Domingo, 15 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

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De la militancia proabortista a la santidad

por Isabel Warleta

Hoy día en que el problema del aborto está en auge, llama la atención el caso de una mujer que abortó en los años veinte del pasado siglo. Fue pionera en esto como lo fue en muchas otras cosas. Tenía una gran conciencia social y fue la entrega a los pobres la que dirigió su mirada al Cielo, fue su entrega a los desprotegidos la que abrió su corazón para que Dios entrara a saco en su vida. Y fue el nacimiento de su segundo hijo el que la hizo consciente de la barbaridad del aborto, y pasó de icono pro-abortista a defensora del no nacido, pasó de agnóstica de izquierdas y militante sindical a aspirar a la santidad en la tierra. Hoy Dorothy Day se encuentra en vías de beatificación.

No es un caso único, hace poco se hizo público el testimonio de Amparo Medina, militante pro-abortista y guerrillera ecuatoriana que trabajó para las Naciones Unidas y que hoy es guerrillera de la causa pro-vida. Podéis encontrar su testimonio en mi blog.

http://buscandounidad.blogspot.com/2010/03/en-la-militancia-del-aborto-solo-vi.html


Os traigo aquí un artículo de Aciprensa que nos introduce un poco a la vida de Dorothy Day y más abajo un extracto de uno de sus libros en los que cuenta su experiencia de conversión. Puede ser el camino que use el Señor con muchas almas que ahora se encuentran atormentadas como consecuencia del aborto. Todos debemos ser conscientes de cómo Dios actúa también en éstas mujeres que por diversas circunstancias deciden matar a sus hijos por nacer, todo pecado puede ser perdonado, solo hay que abrirse a la misericordia de Dios. Los que estamos en contra del aborto debemos ser conscientes de la cantidad de personas que hoy se encuentran en situación desesperada, aunque no siempre consciente, por el hecho cometido. Nuestro deber es transmitir la misericordia de Dios, en esto como en todo, y ser misericordiosos tal y como nos pide Cristo: “Como vuestro Padre en el Cielo es Misericordioso”.

