Miércoles, 26 de febrero de 2020

Religión en Libertad

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Cuando me siento fatigado

 

 

En El Arca, cuando me siento fatigado, voy a menudo a la Forestiere, que es un hogar que acoge a personas muy disminuidas: ninguno de los diez que actualmente están allí hablan. Algunos ni andan. Desde muchos puntos de vista, no son más que corazón y relación a través de su rostro y de su cuerpo. El asistente que los alimenta, que les baña y que les acuesta debe hacerlo no a su ritmo, sino a los ritmos de ellos. Debe ir más despacio para recibir las menores expresiones de su ser. Como no pueden expresarse verbalmente, no pueden haber prevalecer su punto de vista levantando la voz. El asistente debe por ello estar más atento a las mil formas no verbales que se expresan. Esto aumenta mucho su capacidad de acoger a la persona. Llega a ser cada vez más una persona para la acogida y para la compasión.
El ritmo más lento y la presencia misma de las personas muy heridas, le obligan a ir más despacio, a acallar la locomotora de la eficacia que hay dentro de él y le hacen sentir la presencia de Dios. El más pobre tiene un poder extraordinario para curar determinadas heridas de nuestros corazones. Si se les acoge bien se convierten en alimento. 

Jean Vanier, Cada persona es una historia sagrada, p 152.
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