Martes, 16 de julio de 2019

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Semana Pascual

SEMANA PASCUAL
 
   La experiencia en cada momento nos marca nuestro caminar espiritual hasta el encuentro definitivo con el Señor Jesucristo.
   En este año de gracia, he percibido de una manera especial los evangelios que nos han acompañado durante estos siete días del único día. Día que hizo el Señor.
   En las Eucaristías, tanto de la mañana en la escuela de Ingenieros Navales, donde soy Capellán, en al caer la tarde en mi Parroquia Claretiana de Argüelles, he procurado dar importancia a los distintos elementos pascuales: especialmente al ¡Aleluya! Por cierto, en ambos casos, la respuesta ha sido excelente.
   En las primeras lecturas, San Pedro trata de presentar a Jesús como el Mesías Prometido, al que Dios ha resucitado de entre los muertos. Ante las distintas reacciones, incluida la cárcel, este es su mensaje: Aquel a quien vosotros crucificasteis, ha resucitado.
   Lunes- (Mt 28, 815)
   El primer miedo de las mujeres se explica ante el acontecimiento inaudito de la Resurrección. Ellas reciben la misión de trasmitir la noticia a los apóstoles. Lo impresionante del relato son los testigos dormidos. En cualquier tribunal en que pudieran aparecer semejantes testigos serían descalificados inmediatamente. Por un parte atestiguan lo mismo que las mujeres y por otra el evangelista les deja en ridículo.
   Martes- (Jn 20, 1118)
   Este evangelio me indica el camino de intimidad de la vida cristiana. Mientras Él no pronuncia nuestro nombre como hizo con María Magdalena, nuestra vida espiritual no tiene la interioridad suficiente. Podemos quedarnos en prácticas. Buenas, pero sin la intimidad suficiente.
   Miércoles- (Lc 24, 13-35)
   Siempre me ha impresionado la ironía de San Lucas, cuando aquella pareja se ponen a contar a Jesús lo que ha sucedido en Jerusalén. También el machismo que demuestran con el testimonio de las mujeres. Para ellos tiene poca importancia.  Es Jesús quien me reparte el pan cada día.
   Jueves- (Lc 24, 35-48)
   Jesús era el mismo, no de la misma manera, por eso no era fácil comprenderlo, incluso, y quizás por eso, para los que habían convivido con Él. En esta aparición les concede un don muy especial: le abre el entendimiento para comprender las Escrituras. No era fácil el tránsito. Y come con ellos. Es de carne y hueso.
   Viernes- (Jn 21, 114)
   Aquí los pescadores no sabían de peces. Toda la noche bregando sin coger nada, cuando era tan fácil llenar las redes. Era el hombre e tierra adentro quien conocía dónde estaban los peces: a la derecha de la barca. Es como si un hombre de Tierra de campos diera lecciones a los pescadores de las Rías Gallegas. La diferencia es sencilla: allí estaba el Señor.
  
 
 
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