Tomado de:
http://www.aciprensa.com/vejemplares/dorothy.htm

Hilarie Belloc en un momento dado escribió: "Los hombres y mujeres conversos son, quizás, el actor principal del creciente vigor de la Iglesia Católica en nuestro tiempo". Y sobre este punto vemos la conversión de Dorothy Day (18971980), una mujer divorciada que abortó por miedo a ser abandonada por su amante, y que más tarde permitió a la sociedad de aquél entonces contagiarse del Evangelio y los valores de la Iglesia, y así ser ejemplo de santidad en medio de lo cotidiano.
El fallecido Arzobispo de Nueva York, Cardenal John O´Connor, manifestó en una oportunidad que "la beatificación de Dorothy Day podría recordar a muchas mujeres de hoy lo grande que es la misericordia de Dios, incluso cuando somos capaces de cometer un acto criminal y abominable como el aborto de un hijo. Ella supo bien lo que es estar al margen de la fe y lo que es después descubrir el camino correcto y vivir en plena coherencia con la exigencia de la fe católica".
Dorothy nació en Brooklyn en el año 1897, creció en Chicago dentro de una familia protestante. Asistió, más no se graduó, a la Universidad de Illinois. En el año 1916 la familia Day se mudó a Chicago, donde ella sigue la carrera de periodista revolucionaria. Empieza a escribir como corresponsal y hace publicaciones izquierdistas como el Call y el New Masses. Se involucró en asuntos candentes como: los derechos de la mujer, el amor libre y el control de la natalidad.
Dorothy quedó nuevamente embarazada en el año 1926 y esta vez decidió tener al bebé. "Y entonces la pequeña Tamar Theresa nació, y con su nacimiento la primavera llegó a nuestras vidas. Mi alegría era tan grande que me senté en la cama del hospital y escribí un artículo para el New Masses sobre mi hija con la intención de compartir mi alegría con el mundo". Day decidió que su hija sería católica, la bautizaría y ella también se convertiría al catolicismo, aunque el padre del bebé era un ateo comprometido.
Dorothy era consciente de que era imposible hacer aquello teniendo a un amante al mismo tiempo. Por lo que un día antes de su bautismo se separó de él. "La conversión es una experiencia solitaria. Nosotros no sabemos qué está pasando en las profundidades del corazón y el alma de otra persona. Apenas nos conocemos a nosotros mismos".
Las enseñanzas de la Iglesia, la vida sacramental, la convivencia con los pobres y la lucha contra un sociedad que se burlaran de ella, fueron las cosas que más marcaron su vida.
"The Catholic Worker", periódico fundado por Day, lanzó su primer ejemplar el 1 de mayo de 1933, con informaciones sobre las huelgas, el paro, el trabajo infantil, los salarios ínfimos de los negros, etc. Los colaboradores crecieron y los números de distribución también, y fue por lo que se convirtió también en un movimiento para ayudar a los más necesitados y es así que se empezaron a construir casas de hospitalidad, y para 1936 ya se habían construido 33 casas en todo el país debido a la Gran Depresión, que estaba dejando a millones de personas en la total miseria.
En 1980, a los 83 años, Dorothy Day falleció, luego de una vida llena de pobreza voluntaria. El periódico "The Catholic Worker" continúa en circulación y sigue costado el mismo precio que cuando recién fue lanzado: 1 centavo de dólar.
DE UNION SQUARE A ROMA, capítulo 1, por Dorothy Day
Tomado de: http://www.pbs.org/wgbh/questionofgod/voices/day.html
"Amar a tu prójimo no es sólo bueno para el prójimo, es esencial para nuestras almas", dijo Dorothy Day. Originalmente agnóstica, nacida en la ciudad de Nueva York abandonó la escuela para escribir en la prensa marxista: The Call, The Masses and The Liberator, dedicados principalmente a cubrir informaciones sobre las huelgas, el control de la natalidad y los movimientos por la paz.
Su conversión al catolicismo a finales de los años veinte le exigió combinar su llamamiento por la justicia social con el cristianismo. En 1933, Day cofundó el Movimiento de Trabajadores Católicos, que incluía un periódico y un sistema de hospicios, con la esperanza de transformar las personas más que en cambiar los sistemas políticos y económicos. En este extracto de su autobiografía, escrito como una carta a su hermano, explica Day la espiritualidad que encontró a través de su acción social.

De Union Square a Roma, Capítulo 1

Es difícil para mí volver a sumergirme en el pasado, sin embargo, es un trabajo que debo hacer, se cierne sobre mi cabeza como una nube. San Pedro dice que tenemos que dar una razón de nuestra fe que, y estoy tratando de darles las razones.

...Soy una mujer de cuarenta años... Lo que quiero poner de manifiesto en este libro es una sucesión de acontecimientos que me llevaron a Sus pies, aspectos de Él que he recibido a través de muchos años y que me hicieron sentir la necesidad vital de Él y de la religión. Voy a tratar de rastrear para ustedes los pasos por los cuales llegué a aceptar la fe que creo que estuvo siempre en mi corazón. Por esta razón, voy a narrar en su mayoría lo bueno que encontré, incluso dentro de un ambiente y unas personas que intentaban rechazar a Dios.

La marca de los ateos es el rechazo deliberado de Dios. Si usted no rechaza a Dios ni abraza deliberadamente el mal, entonces usted no es un ateo. Si usted duda o niega con su boca lo que su corazón y su mente no niega, se le considera un agnóstico.

