Magisterio sobre la evangelización (XXX)
Es abundante el magisterio pontificio contemporáneo referido a la evangelización y a la nueva evangelización. Tal abundancia revela la urgencia de esta tarea que responde a la vida y misión de la Iglesia, así como a la situación del mundo hoy, en "apostasía silenciosa", como algunos autores la definen.
Evangelizar es la misión y la vida de la Iglesia. Y evangelizar es anunciar a todos a Jesucristo como Señor y Salvador. "Todos deben recordar que el núcleo vital de la nueva evangelización ha de ser el anuncio claro e inequívoco de la persona de Jesucristo, es decir, el anuncio de su nombre, de su doctrina, de su vida, de sus promesas y del Reino que Él nos ha conquistado a través de su misterio pascual" (Juan Pablo II, Exh. Ecclesia in America, 66). La evangelización es algo específico y propio: llevar el evangelio, anunciar a Jesucristo, edificar la Iglesia con nuevas comunidades y nuevos miembros que se agregan a este organismo sobrenatural. Otras muchas tareas son complementarias, o se derivan de la misma evangelización, pero no se confunden con ella (tareas, por ejemplo, de caridad y promoción humana, de carácter asistencial, etc.). La evangelización tiene por centro a Jesucristo provocando la respueta de fe a su Persona.
Y la tarea evangelizadora convoca a todos, pastores, consagrados, religiosos, seglares; lo harán si ellos mismos previamente, han tenido un encuentro personal con el Señor y el Evangelio ha empapado todo su ser.
Por eso hemos de asumir que la evangelización no se lleva a cabo por renovados y sofisticados planes pastorales, o la "magia" de un nuevo libro de catequesis que parece la mayor novedad, sino por testigos del Evangelio que viven según Cristo. Sin estos testigos, la evangelización será imposible. Estos evangelizadores han nacido de un encuentro con Cristo que los ha impactado, se descubrieron profundamente amados y ya nada fue igual. "El ardiente deseo de invitar a los demás a encontrar a Aquél a quien nosotros hemos encontrado, está en la raíz de la misión evangelizadora que incumbe a toda la Iglesia" (Id., 68). En el compromiso evangelizador de la Iglesia, destaca con especial luz la catequesis. Ésta es transmisión de la fe, con contenido doctrinal, e iniciación a la vida de la Iglesia, su oración, su vida moral. Los contenidos doctrinales, importantísimos, se unen a la experiencia de la vida cristiana. Lejos de ser una "educación en valores", o una dinámica de grupo para sensibilizar, la catequesis es la acción evangelizadora de la Iglesia acompañando a sus hijos en el crecimiento de la fe.
Una seria y nueva evangelización se comprometerá siempre con la catequesis, la tomará en consideración. Y esto supondrá superar la identificación de catequesis con infancia, sino convertirla en una oferta para adultos, familias, etc. Así, en cualquier parroquia, la catequesis de adultos, de familias, de matrimonios, debe ser ofrecida y formar parte de su vida habitual, por pequeña o sencilla que sea la parroquia. A esto hay que sumar una catequesis específica para miembros del equipo de liturgia, coro parroquial, asociaciones, etc. Sin esta formación catequética seria y sistemática, nunca tendremos un laicado sólido, sino que daremos por hecho que ya están evangelizados cuando, probablemente, se requiera una evangelización mucho más profunda.