«Estamos cansados, sí, pero no queremos dejar de desear la paz y la vida»
Rony Rameh, responsable de Comunión y Liberación en Líbano, cuenta cómo se vive la fe en un país al límite, entre crisis, guerra y pequeños milagros cotidianos de esperanza.

La comunidad de CL en Líbano con Rony Rameh, su responsable (Foto: Cesión del entrevistado)
En un Líbano golpeado por una crisis que no cesa, con el turismo paralizado, el trabajo detenido y una “fatiga del alma” que se extiende entre la gente, Rony Rameh confiesa que la guerra ya no solo provoca miedo, sino también el riesgo de la indiferencia y la resignación.
Responsable de Comunión y Liberación y colaborador de AVSI en el país, explica en esta segunda entrevista que la esperanza «ya no es un sentimiento fácil», sino «una elección» y casi «un milagro cotidiano», hecho de familias que comparten lo poco que tienen, amigos que permanecen unidos y una compañía cristiana que «no te deja solo».
A la luz de la visita del Papa León XIV, que para él «no fue solo un evento, sino una presencia viva», Rony cuenta cómo viven ahora la misión, el acompañamiento a las familias y cómo han pasado la Semana Santa en un país agotado, pero decidido a no dejar de desear la paz y la vida.
.Respecto a hace unos meses, siento en la gente un cansancio aún más profundo. No es solo miedo: es como un cansancio del alma. El trabajo se ha detenido de nuevo; el turismo —que es nuestra vida— estaba a punto de reanudarse y, en cambio, se ha bloqueado de nuevo. Esto crea una gran inseguridad.
Y, sin embargo, precisamente dentro de esta oscuridad veo pequeños signos de esperanza que antes no imaginaba: personas que comparten lo poco que tienen, familias que se sostienen, amigos que siguen unidos. La esperanza hoy no es un sentimiento fácil, sino que nace como una elección, casi como un milagro cotidiano.
.La visita y las palabras del Papa siguen siendo para mí una presencia viva. No han sido solo un acontecimiento, sino una mirada que continúa. Me ayudan a mirar todo –trabajo, familia, crisis– no como algo que me aplasta, sino como un lugar en el que Dios está presente.
Hoy vivo todo con una pregunta más profunda: «Señor, ¿dónde estás en esto?». Y esto cambia la manera de estar en la realidad: no con desesperación, sino con una confianza frágil y real.
-La presencia de Comunión y Liberación hoy es muy sencilla pero concreta. No son grandes gestos, sino una compañía que no te deja solo.
Pienso en momentos en los que nos encontramos para rezar juntos, o para visitar familias en dificultad, o simplemente para estar al lado de alguien que ha perdido el trabajo. En esta crisis, CL para mí es esto: un lugar donde Cristo se vuelve concreto a través de relaciones verdaderas.
-Cuando releo las palabras «estamos cansados de la guerra», hoy las siento aún más verdaderas. Quizá añadiría: también estamos heridos, pero no queremos perder la esperanza.
Hay un gran riesgo hoy: no solo la guerra, sino la indiferencia, la resignación. Por eso diría: estamos cansados, sí, pero no queremos dejar de desear la paz y la vida.
-En el trabajo veo necesidades enormes: el trabajo antes que nada, luego la escuela, la sanidad, la comida… pero también una necesidad profunda de apoyo humano y espiritual.
Muchas familias están cansadas, confusas, sin perspectiva. Pero sentimos de verdad la cercanía de la Iglesia universal: a través de ayudas concretas, pero sobre todo a través de personas que nos hacen sentir que no estamos solos.
.«Vivir la misión» hoy significa seguir siendo humanos en medio de todo esto. No huir de la realidad, sino estar dentro con una mirada distinta.
No tengo soluciones, pero puedo compartir una esperanza a mi alrededor, simplemente escuchando. La fe se convierte en propuesta no con discursos, sino con una presencia diferente.
-Hemos vivido la Semana Santa con una intensidad nueva. La Pasión de Cristo ya no es algo lejano: la sentimos cercana a nuestra vida.
Seguimos viviendo con la oración y el silencio, pidiendo no perder la fe. Los mensajes del Papa nos sostienen sobre todo cuando comprendemos que dentro del sufrimiento puede nacer una vida nueva.
-A los jóvenes les diría: comprendo el deseo de marcharse, porque la situación es durísima. Pero quedarse – para quien puede – es una gran vocación.
Ser cristianos hoy en el Líbano significa ser un signo, aunque pequeño, de esperanza para todos. No vale la pena quedarse por un deber, sino porque aquí podemos dar testimonio de algo verdadero.
No estamos llamados a ser héroes, sino a ser fieles.
Gracias de verdad por esta posibilidad de contar lo que vivimos. Sentir que alguien nos escucha es ya una gran consolación.