"No puede haber fraternidad sin paternidad de Dios."
A pesar de que sentía la fuerza y una atracción irresistible hacia la bondad, aún así, a veces, realizaba una elección deliberada del mal. En qué medida me sentí obligada a elegirlo, es difícil decirlo. En qué medida los profesores, compañeros y la lectura influyó en mi forma de vida, no importa ahora. El hecho es que había mucho de elección deliberada en ello. La mayoría de las veces era "siguiendo la disposición y los deseos de mi corazón". A veces era muy a pesar de la idea de Baudelaire de elegir "la senda que conduce a la salvación". A veces se trató de mi elección, de mi libre voluntad, aunque quizás en el momento yo negara que se tratara de mi libre albedrío ...Que el Señor me perdone. Fue la arrogancia y el sufrimiento de la juventud. Era patético, un poco patético, y con ello estoy tratando de buscar una excusa.

¿Fue este deseo de estar con los pobres y los abandonados y sin mezclarme con ellos un deseo distorsionado de estar con los disolutos? ...Escribo estas cosas porque a veces cuando estoy escribiendo estoy asustada por mi presunción. Me asusta también, no decir la verdad o distorsionar la verdad. ...Pero toda mi perspectiva ha cambiado y cuando miro las causas de mi conversión, a veces es una ya veces es otra cosa la que destaca en mi mente.

A medida en que queremos conocernos, no nos conocemos bien. ¿Realmente queremos vernos como Dios nos ve, o como lo seres humanos nos ven? ¿Podemos asumir lo que descubrimos, débiles como somos? ¿Sabes esa sensación de contentamiento en el que a veces nos sumergimos, nos enfundamos, por así decirlo, como en un vestido, contentamiento con el mundo y con nosotros mismos? ...No queremos tener una visión clara de nuestro interior que nos revele nuestros más secretos fallos. Hay en los Salmos una oración que dice: "Líbrame de mis pecados secretos". En realidad, no sabemos cuánto orgullo y amor propio tenemos hasta que alguien a quien respetamos y amamos se vuelve repentinamente contra nosotros. Entonces, alguna afrenta repentina, alguna ofensa que recibimos, nos revela en toda su notoria distinción nuestro amor propio, y nos avergüenza.

...Hay algunos párrafos acerca de la Santísima Trinidad que leí no hace mucho que señalan una analogía entre el alma y Dios. El alma es siempre una. Se conoce a sí misma y se ama a sí misma. "... A pesar de que siempre somos capaces de pensar y de hacer nuestra voluntad, no siempre ejercemos estas facultades, hay interrupciones, momentos en los que nos sentimos impotentes, cuando estamos cansados. Una mosca es suficiente para distraer a un hombre de su pensamiento. En esto distinguimos (y en esto consiste nuestra debilidad) la capacidad de actuar y la acción propiamente dicha. Esta debilidad no existe en Dios. ... el Espíritu divino triunfa donde nosotros fallamos". (Landrieux, Le Divin Méconnu )

...¿Conoce los Salmos? Es lo que más leía cuando estuve en la cárcel de Occoquan. Los leía con un sentido de volver a algo que yo había perdido. Había un eco en mi corazón. ¿Y cómo puede alguien que ha conocido el dolor humano y la alegría humana no dar un respuesta a estas palabras?

"Desde lo profundo clamo a ti, oh Señor: ...Escucha, Señor, mi oración: Estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica en tu verdad: escuchame en tu justicia. Y no enjuicies a tu siervo: porque a tus ojos nadie puede estar justificado. Porque el enemigo ha perseguido mi alma: él ha tirado mi vida sobre la tierra. Él me ha hecho morar en la oscuridad como los que han muerto en la vejez: Y mi espíritu se angustia en mi interior: mi corazón se agita dentro de mí. ...Sé presto en escucharme, Oh Señor, mi espíritu desmaya. No apartes de mi tu rostro, no sea que yo caiga como ellos en el hoyo. Me mueve escuchar tu misericordia cada mañana; porque en ti he esperado. Muéstrame el camino por el que he de caminar: por que he levantado mi alma a ti".

