Sábado, 18 de septiembre de 2021

Religión en Libertad

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¿De verdad es Méjico el heredero del Imperio Azteca?

por En cuerpo y alma

 

 

            Las simplificaciones históricas tienen varias ventajas, entre las cuales por lo menos dos: la de ser fácilmente asumibles e interiorizadas por aquéllos a los que van dirigidas; y la de, por su sencillez, producir grandes réditos a quienes pretenden beneficiarse de ellas u obtener con ellas algún resultado.

             Pero tienen también un inconveniente: en términos argumentales, meramente argumentales, son fácilmente desmontables. Lo que pasa es que hay que desear hacerlo, y hay que superar las resistencias enormes que, a menudo, encuentran entre los que sostienen las versiones simplificadas.

             Entre esas simplificaciones históricas, traigo hoy aquí una muy notable, la que ha llevado a nuestros queridos hermanos mejicanos -y casi más que a ellos, a nosotros mismos españoles, siempre tan injustos y cicateros con nuestra historia- a sentirse herederos del Imperio Azteca, sobre la base de un pueblo azteca identificado "con Méjico", y un Méjico identificado "con ese pueblo azteca" que se resiste a unos conquistadores españoles automáticamente presentados como "el invasor".

             La verdad histórica, y hasta genealógica como veremos, no tiene el menor parecido con esta versión a todas luces simplificada y legendaria. En primer lugar, porque los escasos “conquistadores” españoles de Cortés, medio millar escaso de hombres, nada habrían podido contra los miles de entrenados soldados de Moctezuma –y de haber podido, mal haría eso quedar a las milicias aztecas- de no haber contado con la alianza de aguerridos pueblos de la zona sojuzgados y esclavizados por aquéllos, entre los cuales, notablemente, totonacas y tlascaltecas, sin cuyo auxilio nada habría podido la escasa mesnada de Cortés.

             Por si esto fuera poco, la idea de la patriótica resistencia azteca en la que Méjico debería sentirse unida e identificada en torno a los aztecas tampoco soporta el más sencillo y simplista de los análisis históricos, cuando sólo dos años después, -¡sólo dos años después!- de conquistar Cortés Tenochtitlán (la capital azteca), y poner fin a la tiranía de los crueles y temidos guerreros aztecas, vemos a éstos coaligados ¡con los mismísimos españoles! que dirige Pedro de Alvarado para la conquista de Guatemala, territorio que por cierto, nunca había formado parte del Imperio Azteca.

             Pero la prueba del nueve irrefutable de que Méjico e Imperio Azteca no guardan en absoluto la relación histórica que se pretende establecer y apenas es una relación parcial e incompleta es que el Imperio Azteca, con ser el más importante junto con el Incaico de todos los existentes en el entero continente americano cuando llegan los españoles, apenas alcanza los 300.000 kilómetros cuadrados, en tanto que el Méjico que se considera su heredero tiene casi dos millones, es decir, siete veces más (véalo en el mapa).

 


Mapa de Méjico y del Imperio Azteca

 

            Y eso comparando el Imperio Azteca con el Méjico actual, porque si lo hacemos con el que deja España cuando en 1821 abandona completamente el Virreinato de Nueva España, con una superficie de 5 millones de kilómetros cuadrados (dos veces y media más que hoy) que equivalen al Méjico actual, más los territorios mejicanos en la parte oeste de lo que hoy día son los Estados Unidos de Norteamérica, más los de Guatemala, Honduras, Salvador, Nicaragua y Costa Rica, entonces la diferencia y la disparidad identitaria es aún mayor (si cabe).

             En definitiva y en resumen.

             -La identificación identitaria de Méjico con el Imperio Azteca no encuentra la menor correspondencia territorial.

             - La identificación identitaria de Méjico con el Imperio Azteca es discriminatoria para todos los otros muchos pueblos que convivían con los aztecas en lo que era el territorio del Imperio de Moctezuma que se encuentran los españoles a su llegada.

             - A mayor abundamiento, dicha discriminación no recae sobre pueblos neutrales o simplemente independientes, sino antes al contrario, sobre aquéllos tan mejicanos como los aztecas pero que sufrían la sangrienta y terrible tiranía caníbal del cruel emperador azteca y sus esbirros, siempre sedientos de sangre.

             - Si lo que se pretende es basar la identificación de Méjico con el pueblo azteca en base a la resistencia que éste opusiera a la conquista española, entonces se hace preciso reconocer que los aztecas terminaron aceptando la victoria y el gobierno españoles de tan buen grado que no sólo cesaron pronto en su resistencia, sino que, como antes que ellos otros pueblos mejicanos, incluso se aliaron con los soldados venidos de Ultramar en la conquista de nuevos territorios, que por cierto, nunca habían sido parte del Imperio Azteca, como notablemente Guatemala.

             Todavía más resumido. Entre esos mejicanos que tan identificados se sienten con sus supuestos “ancestros” aztecas, se encuentran muchísimos mejicanos cuyos antepasados nada tuvieron que ver en ningún momento con los aztecas, en definitiva, los habitantes de un 85% del territorio mejicano, es decir, el millón setecientos mil kilómetros cuadrados que forman parte del Méjico actual pero no formaron parte del Imperio Azteca. Y lo que es aún más llamativo y paradójico, todos aquéllos cuyos ancestros formaron parte de tantos pueblos mejicanos que de buen grado habrían deseado no tener el menor contacto con los aztecas (tlascaltecas, totonacas y otros), en lugar de sufrir su sanguinaria tiranía.

             Para terminar de redondear la paradoja, en un país donde un 90% de sus habitantes son blancos puros o, sobre todo, mestizos (mestizos de español y de alguno de los muchos pueblos existentes en los dos millones de kilómetros cuadrados del Méjico actual), genéticamente hablando son muchos más, pero muchísimos más, los mejicanos que tienen un ancestro español que los que tienen un ancestro  azteca.

             Maravillas de las simplificaciones históricas. Tan fáciles de transmitir, tan difíciles de defender.

             Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

  

 

            ©L.A.

            Si desea ponerse en contacto con el autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es. En Twitter  @LuisAntequeraB

 

 

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