En plena Provenza francesa y perteneciente a la diócesis de Frejus-Toulon se encuentra Cotignac, un lugar muy especial en el que se ha aparecido tanto la Virgen como el propio San José, la única aparición reconocida por la Iglesia del esposo de María. Es un lugar especial para la Sagrada Familia y donde se han producido numerosos hechos extraordinarios. De hecho, el santuario lleva por nombre Nuestra Señora de las Gracias.

Hasta allí a lo largo de los siglos han ido miles de peregrinos, tanto de manera individual como también en familia, para pedir ayuda de la Virgen y también de San José. Y es lo que hicieron también el pasado año el matrimonio formado por Filippo y Marianne, ante la gravísima enfermedad de su hijo Luca. Y las gracias se derramaron enormemente sobre esta familia. “¡La recuperación de nuestro hijo es espectacular!”, confirma esta familia.

Este matrimonio llegó a Cotignac como familia en misión y en pleno año de San José, les tocó afrontar la dura prueba del cáncer de su hijo Luca. Ya conocían el poder sanador de este santuario por experiencia propia, pero no imaginaban lo que Dios les tenía preparados.

Fue en junio de 2000 cuando Marianne fue por primera vez a los santuarios de Cotignac. Atraída desde su juventud por la Sagrada Familia, aceptó la propuesta de acompañar al grupo de catequesis de su tercer hijo en una peregrinación de un día hasta allí.

En secreto, esta mujer sufría una gran depresión. Mientras, se esforzaba por subir la colina que conduce al santuario de Nuestra Señora de las Gracias su corazón se aceleró, obligándola a detenerse.

Marianne recuerda aquel instante: “me vino a la mente una oración: ‘¡María, ayúdame a levantarme!’”. Durante la misa no paró ni un segundo de llorar sintiendo detrás de ella una presencia misteriosa y consoladora. Una persona, vestida con una capa y cuyo rostro no puede ver, le recuerda instantáneamente a José.

Santuario de Nuestra Señora de las Gracias en Cotignac (Francia).

Cuando llegó a Le Bessillon (santuario de San José en Cotignac) por la tarde, el calor era sofocante “¡En este camino tan pedregoso, lo dejé todo! Luego fui a beber a la fuente. Cuando volví a casa, ya no era la misma persona. ¡Fue como un nuevo nacimiento! Ya estaba curada e iba a misa todos los días”, relata.

Durante los años siguientes, las pruebas marcaron el camino de fe de la pareja. A finales de 2003, Marianne se enteró de que estaba embarazada de Luca, su cuarto y último hijo, justo cuando experimentaba un momento de sufrimiento.

Este embarazo inesperado a los 43 años le trajo una profunda alegría. “La vida reaparece a través de la oscuridad“, testifica ella.

Pero años después ya en la Navidad de 2020, Luca se quejó de un bulto en la espalda. A principios de enero, una ecografía reveló su alarmante estado. Tras un gran número de exámenes y pruebas llegó el terrible diagnóstico: el adolescente sufría un tumor de más de 30 centímetros que empujaba su corazón hacia la derecha.

Luca fue transferido a un primer hospital, y se preparó para recibir quimioterapia y cuidados intensivos. Su problema cardíaco desafiaba a los médicos, que nunca han visto esto y consultaron a especialistas de toda Francia.

Llegó a un punto en el que Luca ya no podía respirar y fue trasladado de urgencia a otro hospital donde finalmente pasará cinco semanas en la unidad de cuidados intensivos. Una operación estaba programada para el 11 de marzo, pero con un panorama nada halagüeño: “su hijo va a perder su pulmón. Varias costillas están afectadas y su corazón será mantenido por una máquina. Es posible que Luca ya no pueda caminar. Prepárate para lo peor…”.

Para sostenerle y sostenerse, Marianne preparó un pequeño altar para la Virgen María sobre la cama de su hijo. Ella imitó a María guardando en su corazón las palabras que iba escuchando. Eligiendo abandonarse a la Sagrada Familia, logró atravesar estos momentos dolorosos con una paz sobrenatural.

A la vez se produjo una impresionante cadena de oración. Se sucedieron novenas, noches de adoración, misas celebradas por Luca en Nuestra Señora de las Gracias, en Bessillon, en Laus, en Lourdes, Pontmain, Paray-le-Monial e incluso en Mont Royal en Canadá, Burkina o Italia…

“¡Traspasó fronteras! Mi sobrino abrió un nuevo canal en Facebook y muchos musulmanes se unieron a nuestras oraciones. ¡Qué poder despliega la oración en la unidad de los hijos de Dios!”, señala la madre de este adolescente.

A pesar de su sufrimiento, Luca nunca se quejó y el equipo médico lo apodó ‘el guerrero’. Recibió dos veces la Unción de Enfermos. Contrariamente a todos los pronósticos, la operación salió bien: se extirpó el tumor y Luca pudo quedarse con su pulmón. Aplastado, este último recupera gradualmente su lugar.

Un mes después de la operación, el especialista que trataba al joven exclamó: «recuperación espectacular». Marianne recuerda que al escuchar la noticia, hasta los oncólogos saltaban de alegría por los pasillos.

Para ella, no había duda: “¡es la oración la que salva!”. Llena de gratitud, agradeció a los médicos su trabajo, a todas las personas que rezaron por su hijo y a los sacerdotes que celebraron misas: “la curación de Luca es de cada uno de ustedes, es de Dios Todopoderoso. Sí, el Señor hizo maravillas por mí. Incluso hoy, actúa con poder. ¡Gloria y alabanza a ti, Señor! Jesús, María, José, ¡cuánto os amo!”.

La historia de las apariciones

El 10 de agosto, fiesta de San Lorenzo, del año 1519, la Virgen María, acompañada de San Miguel Arcángel y San Bernardo, se apareció en el campo a un hombre muy piadoso llamado Jean de la Baume, y le mandó decir en su nombre al clero y a la comunidad de Cotignac que fueran en procesión al Mont Verdaille, y que construyesen una iglesia, bajo el nombre de Notre-Dame de Grâces (Nuestra Señora de las Gracias), por cuanto ella quisiera conceder muchas gracias y favores a quienes la invocasen en este lugar.

Un ilustre peregrino, el rey Luis XIV, acudió a agradecerle el regalo de su nacimiento. Hoy en día se realizan muchas romerías en el santuario, especialmente para padres y madres, parejas que desean tener hijos, etc.

Por su parte, la aparición de San José se produjo el 7 de junio de 1660, alrededor de las 13:00 horas. Gaspard Ricard, un pastor de 22 años, cuidaba su rebaño en el monte Bessillon. El calor era abrasador y tenía mucha sed cuando de pronto vio “un hombre a su lado” que señalaba una piedra pesada y le dijo: “Yo soy José, llévatela y beberás”.

Ante la sorpresa y vacilación del joven pastor, la aparición reitera su consejo. Gaspard levantó fácilmente la roca y descubrió un manantial. Luego bebió hasta saciarse y corrió a llevar la noticia al pueblo. En un lugar que todos sabían que no tenía manantial, ahora brotaba agua fresca. Por estas apariciones, Cotignac es muchas veces llamado el pueblo de la Sagrada Familia.

Publicado originariamente en Cari Filii News