A lo largo de los primeros tediosos días en la cárcel cuando estaba en régimen de incomunicación, el único pensamiento que confortó mi alma fueron éstas líneas de los Salmos que expresan el terror y la miseria del hombre repentinamente asolado y abandonado. La soledad, el hambre y el cansancio del espíritu, agudizaron mis percepciones para que no sólo sufriera mi propio dolor, sino también los dolores de las personas que me rodeaban. Ya no era yo. Yo era un ser humano. Ya no era una niña, que forma parte de un movimiento radical que busca justicia para los oprimidos, yo era la oprimida. Yo era esa drogadicta, gritando y sacudiéndose en su celda, golpeando su cabeza contra la pared. Yo era aquel ladrón que por rebelde fue condenado a reclusión solitaria. Yo era aquella mujer que había matado a sus hijos, que había matado a su amante.

La oscuridad del infierno me rodeaba. Los dolores del mundo me acompañaban. Yo era como el que cae en el hoyo. La esperanza me había abandonado. Yo era aquella madre cuyo hijo había sido violado y asesinado. Yo era la madre que había dado a luz al monstruo que lo había hecho. Yo era también ese monstruo, sintiendo en mi corazón cada abominación.

Como leí más tarde, parece, de hecho, una declaración sobredimensionada de los problemas emocionales y de las reacciones de una mujer joven en la cárcel. Pero si vives por mucho tiempo en los barrios marginales de las ciudades, si estás en contacto constante con los pecados y el sufrimiento, lo raro es no experimentar esto. A menudo me ha parecido que la mayoría de la gente se protege instintivamente de ser tocado muy de cerca por el sufrimiento de los demás. Ellos le dan la espalda, y lo convierten en un hábito. Los periódicos muestran sin embargo testimonios repugnantes sobre la delincuencia y hay un secreto entusiasmo y placer en la lectura del sufrimiento de los demás. Uno podría decir que hay una sensación de superficialidad en cómo se entiende la tragedia de la vida de los otros. Pero alguien que ha aceptado las dificultades y la pobreza como la forma de vida para caminar, está abierto a la sensibilidad de los sufrimientos de los demás.

En definitiva, si no fuera el Espíritu Santo el que me conforta, ¿cómo he sido consolada? ¿cómo he soportado? ¿cómo he vivido en la esperanza?

... Sentí cuando parecía en lo más bajo de mi vida, que una fuerza de esperanza me levantaba de golpe.

Más tarde me familiaricé con el poema de Francis Thompson, "The Hound of Heaven", y me transformó su poder. Eugene O´Neill lo recitó por primera vez para mí en la trastienda de un salón en la Sexta Avenida, que los actores y dramaturgos de Provincetown utilizaban para reunirse después de las actuaciones.

"Yo he huido de Él, por noches y días; Huí de Él, sorteando los años; Huí Él, por caminos laberínticos. Con mi propia mente, y en la bruma de las lágrimas, me escondía de Él".

A través de toda mi vida cotidiana, en aquellos con los que entré en contacto, en las cosas que he leído y oído, he tenido la sensación de ser perseguida, de ser deseada; un sentido de esperanza y expectativa.

... ¿Te acuerdas de esa pequeña historia que cuenta Grushenka en Los hermanos Karamazov? "Érase una vez una mujer campesina y era una mujer muy mala. Y ella murió y no dejó una sola buena acción detrás. Los demonios la capturaron y la hundieron en un lago de fuego. Su ángel de la guarda se resistía y se preguntaba qué buena obra de ella podía recordar para decir a Dios. "Una vez ella arrancó una cebolla de su jardín", dijo él, "y se la dio a una mujer que mendigaba"

