo funda para la orden de las clarisas, es decir, para la sección femenina de los franciscanos. Todo lo cual no será óbice para que su hermano Felipe haga un postrer intento de casarla con su propio hijo, sobrino de ella, Carlos, a lo que ella se niega rotundamente. No tanto por cuestiones de parentesco o sentimentales, cuanto por el firme propósito que se había hecho de no volver a casar en su vida, un propósito afianzado con su nueva (y secreta) condición de jesuita. Así que con veinticuatro años de edad, Juana hablaba varios idiomas; tocaba varios instrumentos; había sido reina de Portugal; había sido madre y no de cualquier niño sino de todo un rey de Portugal; había ejercido cinco años como excelente reina de España; y era monja jesuita, la única de la historia, así como fundadora de un convento. El 8 de septiembre de 1573, con apenas treinta y ocho años de edad, demasiado temprano como todo lo que hizo en su vida, un tumor se lleva la vida de la monja-reina en Madrid, siendo enterrada en el Monasterio de El Escorial, y de allí trasladada, como es fácil de entender, al convento de su fundación, en un maravilloso sepulcro que le esculpirá Pompeo Leoni. Moría sólo un año después de su gran amigo y confesor Francisco de Borja. La historiografía española, y concretamente la ciudad de Madrid en la que nació, en la que ejerció de regente y en la que dejó lo que es su gran obra histórica, el Convento de las Descalzas Reales, está en deuda con esta increíble española de pro y madrileña universal, verdadero prodigio de la historia, ya que su figura no es lo conocida y apreciada que sus muchos logros y realizaciones ameritan. Si quieren Vds. ver sobre la monja reina una magnífica producción de RTVE, que también las hace y no las bazofias que financia a tanto cineasta presuntuoso y paniaguado del panorama patrio, pinchen aquí. ©L.A. encuerpoyalma@movistar.es Otros artículos del autor relacionados con el tema(haga click en el título si desea leerlos) De columnas de Hércules, escudo de España y dólares: ¿pero tienen algo en común?Del monumento a la Inmaculada en la romana Plaza de EspañaJuan Carlos I, Rey de JerusalénDe la evangelización española de América