Lunes, 10 de agosto de 2020

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De la primera mujer doctorada de la historia de España

por En cuerpo y alma


 
            La noble lucha por la equiparación de la mujer, hoy envilecida por muchas que bajo la pátina del feminismo luchan por convertir en derechos de la mujer lo que no son sino aberraciones, tiene hitos formidables desconocidos incluso para las que presumen de adalides de la lucha femenina, entre los cuales es obligado citar el de la gran María Isidra Quintina de Guzmán y De la Cerda, primera mujer doctorada de España.
 
            María Isidra nace en Madrid el 31 de octubre de 1768, en una familia de rancio abolengo como acostumbra a decirse, pues es su padre Don Diego Ventura de Guzmán y Fernández de Córdoba, Marqués de Aguilar de Campoo, Conde de Oñate y Marqués de Montealegre, y su madre Doña María Isidra de la Cerda, Duquesa de Nájera y Condesa de Paredes de Nava. Su abuela, la Condesa de Paredes, es autora de los seis volúmenes del Año cristiano impresos en Madrid en 1654.
 
 
María Isidra de Guzmán, por Joaquín Inza
           Como quiera que sea, guiada por su preceptor Antonio Almarza, María Isidra da precoces señales de una sabiduría absolutamente inusual común entre las mujeres de su época y aún entre los hombres. Tanto que a sus dieciséis años de edad, en 1784, y en presencia del mismísimo rey de España Carlos III, María Isidra es nombrada socia honoraria de la Real Academia Española, lo que la convierte en la primera mujer en formar parte de la magna institución, para lo que lee su discurso de ingreso titulado “Oración del género eucarístico que hizo a la Real Academia”.
 
            Así las cosas, el 6 de junio de 1785, a petición de sus padres al Conde de Floridablanca y mediante concesión expresa del mismísimo Rey Carlos III, María Isidra es examinada en la Universidad de Alcalá, donde recibe el grado de doctora y maestra en la Facultad de Artes y Letras humanas y es investida Catedrática de Filosofía Moderna, en un acto en el que “por motivos de decencia”, se suprimió el tradicional abrazo que el rector y los doctores deberían haberle dado en señal de fraternidad. Tres doctores votan contra la concesión: cabe preguntarse si lo hicieron porque el trabajo de María Isidra no merecía semejante laurel o, como parece más probable, incapaces de aceptar la presencia de una mujer en la ilustre nómina de los doctores.
 
            Al mes siguiente María Isidra ingresa en la Sociedad Vascongada de Amigos del País, y un año más tarde en su homónima Matritense, con el discurso “Oración del género eucarístico que hizo a la Sociedad Matritense de Amigos del País”, y en cuyo seno y a partir de ella, se crea la Junta de Damas. Sobre María Isidra existe algún grado de polémica, la cual gira en torno a unas traducciones del griego realizadas, según sostienen algunos, a través de una versión interpuesta en francés.
 
            Con apenas veinte años de edad, María Isidra contrae matrimonio con Alfonso de Sousa, Marqués de Guadalcázar, con el que residirá en Córdoba y al que dará cuatro hijos: Magdalena, Luisa Rafaela, Rafael María e Isidro.
 
            De endeble salud, María Isidra vendrá a morir de la única manera en que sabía hacer las cosas, precozmente, cosa que hará en Córdoba el 3 de febrero de 1803 a la tempranísima edad de treinta y cinco años, por lo que nos quedamos sin muchas realizaciones de las que cabía esperar de la primera mujer doctora de la historia de España. Enterrada en la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas de la que fuera capital califal, habrá de pasar casi un siglo hasta que una mujer española vuelva a inscribir su nombre en la nómina de doctores, honor que cabe a Martina Castells Ballespí en 1882. Y casi dos hasta que una mujer lo haga como académica de número de la Real Academia, honor que recae, como muchos sabrán, en Carmen Conde en 1979.
 
            Pocos saben que María Isidra tiene una buena calle en Madrid, pero son muchos los que esbozarán un “ah” de sorpresa si les decimos que la calle en cuestión es la que lleva por nombre “María de Guzmán”. Como Isidra de Guzmán la recuerda un instituto de secundaria en Alcalá de Henares, y como la “Doctora de Alcalá”, apelativo por el que se la conoce, un colegio de primaria en la misma ciudad.
 
            La figura de María de Guzmán ha sido objeto del interés de María Jesús Vázquez Madruga, autora de su biografía, y es una de las protagonistas del libro “Mujeres cordobesas: su contribución al Patrimonio”, editado por la Diputación de Córdoba.
 
            Y bien amigos, con este personaje desconocido de la historia de España, les despido por hoy, deseándoles una vez más que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.
 
 
            ©L.A.
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