Y Dios le dijo: ´Toma entonces la cebolla, llévasela al lago, deja que la agarre y tira de ella para sacarla. Y si la sacas del lago la dejo entrar en el Paraíso, pero si la cebolla se rompe, entonces la mujer debe permanecer donde está". El ángel corrió hacia la mujer y acercó la cebolla a ella. "Ven", dijo él, "mantén agarrada la cebolla, y yo tiraré de ti para sacarte. Y comenzó a tirar con cautela para sacarla. Acababa de empezar a salir, cuando otros pecadores del lago, viendo lo que ocurría, se agarraron a ella para salir también. Pero era una mujer muy mala y comenzó a patear. "Me saca a mí, no a usted. Es mi cebolla, no la suya". Tan pronto como ella dijo esto la cebolla se rompió. Y la mujer cayó en el lago y se está quemando allí hasta el día de hoy. Y el ángel lloró y se fue".

A veces cuando me pregunto el porqué de la bondad de Dios conmigo, he pensado que se debe a que yo regalé una cebolla. Y Porque yo sinceramente quise a sus pobres, Él me permitió conocerle. Y cuando pienso en lo poco que he hecho, me llena de esperanza y amor para todos aquellos que están dedicados a la causa de la justicia social.

"¡Qué gloriosa esperanza!" Escribió François Mauriac. Éstos son los que descubren que su vecino es el mismo Jesús, a pesar de que pertenecen a la masa de los que no conocen a Cristo o que lo han olvidado. Y no obstante se sabrán bien amados. Es imposible para aquellos que viven la verdadera caridad en su corazón no servir a Cristo. Incluso algunos de los que piensan que le odian, han consagrado sus vidas a Él; porque Jesús se disfraza y enmascara entre los hombres, oculto entre los pobres, los enfermos, entre los reclusos, entre los extranjeros. Muchos de los que le sirven oficialmente nunca han conocido quién fue, y muchos que no saben ni su nombre, escucharán el último día las palabras que abren para ellos las puertas de la alegría. "Oh, en esos niños estaba yo, y yo estaba en esos trabajadores. Lloré sobre la cama de hospital. Yo era el asesino que consolaste en su celda".

La visión de Dios venía siempre cuando estaba sola. Los objetores no pueden decir que se debió a un sentimiento de soledad, el miedo a la soledad y el dolor lo que me hizo volverme a Él. Fue en esos pocos años, cuando estaba sola y más feliz cuando me encontré con Él. Lo encontré, en definitiva, a través de la alegría y la acción de gracias, no a través de la tristeza.

Sin embargo, ¿cómo pudo ser eso? Lo mejor es decir que lo he encontrado a través de Sus pobres, y en un momento de alegría me volví a Él. He dicho, a veces con ligereza, que la masa de burgueses y malos cristianos que negaban a Cristo en sus pobres me convirtió en comunista, y que fueron los comunistas y el trabajo con ellos lo que me hizo a su vez volverme a Dios.
Un místico es un hombre enamorado de Dios. No alguien que ama a Dios, sino que está enamorado de Dios. Y este amor místico, que es una emoción exaltada, lleva a amar las cosas de Cristo. Sus pasos son sagrados.
...Cuando sufrimos, nos dicen que sufrimos con Cristo. Estamos "completando los sufrimientos de Cristo". Sufrimos Su soledad y su miedo en Getsemaní cuando sus amigos dormían. Estamos aplastados con Él bajo el peso no sólo de nuestros propios pecados, sino de los pecados de los otros, de todo el mundo. Somos aquel contra el que se peca y somos los que están pecando. Estamos identificados con Él, somos uno con Él. Somos miembros de su Cuerpo Místico.

A menudo hay un elemento místico en el amor de un trabajador radical para con su hermano, su compañero de trabajo... Por ignorancia, tal vez, no conoce el nombre de Cristo, sin embargo, creo que está tratando de amar a Cristo en sus pobres, en sus perseguidos. Siempre que los hombres han dado su vida por sus semejantes, lo están haciendo en alguna medida por Él. Esto es lo que creo firmemente...

