Indignados increpan a unas monjas durante la JMJ en Madrid 2011
Y está, en tercer lugar, “la izquierda de los descontentos”, que componen personas de las más variadas procedencias sociológicas, algunos de ellos originarios de los más “rancios abolengos de la derecha”, a las que une un profundo resentimiento contra la sociedad. Un resentimiento al que llegan por los más dispares caminos, desde el de no conseguir trabajos adecuados a sus aspiraciones, hasta el de no coronar con éxito sus más primarias necesidades (círculos sociales, aficiones, incluso el amor), componiendo, dentro de la izquierda, una verdadera fuerza de choque que puede llegar a conducirse hasta con violencia.
Aunque militan en ella personas maduritas que hallan en esta militancia una manera de “aferrarse” a la juventud perdida, la forman generalmente personas muy jóvenes que acostumbran a abandonar la militancia izquierdista al madurar, o no digamos, en cuanto su problema de integración se resuelve (obtención de buenos trabajos, formación de una familia), por lo que, por el contrario que “la izquierda de masas” de la que hablábamos al principio, constituye un grupo poco leal, tendente tanto a la abstención como incluso a la deserción, y al que hay que estar continuamente “motivando”. Y así se hace desde la izquierda intelectual, que la maneja con soltura para el agit-prop por una especie de ascendiente moral que tiene sobre ella -caso emblemático el 15-M, el caso de libro fue el 11-M-, algo para lo que se vale también de ese instrumento tan interesante que proporcionan los estados modernos llamado “subvención”. Unas subvenciones que, curiosamente, tampoco les niega la derecha donde es ella la que maneja los fondos, aunque carezca de la habilidad para recibir de ellos la misma gratitud y la misma lealtad.
Ni que decir tengo que hablo de estereotipos a los que, a menudo pero no siempre, se ajustan los patrones sociales que pretendo describir, y que mientras algunos votantes de izquierda ni siquiera se ajustan a ninguno de ellos, otros sólo se ajustan en parte y unos terceros incluso amalgaman dos o hasta los tres estereotipos. Y por supuesto, que en modo alguno, intento descalificar de un modo genérico ni a la izquierda ideológica que tan necesaria creo en el imprescindible juego de las alternancias democráticas, ni a la izquierda sociológica, en la que militan muchas personas honestas y bienintencionadas. Tantas, por lo menos, como en la derecha.
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