Algunos santos tienen varias celebraciones a lo largo del año. Unos de carácter universal, como San Pedro o San José. Otros de carácter local, como aquellos de los que celebran traslaciones, o hechos importantes, como San Basilio, del que se conmemora su ordenación episcopal el 14 de junio. Y otros tienen festividades propias de las órdenes religiosas en que profesaron. Por ejemplo, los agustinos celebran la conversión y Bautismo de San Agustín, a 24 de abril; o los carmelitas, que recuerdan la Trasverberación de Santa Teresa, el 26 de agosto. En el caso de Santo Domingo, además del 4 de agosto (memoria para la Iglesia Universal), tenemos el 24 de mayo la elevación y traslación de las reliquias y además, esta que traigo hoy:

Santo Padre Domingo “in” Soriano. 15 de septiembre.

El convento.
El convento dominico de Soriano, Calabria, fue fundado en 1510, por Fray Vicente de Catanzáro. Hubo bastante oposición por parte del clero y los franciscanos de Soriano para que se fundase un convento más. Ya se sabe, a más entre repartir, menos ración. Dicen las crónicas que sucedió que eligiendo los dominicos un peñasco en medio de la ciudad, para fundar, pusieron una cruz. Pero siendo obligados a trasladarse más arriba, se llevaron dicha cruz y al otro día esta apareció en el peñasco del principio. Y ya sabemos, se entendió como signo divino que el convento se fundase allí, donde se había puesto la cruz primeramente. A pesar de esta leyenda, era un convento pobre y sin relevancia, uno más en la Orden hasta el 15 de septiembre de 1530.

El milagro.
Este día sucedió el prodigio: El lego sacristán del convento, Fray Lorenzo, encendía las velas del altar para cantar maitines, cuando vio a tres mujeres hermosísimas dentro de la iglesia, junto a la puerta. Pensando que había dejado la puerta abierta y se habían colado, se lamentaba por ello, pues las mujeres tenían prohibido el paso terminantemente a la zona claustral de los religiosos. Y esto se extendía a la iglesia, aun cuando fuera pública, mientras durasen los oficios de los religiosos. En este lamentarse estaba cuando la más hermosa y venerablede las tres le llamó y se desarrolló este diálogo:

-"¿Qué iglesia es esta? ¿quien habita este convento?
-"Este convento es de frailes predicadores, y la iglesia se llama de Sto. Domingo" - respondió Fray Lorenzo.
-"¿Y hay aquí alguna imagen de Santo Domingo?" – continuó la señora.
-"Señora, aquí no hay otra imagen de este santo que una burdamente pintada en la pared, bajo la cual hay un altar para decir misa".
-"Ahora pues" - replicó la señora - "toma esta, y llévala tu superior, y dile que la coloque sobre el altar".


Y sacó bajo el manto un lienzo enrollado, y se lo dio. El lego, muy turbado, dio las gracias y sin despedirse corrió adonde el superior, al que encontró camino del coro con los otros frailes para cantar los maitines, y le contó lo pasado. El vicario le regañó por dejar la puerta abierta, desenvolvió el lienzo y admiraron la belleza de la obra, que piadosamente representaba al Santo Padre. Fue excusado el lego y todos veneraron la bella imagen donada. Bajaron a la iglesia y no hallaron a las devotas donantes, y como era medianoche, volvieron dentro, dando gracias a Dios por la bienhechora y pusieron el lienzo en el altar. La noche siguiente, se le apareció Santa Catalina de Alejandría a un padre del convento y le dijo:

-"Vengo a sacarte de la sorpresa en que estás acerca del suceso de la noche pasada. Sabrás que la imagen del santo no se pintó en la tierra. Quien la trajo fue la Reina de los Ángeles, Madre de Dios, en cuya companía vinimos Santa María Magdalena y yo, que como hermanas y patronas de esta Orden de Predicadores, asistimos siempre a todos los favores, y á este singular que Dios le ha hecho".

Ambas santas son patronas de la Orden. Antiguamente eran celebradas con fiesta solemne y octava.


Y esto es lo que se sabe del lienzo. Como vemos, todo parece ser una historia adornada para dar categoría a la imagen de Soriano, ciertamente bella y veneradísima. Salvo el sacristán y este padre, no hay constancia histórica de que haya sido así, tendríamos que confiarnos de sus palabras. Aunque hay un testimonio jurado de un religioso anciano, que era joven cuando el suceso, que juró ser como os lo he contado, pero claro… ni vio a las señoras, ni menos la segunda aparición de Santa Catalina mártir.

La imagen:
Lo primero que destaca en la imagen es su sencillez y su belleza humilde. No es un gran lienzo, que destaque por su ejecución, cromatismo o belleza de la figura. Pintores que han desarrollado el tema, como Zurbarán o Caravaggio,lo han plasmado con más maestría. Nos dice Juan Bautista Polo:

"Está pintada en tela grosera y al agua; es el cuerpo de mediana estatura, de seis palmos cabales; tiene en la mano derecha un libro puesto de canto, y en la siniestra una azucena blanca, insignias del Doctorado, y de la pureza virginal, que conservó por un especial favor del cielo, hasta su dichosa muerte. Veese el retrato del Sto. Patriarca de venerable aspecto, grave y mortificado, el rostro algún tanto afilado, nariz aguileña, pelo de barba y cabeza entre rubio y cano, mas canas que pelos rubios, el color del rostro blanco, algo pálido, y con arrugas de la penitencia no de la edad, ojos grandes y serenos, que de cualquier parte que los miren parece que ellos están mirando allí, con agradable severidad, boca pequeña y labios rojos, los habitos cortos, que descubren los zapatos, y no pasan del talón; finalmente, toda la pintura está manifestando en sencillez de pinceles y colores, soberanía de artificio."


Y continúa con otros elogios, como que el santo cambia de expresión. Unas veces lo ven triste, otras melancólico, algunas veces alegre y otras preocupado. Asmimismo que algunos pintores que han intentado copiar la imagen:

"han salido del rostro unos celestiales resplandores, con los que ofuscados, han dejado imperfecta la Copia, y arrimando los pinceles, llenos de devoción y de dolor de sus pecados, se arrojaban delante de esta prodigiosa Imagen, y le pedian que pudiesen retratarla mejor con las obras, que con los pinceles humanos".


Se cuenta que durante 10 años estuvo corriendo el agua por el peñasco sobre el que se puso la pintura y que no se dañó en nada. En 1540, pensando el nuevo superior que tanta humedad dañaría el lienzo, la trasladó solemnemente a un retablo junto a la puerta de la iglesia, donde la aparición de la Virgen y las santas. Pero esa misma noche la imagen regresó al mismo sitio y por la mañana se reprendió al sacristán, pensando que este la había vuelto al altar. Otro traslado y de nuevo al sitio de origen, y una tercera vez, por lo cual se entendió que era la voluntad divina, como suele pasar. Y en fin, que entre tanto prodigio, la devoción aumentó y en 1590 se comenzó la construcción de una nueva y bella iglesia de estilo renacentista y un convento para los religiosos. Actuamente la imagen aparece en un retablo de piedra tallado de dudoso gusto.


Fuente:
-"Aparición y milagros de la prodigiosa imagen del patriarca Santo Domingo de Soriano". FR. JUAN BAUTISTA POLO. OP. México, 1827.