Miércoles, 24 de julio de 2019

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El Papa Francisco, un don de Dios para la Iglesia

El Papa Francisco, un don de Dios para la Iglesia

 

 

En los artículos anteriores hemos visto las causas profundas de la actual crisis de la Iglesia católica. Son causas preternaturales (el poder del espíritu del mal en este tiempo histórico), litúrgicas (haber quitado la protección que Dios nos daba contra el espíritu del mal, invocando la protección de san Miguel Arcángel), costumbres eclesiales contrarias a la Palabra de Dios (en vez de castigar las transgresiones de la jerarquía, se le daba un cargo eclesial de mayor importancia, muchos acababan en el Vaticano, y intrigaban contra el Papa), interpretación sesgada de la Palabra de Dios (se mostraba como voluntad de Dios que los fieles debían acatar, de perdonar y no iniciar juicios contra los clérigos abusadores de menores y desvalidos)….

A partir de ahora a través de varios artículos intentaremos mostrar lo que el Papa Francisco ha realizado y realiza tanto en la purificación como en la edificación de la Iglesia, centrándonos en los ministros ordenados. Que ello nos ayude en este momento eclesial a recordar y valorar el servicio que el Papa Francisco realiza a la Iglesia y Dios por habérnoslo dado por sucesor de San Pedro.   

 

Una gran oración precedió  la elección del Papa Francisco

 

El Cardenal Jorge Mario Bergoglio en el conclave a la muerte del papa Juan Pablo II, según parece era uno de los que se perfilaban como nuevo Papa, pero él renunció a ser elegido. Su renuncia permitió que fuera elegido el sucesor de san Pedro el Cardenal Joseph Ratzinger, que tomó el nombre de Benedicto XVI[1].

Desde antes de la muerte del Papa Juan Pablo II, se inició una gran oración que se iba extendiendo por toda la Iglesia, ante todo entre las contemplativas y episcopados, en el que se pedía la oración por el Papa Benedicto para que le ayudara en su ministerio petrino, a la vez que se oraba también por el próximo Papa, pues un Papa no se improvisa. Siempre se debería orar por el Papa en el ejercicio del cargo petrino y el que le sucederá en dicho servicio, para que vaya recibiendo la gracia del Espíritu Santo para el ejercicio futuro de sucesor de Pedro y corresponda a ella. De modo que en el momento en que los Cardenales sean llamados a cónclave, el Espíritu Santo los ilumine para que elijan al que Dios ha elegido, y este a su vez acepte el cargo y lleno de la gracia del Espíritu Santo se disponga a servir a la Iglesia, o mejor dicho deje que Cristo en él sea el que edifique su Iglesia (cf. Mt 16, 18).

Esta gran oración de la Iglesia acompañó al Papa Benedicto, hombre humilde, sabio y leal a su Señor Jesucristo. Él que era muy consciente de que no era el Señor de la Iglesia, sino tan solo vicario de Jesucristo, cuando no se vio con fuerzas para poder gobernar a la Iglesia, renunció a su cargo, así lo anunció al Consistorio de Cardenales del 11 de febrero de 2013: “Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”. Luego confiará: “la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice”[2].

Tanta oración de toda la Iglesia desde hacía ocho años, y que se intensificaría  en el período que va desde la renuncia del Papa Benedicto XVI hasta el elección del nuevo Papa dará su fruto. Si el Cardenal Bergoglio en el anterior cónclave había rechazado ser elegido Papa, en esta ocasión comprendiendo que esta era la voluntad de Dios Trinidad, asumió el cargo de ser sucesor de Pedro.

 

 El Papa Francisco pedirá incansablemente la oración de los fieles

 

Después de aceptar el cargo de ser sucesor de san Pedro, el Cardenal Bergoglio elegirá en nombre de Francisco. Siendo consciente de sus limitaciones humanas, pero que Dios todo lo puede,  para mantenerse humilde y “sepa escuchar lo que Dios quiere y no lo que yo quiero” (Cta. 7.7.2013), y “para que el Espíritu Santo me acompañe cada día en el ejercicio de mi ministerio” (H. 19.3.2013), por ello la primera petición que realizará a los fieles congregados en la plaza de san Pedro del Vaticano será pedir que oren por él: “Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad. [...] antes que el Obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis para que el Señor me bendiga. [...] Hagamos en silencio esta oración de vosotros por mí.... Ahora daré la Bendición a vosotros y a todo el mundo, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Hermanos y hermanas, os dejo. Muchas gracias por vuestra acogida. Rezad por mí y hasta pronto” (D. 13.3.2013).

