El pasado martes, el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, presidió en la Catedral una misa solemne de inicio de curso de la Fundación Colegios Diocesanos-San Vicente Mártir – a la que pertenecen los 67 centros educativos del Arzobispado.

Durante la homilía, escuchada por más de un millar de docentes, expresó que "en la cultura de la muerte en la que nos vemos inmersos y rodeados actualmente, los colegios diocesanos transmiten vida, palabra de vida, y con eso mismo transmiten alegría, gozo y esperanza".

El cardenal Cañizares ha recordado que “Jesucristo es la gran esperanza que los hombres necesitan" y los maestros católicos son los elegidos para "transmitir y ofrecer su amor y alegría”, con la ayuda de la Virgen María, “que lleva en sus brazos misericordiosos y a sus pies a dos pequeños desamparados, necesitados de ternura, como vosotros tenéis en vuestra obra educativa a niños necesitados de cariño, y a quienes les ofrecéis un gran amor sin regatear ningún esfuerzo”.

Así, "Jesús es la única respuesta a nuestro desamparo, soledad e indigencia, la única medicina para el desconcierto, el desasosiego, desánimo o desencanto que muchas veces paraliza, bloquea o hiere de miseria".

El cardenal animó a todos los colegios diocesanos, profesores, directivos y todo el equipo: "No podemos callar ante este mundo que ignora y olvida lo que tanto necesita. Seguiremos adelante. ¡No nos callarán!", concluyó enérgico.

En defensa de la educación católica

En una de sus últimas cartas semanales, el cardenal de Valencia emitió una firme defensa de la educación católica ante las intromisiones ideológicas. No solo como "un deber y derecho de los padres", sino especialmente como garante de inculcar en los alumnos "el sentido de la vida plena, el sentido moral y religioso".

Comenzó transmitiendo a los padres que se disponen a matricular a sus hijos en los colegios la "importancia" de su decisión.

"No se puede trivializar. Es un aspecto fundamental en la formación integral de la persona y un elemento imprescindible en el ejercicio del derecho de libertad religiosa", afirmó.

También se dirigió a los políticos que "esgrimiendo la Constitución para otros temas, se muestran ambiguos en esta cuestión" y que "son contrarios a la enseñanza religiosa".

"Una vez más, lo repito, la enseñanza religiosa y moral está en la escuela en virtud de la Constitución misma que garantiza unos derechos fundamentales, incluido el de la libertad religiosa y el de la libertad de enseñanza, y el derecho a una educación integral", subrayó.

A lo largo del texto, Cañizares abogó por la permanencia de la enseñanza de Religión esgrimiendo su "sintonía" con la Constitución y con la "educación integral" recogida en ella, ya que "a esta corresponde la educación en el sentido de la vida plena, el sentido moral y religioso".

El cardenal se mostró partidario de "incidir" en que "los padres son quienes tienen el derecho de educar a sus hijos conforme a sus propias convicciones y creencias".

"La enseñanza de la Religión en la escuela no es un privilegio de la Iglesia Católica. Cuando el Estado garantiza la enseñanza de la religión y moral en la escuela cumple sencillamente con su deber; y fallaría en ese mismo deber para con los ciudadanos si no propiciase el libre y pleno ejercicio de este derecho o no posibilitase de manera suficiente su adecuado desarrollo", expresó.

En este sentido, también recordó que "la libertad de enseñanza o la capacidad de elegir un determinado tipo de enseñanza no se agota en la libertad de elección de centro" y denunció que "no en todas partes ni en todas las Comunidades Autónomas" se respeta como se debe. 

La enseñanza confesional, un bien a defender

Sin embargo, advierte de que no toda la responsabilidad recae en los políticos o el Estado: "Los padres y los alumnos han de defender y reclamar este derecho. Inhibirse o no reclamar todo lo legítimamente exigible en este terreno vale tanto como dejar libre el camino al recorte de otras libertades y a la desmoralización de la sociedad".  

Asimismo, incidió en que la educación religiosa "ha de ser confesional", frente a la afirmación de que esta "es algo atávico y una rémora para la modernización de la sociedad libre, autónoma y laica que la Iglesia trata de mantener como privilegio".  

Estos, añade, "intentan imponer un tipo de enseñanza en la que la religión y la moral confesional no cuente, desaparezca o se debilite".

También advirtió para "no caer en la trampa" de considerar la enseñanza religiosa como "un asunto privado o de la Iglesia". De hecho, expresa que en ella "está en juego la persona y la sociedad".

Por ello, concluyó animando a mostrar "un apoyo social mayor y más efectivo" a la enseñanza de Religión, "por la importancia que tiene para aprender a ser hombre y a realizarse como persona con sentido, libre y verdadera": "Lo que se haga [en torno a la Religión en las escuelas] contribuirá al rearme moral de nuestra sociedad y la humanización de la misma. ¡Padres, reclamad y exigir la enseñanza religiosa y moral católica confesional para vuestros hijos!".