Un estudio genético y estadístico realizado sobre 493.001 personas por parte de 21 científicos multidisciplinares de varias nacionalidades ha concluido que no existe lo que popularmente se conoce como "gen gay", es decir, un conjunto de factores genéticos claramente identificables que permitan predecir la atracción por el mismo sexo. No se nace gay.

Primer estudio con potencial estadístico suficiente

El estudio de Andrea Ganna y colaboradores (entre los cuales figuran científicos del MIT [Massachusetts Institute of Technology], de las universidades de Harvard y Cambridge y del Instituto Karolinska de Estocolmo) se titula Un GWAS a gran escala ofrece una nueva visión de la arquitectura genética del comportamiento sexual con el mismo sexo, y se publica con fecha 30 de agosto en la revista Science.

Un GWAS (Estudio de Asociación de Genoma Completo, por sus siglas en inglés) es un estudio en el que se comparan los marcadores de ADN en todo el genoma de las personas con un rasgo determinado, con los de las personas que no lo tienen. Es, por tanto, fuertemente predictivo de la componente genética de cualquier enfermedad, trastorno o característica sometida a estudio. 

Los autores explican que anteriores estudios sobre la componente genética del comportamiento homosexual no tenían entidad suficiente para "detectar señales genéticas" de "genes concretos". Esta investigación, por su magnitud, sí tiene esa capacidad: "Por primera vez, los nuevos conjuntos de datos a gran escala aportan suficiente potencial estadístico para identificar variantes genéticas asociadas con el comportamiento sexual con personas del mismo sexo (los que han tenido alguna vez una pareja del mismo sexo frente a los que no la han tenido nunca), para estimar la proporción de variación en el rasgo según todas las variables en su conjunto, para estimar la correlación genética entre el comportamiento sexual con personas del mismo sexo y otros rasgos, y para analizar la biología y la complejidad del rasgo".

Y la conclusión es clara: "El comportamiento sexual con el mismo sexo no está influenciado por uno o pocos genes, sino por muchos... Hay múltiples marcadores implicados en el comportamiento sexual con el mismo sexo que indican que, como otros rasgos de comportamiento, el comportamiento no heterosexual es poligénico".

En consecuencia, y "en conjunto, todas las variables genéticas medidas presentaban entre un 8 y un 25% de variación en el comportamiento sexual con el mismo sexo, solo parcialmente coincidente entre hombres y mujeres, y no permiten una predicción significativa del comportamiento sexual de un individuo".

Es más, uno de los puntos de susceptible ampliación de su investigación es precisamente "cómo las influencias socioculturales sobre la preferencia sexual pueden interaccionar con las influencias genéticas".

En previsión de ataques

Conscientes de que la recepción de estos datos será polémica, los autores advierten que sus resultados "no permiten afirmaciones concluyentes sobre el grado en el que la 'naturaleza' o el 'entorno' influyen sobre la preferencia sexual".

Aclaran que su utilización del término "comportamiento no heterosexual" para diferenciarlo del "comportamiento heterosexual" no pretende otorgar a aquél una "connotación negativa" ni a éste una "connotación positiva".

Y señalan que utilizan los términos "macho" y "hembra" en vez de los de "hombre" y "mujer" porque sus análisis "se refieren al sexo biológicamente definido, no al género". Por el mismo motivo, en su estudio no han incluido personas "transgénero, intersexo u otros importantes grupos de la comunidad queer", esto es, "todas aquellas personas cuyo sexo biológico y cuya autoidentificación de sexo/género no coincida". Lo consideran una "importante limitación" a su estudio, aunque es casi una condición inherente al estudio mismo: ¿cómo encontrar una correlación genética asociada al comportamiento homosexual en un hombre biológico que, autopercibiéndose como mujer, se siente atraído por las mujeres?

También ponderan el alcance de un hallazgo significativo en el análisis de rasgos: "Encontramos varios rasgos de personalidad, comportamientos de riesgo y trastornos de la salud mental con una significativa correlación genética con el comportamiento sexual con el mismo sexo. Pero no rasgos físicos".

Enseguida apuntan que "los procesos causales subyacentes a estas correlaciones genéticas no están claros y podrían ser generados por factores ambientales relacionados con los prejuicios contra las personas que mantienen un comportamiento sexual con el mismo sexo, entre otras posibilidades".

Respecto a la influencia de los prejuicios, un periodista gay, Michael Hobbes, publicó en marzo de 2017 en The Huffington Post  un documentado artículo basándose en su propia experiencia y la de numerosos amigos y conocidos. Señalaba la persistencia de los sentimientos de soledad y tristeza, eventualmente derivando a trastornos de la personalidad o psiquiátricos, en personas con atracción por el mismo sexo que nunca fueron acosados, sino incluso socialmente arropados en su orientación sexual.

Complementariamente, y también en The Huffington Post, otro activista gay, Chad Felix Greene, partía asimismo de su experiencia personal y la de casi todos sus conocidos para denunciar el abuso de menores (con habituales consecuencias sobre la estabilidad emocional de la víctima) como una forma habitual de iniciación en la vida gay: "Me sorprendió descubrir que casi todos ellos habían experimentado lo mismo que yo...  Aunque el mundo LGBT parece ignorar esta realidad, esto parece ser algo absolutamente universal y no ligado a la época en la que los jóvenes gays tenían menos opciones... Los hombres gay parecen tener la opinión generacional de que el sexo con adolescentes es un rito de iniciación y una necesidad, en la medida en la que los adolescentes gays no tienen otra opción para explorar quiénes son. Nuestra cultura [gay] no está dispuesta a considerar que lo que nosotros mismos experimentamos como adolescentes no debería ser la norma aceptada".

"No existe el 'gen gay'"

Los autores del artículo de Science resumen así su conclusión esencial: "Hemos identificado marcadores significativos de genoma completo asociados con el comportamiento sexual con el mismo sexo, y hemos encontrado una contribución más amplia de la variación genética común. Hemos establecido que la arquitectura genética subyacente [al comportamiento sexual con el mismo sexo] es enormemente compleja; ciertamente no existe un único determinante genético (a veces denominado por los medios 'gen gay'). Más bien, numerosos marcadores con pequeños efectos individuales están esparcidos por todo el genoma y coinciden parcialmente en hombres y mujeres, contribuyendo positivamente a las diferencias individuales en la predisposición al comportamiento sexual con el mismo sexo. Las variables comunes medidas explican solo parcialmente la heredabilidad genética a nivel de población y no permiten una predicción significativa sobre la preferencia sexual de un individuo".

En un artículo del mismo número de Science (¿Cómo afectan los genes al comportamiento sexual con el mismo sexo?), Melinda Mills, del departamento de Sociología de la Universidad Oxford, lo expresa de forma aún más clara: "Aunque [Ganna y colaboradores] encontraron marcadores genéticos concretos asociados con el comportamiento sexual con el mismo sexo, cuando combinaron los efectos de esos marcadores en una valoración de conjunto, los efectos son tan pequeños (por debajo del 1%), que esa puntuación genética no puede en modo alguno utilizarse para predecir el comportamiento sexual con el mismo sexo de un individuo".