"En la medida en que vosotros lo hicisteis a uno de estos hermanos, me lo habéis hecho a mí". Sintiendo esto como yo lo hice, ¿es de extrañar que me llevara finalmente a los pies de Cristo?

No me refiero con todo esto a que yo andaba en un estado de exaltación o a que esto le ocurre a cualquier radical. El amor es una cuestión de voluntad. ¿Sabes cómo falla el espíritu durante una larga huelga, lo difícil que es para los dirigentes mantener la moral de los hombres y mantener el fuego de la esperanza que arde dentro de ellos? Tienen dificultades para mantener esta esperanza por sí mismos. Santa Teresa dice que hay tres atributos del alma: memoria, entendimiento y voluntad. Estos líderes por su comprensión de la lucha, de cómo se obtiene la victoria que muy a menudo es a través de la derrota, saben que cada pequeña ganancia es un beneficio para cada trabajador de todo el país, por su conocimiento de lo que pasó en luchas pasadas, están habilitados para fortalecer su voluntad para seguir adelante. Esto sólo se consigue ejerciendo esa facultad del alma que hace que uno esté habilitado para amar a sus compatriotas. Y esa fuerza viene de Dios. No puede haber fraternidad sin paternidad de Dios.

Imagina una fábrica en la que el cincuenta por ciento de los trabajadores está contento y no se preocupa por sus semejantes. Es difícil inspirarles con la idea de la solidaridad. Observa a los trabajadores que desprecian a sus compañeros de trabajo, al negro, al húngaro, al italiano, al irlandés, donde los odios raciales y los sentimientos nacionalistas persisten. Es difícil superar su tenaz resistencia con paciencia y con amor. Esa es la razón para la coacción, los golpes a los esquiroles y a los rompe-huelgas, las amenazas y los odios que crecen. Por eso es que en la lucha laboral, a menos que exista un líder sabio y paciente, hay desunión, un desgarro en el Cuerpo Místico.

Incluso los líderes laborales menos creyentes han comprendido la conveniencia de la paciencia cuando he hablado con ellos. Se dan cuenta de que por el uso de la fuerza han perdido más huelgas que las que han ganado. Se dan cuenta de que cuando no hay violencia en una huelga, el empresario a través de sus guardias armados y rompe-huelgas pueden tratar de introducir esta violencia. Esto ha ocurrido una y otra vez en la historia laboral.

Qué difícil es hacer que el líder sindical entienda que debemos amar incluso el empresario, aunque sea injusto, que tenemos que tratar de superar su resistencia por la resistencia no violenta, mediante la parada de los trabajadores, es decir, por las huelgas y el boicot. Se trata de medios no violentos y más eficaces. Tenemos que tratar de educarlo, de convertirlo. Hay que perdonar setenta veces siete como también nosotros perdonamos a nuestros colegas de trabajo y tratar de brindarle un sentido de solidaridad... Y ¿cómo convertir un empresario que ha desalojado a todos sus trabajadores que estaban en huelga, de manera que esos hombres, mujeres y niños se ven obligados a vivir en tiendas de campaña, que llama a la guardia armada que quema las tiendas de campaña de manera que veintiocho mujeres y niños fueron quemados hasta morir, como Rockefeller hizo en Ludlow? ¿Cómo perdonar a ese hombre? ¿Cómo convertirle? Ésta es la pregunta que el trabajador te hace desde la amargura de su alma. Es sólo a través de un Cristo-Amor que el hombre puede perdonar.

...Después de todo, las experiencias que he tenido son más o menos universales. Sufrimiento, tristeza, arrepentimiento, amor, todos lo hemos conocido. Son más fáciles de llevar cuando uno se acuerda de su universalidad, cuando recordamos que todos somos miembros o potenciales miembros del Cuerpo Místico de Cristo.

La conversión es una experiencia solitaria. No sabemos lo que está sucediendo en las profundidades del corazón y el alma de otro. Si apenas nos conocemos a nosotros mismos.


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