Lunes, 23 de septiembre de 2019

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Mártires de Sallent

por Creo, Señor, aumenta mi fe

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MÁRTIRES DE SALLENT
      Sallent es el pueblo donde nació San Antonio María Claret, nuestro Fundador. Pronto experimentó el zarpazo de la Persecución Religiosa. Sus iglesias fueron profanadas e incendiadas. También el monumento a San Antonio María Claret, beatificado dos años antes por el Papa Pío XI. La Comunidad custodiaba la casa natal y mantenían un pequeño colegio. Todos abandonaron la casa por orden gubernativa el 20 de julio. Se refugiaron en casas amigas.
   El P. José Capdevila con el P. Pallás  tienen que huir de la casa porque son buscados por los milicianos. Se refugian en un cañaveral. Allí el P. Capdevila pierde de vista a su compañero. Después de una marcha de 60 kilómetros, ocultándose de miradas comprometidas, llega a la casa paterna, en los alrededores de la ciudad de Vic. Estuvo tranquilo hasta el 24 de septiembre. Ese día fue descubierto por los milicianos y arrancado de  los brazos de su madre: << ¡Adiós, madre, hasta el cielo>>. <> <>. Pasó la noche en la cárcel de Vic. Lo mataron a las 11:30 del 25 de julio. Su cadáver quedó tendido en la carretera de Manlleu.
   El P. Jaime Payás marcha desde el cañaveral donde estaba escondido hasta los márgenes del río Llobregat. Cae en un pozo de desagüe donde queda impregnado de barro e inmundicia. Allí lo encuentra, al día siguiente, un muchacho de la familia que lo estaba buscando. En casa lo limpian y asean. No puede seguir porque está la vista de todos. Dos días pasó el P. Payás buscando refugio en casa de sus amigos. Por todos fue rechazado. Una casa lo acoge con cariño. Allí comenzó su ruina. Le han visto entrar. Dicen después los protectores: <>. Llegan los milicianos reclamándole. Se presenta sereno; es llevado al Ayuntamiento. Tiene 28 años, elegante y con alma de fina espiritualidad. Dice con profundo dolor: <>. En la cárcel se gana las simpatías de todos. Un tal Dalmau le trae agua; lo que más necesitaba. Durante horas trata de llevarlo a Jesucristo. Imposible. Dalmau quiere salvarle la vida. <>.
  
   Muy pronto llegaron también el P. Juan Mercer y los Hermanos Misioneros Marcelino Mur y Mariano Binefa.
 El P. Payás escibió estas palabras generosas después de tanto dolor: <>.
   Los milicianos le ofrecieron, por última vez, la libertad si se pasaba a los suyos. Ante la negativa del P. Payás, fueron llevados al cementerio. Frente a los fusiles que apuntaban, levantó su mano y su voz: <>. No pudo terminar la frase.
     
 
 
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