A partir de entonces, no dejará de pedir a todos que oren por él. En primer lugar solicitará oraciones a los jesuitas: “Ruego a todos los Jesuitas que recen por mí y me encomienden a la amorosa protección de la Virgen María, nuestra Madre del cielo” (Cta.16.3.2013). Pedirá también oraciones por él en el solemne inicio de su pontificado: “A todos vosotros os digo: Rezad por mí” (H. 19.3.2014). A los menores del centro penitenciario de Roma, a los que lavó los pies en el Jueves Santo, a los pocos días de ser elegido Papa. Después de preguntarles su origen, les dirá: “Por favor, tú reza por mí. Necesito tus oraciones. Yo rezaré por ti” (H. 28.3.2013). Pedirá oraciones a los futbolistas argentinos e italianos recibidos en audiencia: “Por favor, os pido que recéis por mí, para que también yo, en el «campo» en el que Dios me puso, pueda jugar un partido honrado y valiente para el bien de todos nosotros” (D. 23.8.2013). A los que trabajan en la Secretaría de Estado les manifestará: “Os invito a todos a rezar por mí —lo necesito mucho—“(D. 15.10.2013).

Les dirá a los miembros de la Curia romana: “Me siento realmente «sostenido» por las oraciones, y les pido que sigan apoyándome así” (D. 21.12.2013). A los Obispos italianos, les dirá: “Por favor, acordaos de orar por mí; yo lo hago por vosotros” (D. 19.9.2013). Solicitará oraciones particulares a las clarisas de Asís: “Os pido que recéis por mí, por favor, no lo olvidéis” (D. 4.10.2013).

Les dirá a los seminaristas cubanos: “Les pido por favor que no dejen de rezar por mí y por los frutos de mi servicio a la Iglesia” (Cta. 15.4.2014). De nuevo pedirá oraciones en la rueda de prensa de regreso de Tierra Santa: “Por favor, les pido que recen por mí. Lo necesito mucho” (E. 26.5.2014).

 

Pondrá su pontificado bajo la protección de la Virgen María

 

El Papa Francisco no sólo pedirá a los fieles que intercedan ante Dios por él y por el ejercicio del ministerio petrino que debe llevar a término, sino que suplicará a la vez la protección e intercesión de la Virgen Santísima. Al día siguiente de su elección como Obispo de Roma irá a la Basílica de santa María la Mayor, “con el fin de encomendar a la Virgen mi ministerio como Sucesor de Pedro” (H. 24.7.2013). A partir de entonces, como reconocerá el cardenal Santos Abril “el Papa Francisco siempre viene a Santa María la Mayor con mucho gusto porque encuentra en la Madre a la guía y la inspiración para toda su acción[3].

En el solemne inicio de su ministerio, en la solemnidad de san José, patrono de la Iglesia universal, finalizará la homilía implorando: “la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco” (H. 19.3.2014).

A los cuatro meses del inicio de su Pontificado, el Papa Francisco, con la asistencia de Benedicto XVI, consagraría el Estado del Vaticano a san José y a san Miguel arcángel. Al santo Patriarca le pedirá: “Bajo tu mirada benévola y sabia ponemos hoy con renovada confianza, a los obispos y sacerdotes, a las personas consagradas y a los fieles laicos que trabajan y viven en el Vaticano: cuida su vocación y enriquécela de todas las virtudes necesarias” (D. 5.7.2013)[4].  A su vez:   

En la consagración del Estado de la Ciudad del Vaticano pedimos a san Miguel Arcángel que nos defienda del mal y lo eche afuera. [...] Vela por esta Ciudad y por la Sede Apostólica, corazón y centro de la catolicidad, para que viva en la fidelidad al evangelio y en el ejercicio de la caridad heroica. [...] Desenmascara las insidias del demonio y del espíritu del mundo. Vuélvenos victoriosos contra las tentaciones del poder, de la riqueza y de la sensualidad. [...] Se tú el baluarte contra todo tipo de maquinación que amenaza la serenidad de la Iglesia; se tú el centinela de nuestros pensamientos, que libra del asedio de la mentalidad mundana; sé tú nuestro paladín espiritual” (D. 5.7.2013).

