¿Qué es el wokismo? Una guía

Una manifestación woke en EEUU en 2020, con banderas LGTB y trans, hablando de un supuesto opresor
Aunque suene algo raro, no se puede entender la política actual en un país como España si no se tiene una idea clara sobre el wokismo, pues lo woke se nos ha infiltrado a través de los algoritmos de las redes, las series de moda, el lenguaje, la moda, la música, etc, en todas las formas de transmisión cultural que permean el mundo occidental y, desde él, en todo el mundo.
Helen Pluckrose y James Lindsay, estudiosos del pensamiento contemporáneo del área cultural anglosajona, han escrito un libro que es una buena guía del pensamiento woke, labor no fácil dado que esta forma de interpretar la realidad es algo muy novedoso y su conversión en movimiento político tiene raíces plurales y manifestaciones diversas según los países y los problemas sociales que movilizan a la opinión pública en cada sitio. Su obra Teorías cínicas. Cómo el activismo académico hizo que todo girara en torno a la raza, el género y la identidad … y por qué esto nos perjudica a todos (Alianza Editorial,2023, 426 págs.) logra hacer comprensible para el lector no especialista la génesis intelectual del pensamiento woke y -capítulo tras capítulo- las manifestaciones políticas de esta ideología en materias tan variadas como la raza, el género, el colonialismo, la discapacidad, la gordura, etc; y los mecanismos de difusión de esta nueva ideología a partir de las universidades americanas en todas las instancias de inculturación de las sociedades occidentales, como las redes, el cine, los medios de comunicación y -por último- la política.

Portada de la edición en portugués de Teorías Cínicas, de Pluckrose y Lindsay, sobre el origen del wokismo
En esta reseña voy a referirme en exclusiva a la introducción del libro y a sus dos primeros capítulos (págs. 13 a 78) en los que los autores hacen una panorámica de la génesis histórica del pensamiento woke y de las vías de su difusión en el mundo. Los capítulos siguientes (del 3 al 9, págs. 79 a 290) se dedican cada uno a una de las causas woke política y culturalmente relevantes: colonialismo (cap. 3), queer y género (cap. 4 y 6), raza (cap. 5), discapacidad y gordura (cap. 7), justicia social (cap. 8 y 9). El capítulo 10 y último ofrece una alternativa al wokismo basada en la reivindicación del liberalismo democrático sin caer en la tentación identitaria del wokismo.
El lector de lengua española debe tener en cuenta que algunos términos y expresiones de los autores están escritos para un público anglosajón y que a España y el mundo de habla hispánica en concreto lo que nos ha llegado con fuerza de los planteamientos woke es la ideología de género y queer y el anti occidentalismo (incluyendo el anticristianismo) encarnado en la visión woke de la lectura del proceso de descubrimiento de América y la presencia española en aquel continente; mientras que otros temas (como la teoría crítica de la raza o los planteamientos de justicia social entendida en clave woke, tan relevantes en los USA) aquí no han tenido un eco tan intenso.
En los años sesenta del siglo XX, nos explican los autores, una serie de pensadores -sobre todo franceses: Foucault, Derrida, etc-, desilusionados con el marxismo, cayeron en un escepticismo radical y total, poniendo en duda nuestra capacidad para obtener conocimientos objetivos; y creyeron que toda idea (filosofía, religión, etc) no era más que la forma en que el poder intenta reafirmar su posición de dominio. Esta forma de pensar puede definirse como posmodernismo pues rechaza la pretensión de la modernidad ilustrada de construir una era de la razón y el progreso.
“Los temas centrales del posmodernismo incluyen el escepticismo ante la posibilidad de que cualquier verdad humana pueda proporcionar una representación objetiva de la realidad (…) y la negación de lo universal (…); el conocimiento, la verdad, el sentido y la moral son construcciones culturales y productos relativos de cada cultura concreta, y ninguna de ellas posee las herramientas ni los términos necesarios para evaluar a las demás” (pág. 35).
“Lo que sabemos solo es posible saberlo dentro del paradigma cultural que produjo ese conocimiento y por tanto es representativo de su sistema de poder” (pág. 41); el lenguaje no refleja la realidad sino que es fruto del poder dominante y su interpretación de la realidad, los significantes no se refieren a ningún significado objetivo (Derrida, cfr. pág. 48).
Y como cada cultura opera con su código cultural y lingüístico propio, ninguna cultura puede ser juzgada por otra ni hay verdades universales (cfr. pág. 50 y ss).
Esta forma de pensar donde fructificó fue en las universidades anglosajonas, generando una cultura y forma de pensar en la que fueron educadas las élites actualmente gobernantes en las empresas americanas y en sus instituciones educativas, por ejemplo, las grandes tecnológicas, y -desde ellas- está infectando a todo el mundo.
“El relativismo cultural será la norma de todas las teorías posmodernas aplicadas” (pág. 72); “Si el conocimiento es un constructo del poder que opera a través de la manera en que hablamos sobre las cosas, entonces podemos cambiar el conocimiento y derribar las estructuras de poder al cambiar la manera en que hablamos de las cosas” (pág. 73).
Por eso, vemos cómo en nuestro entorno, por ejemplo, se cambia la forma de hablar de la realidad sexuada del ser humano: el lenguaje de género nos lleva a hablar del ser humano como si la realidad biológica sexuada hombre-mujer no describiese ninguna realidad objetiva y relevante, presuponiendo que esa idea es solo fruto de una estructura de poder patriarcal.
A efectos políticos, el wokismo reniega de la común identidad y dignidad humanas y pretende convencernos de que nuestra identidad depende del color de la piel, el sexo, la orientación sexual o la pertenencia a un pueblo o etnia colonizada o no; de que esa identidad nos convierte en estructuralmente oprimidos u opresores de forma ineluctable y de que solo la lucha de los oprimidos (mujeres, lgtbi, indígenas, etc) contra los opresores (paradigmáticamente, el hombre blanco heterosexual) posibilitará construir una sociedad justa.
El odio sería así el motor de la historia y la cancelación de la historia de opresiones pasadas (teorías de la memoria histórica) es imprescindible en esta lucha. El wokismo es anti occidentalismo: la razón y la cultura occidentales -y en concreto el cristianismo, la ciencia y la democracia liberal- serían manifestación, sin fundamento objetivo alguno, de la institucionalización de la opresión del hombre blanco heterosexual sobre el resto de la población del planeta para consagrar su poder.
El wokismo es una enmienda a la totalidad de la cultura humanista de Occidente. El libro de Pluckrose y Lindsay ayuda a conocerlo y valorarlo.