De este modo la oración intercesora ante Dios, de la Virgen María, de  san José, san Pedro, san Pablo, san Francisco a los que había invocado de modo particular en la misa pontifical del inicio de su ministerio, junto con oración intercesora del Papa Francisco, y del Pueblo de Dios a él unido, le será concedida luz, sabiduría, capacidad pastoral para expresarla adecuadamente, y su  mensaje será  acogido en mayor o menor medida, por la comunidad eclesial al que va dirigido, según las disposiciones de cada uno.

 

Un pontificado orientado a purificar y a edificar la Iglesia

 

Desde el inicio de su pontificado, el Papa Francisco se pondrá manos a la obra para purificar a la Iglesia de “«suciedad» y la «soberbia» de «entre los que por su sacerdocio deberían estar entregados al Redentor»”[5], como había denunciado el Cardenal Ratzinger pocos días antes de ser elegido Papa.

 En la primera homilía que dirigirá a los Cardenales, recién elegido Papa será: “Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio” (H. 14.3.2013).

El Espíritu de Dios le ha conducido a semejanza de Jesús a dedicar particular atención a persuadir a todos, en particular a los ministros ordenados, a ser orantes. Ello es de vital importancia, tanto para el propio sacerdote como para la Iglesia, ya que el sacerdote que no ora cae inevitablemente en la mundanidad, y los sacerdotes mundanos son infelices y son una lacra para la Iglesia.

Para instar a los ministros ordenados a ser orantes y a ser coherentes según las exigencias de su ministerio, el Espíritu de Dios llevará al Papa Francisco a optar por mostrar las consecuencias que tiene tanto para los mismos pastores como para la misma Iglesia el que ellos no sean personas orantes, es decir que no tengan una verdadera relación de amistad con Jesús en la oración. El Papa Francisco, utilizará el mismo recurso pedagógico usado por Jesús, el denunciar públicamente y de forma constantemente el comportamiento de los que tienen autoridad religiosa, pero que no buscan la gloria de Dios sino la suya propia, y alejan al Pueblo de Dios del recto camino (Mt 23, 1-32).

Este modo de exhortar a los sacerdotes consideramos que puede pretender varios objetivos. En primer lugar, los pastores que se comportan de forma antievangélica, se sientan aludidos al leer y escuchar las homilías y discursos del Papa, les ayuden a reflexionar, arrepentirse y a convertirse, con la gracia de Dios. Otra finalidad sería evitar que otros imiten este comportamiento, que tanto daño hace a la Iglesia. Dar voz al pueblo que sufre por el comportamiento de los malos pastores. A la vez instará a que los fieles supliquen a Dios, la gracia para que los ministros ordenados conformen su comportamiento al Evangelio.

Este será el gran servicio que Benedicto XVI realizará de forma casi exclusiva a partir de su dimisión: “Por lo que a mí respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria[6]. Benedicto XVI será uno de los grandes orantes con los que contará el Papa Francisco para llevar a cabo su ministerio petrino y para alcanzar de Dios la santidad para los ministros ordenados y todo el pueblo de Dios. 

La luz que el Papa Francisco recibirá del Espíritu Santo, sobre los ministros ordenados,  y que comunicará a la Iglesia,  a través de las homilías, discursos, entrevistas… es semejante a la que recibió santa Catalina de Siena del Padre por medio del Espíritu Santo, hace ahora más de seiscientos años. Aunque, en Catalina, abarca un contexto vital más amplio, ya que nos habla de cómo los sacerdotes según el bien o el mal que hayan hecho, se verán en la hora de la muerte y cuál será su eternidad.

Investigar las semejanzas entre el mensaje de Catalina de Siena que recibirá del Padre eterno y el mensaje del Papa Francisco sobre el ministerio ordenado, podría ser objeto de una tesina o de una tesis doctoral, quien la hiciera se haría un gran bien a sí, y lo haría a la Iglesia.

 

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Siglas

Cta. Carta; D. Discurso, Diálogo;  E. Entrevista; H. Homilía.

Notas

[1] https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/02/130211_papa_papables_latinoamericanos_ch

[2] https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-benedicto-xvi-anuncio-su-renuncia-al-pontificado-99846

[3] www.aciprensa, 27.5.2014.

[4] Este fragmento lo recogerá https://es.zenit.org/articles/francisco-consagro-el-vaticano-a-san-jose-y-a-san-miguel-arcangel/

[5] https://www.elnuevodiario.com.ni/internacionales/403790-benedicto-xvi-rompe-su-silencio-hablar-su-papado-f/

[6] https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-benedicto-xvi-anuncio-su-renuncia-al-pontificado-99846

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