El pasado 11 de junio, Patrick Kelly tomó posesión como caballero supremo de los Caballeros de Colón. Lo hizo en la iglesia de Santa María en New Haven (Connecticut) de manos del arzobispo de Baltimore, William E. Lori, capellán supremo de este grupo.

Los Caballeros de Colón tienen una repercusión a nivel mundial puesto que esta orden de hombres laicos católicos es muy probablemente la más numerosa y rica de las que hay en el mundo. Tiene en estos momentos más de 1,9 millones de miembros organizados en 15.000 consejos locales de EEUU y también de otros países.

Esta enorme asociación católica fue fundada en 1882 por el sacerdote Michael J. McGivney, beatificado en 2020, que creó en EEUU una red de hombres católicos comprometidos a crecer en la fe así como en la ayuda mutua y al necesitado.

Kelly, casado y padre de tres hijas, ha sustituido a Carl A. Anderson, que ha permanecido en el cargo de caballero supremo durante dos décadas. Y la nueva cabeza de los Caballeros de Colón quiere seguir este espíritu fundacional de católicos comprometidos y por ello en su primer discurso tras su toma de posesión habló de la prioridad de defender la familia ante un ataque sin precedentes en la historia y del papel que el hombre, como padre de familia, debe tomar en esta batalla. Y para ello pidió la protección de San José.

De este modo, Patrick Kelly considera, tal y como explicó a Rome Reports, que “una de las cosas que más necesita el mundo de nuestros días es hombres con el temple de San José”. Por ello, recalcó que “uno de los asuntos en los que nos tenemos que centrar es fortalecer la fe dentro de las familias católicas. Creo que es un reto que tenemos en esta cultura porque las familias están en una lucha”.

Durante su discurso ante los representantes de los Caballeros de Colón, su nuevo director ejecutivo consagró todo su mandato a San José y destacó al esposo de María como un modelo singular para todos los caballeros por sus roles de “guardián de la familia” y de “guardián de la verdad”.

Precisamente, la Iglesia está en plena celebración del Año Santo de San José, y dos de sus rasgos principales es el de padre protector y esposo amoroso.

Patrick Kelly con su mujer y sus tres hijas, en la ceremonia religiosa en New Haven

“La familia se enfrenta a un futuro desconocido y precario”, advirtió Patrick Kelly. En este sentido, agregó: “las familias católicas están luchando por vivir su fe y criar a sus hijos en medio de una cultura que es cada vez más hostil a nuestras creencias. Los esposos y padres católicos, especialmente los padres de niños pequeños, necesitan el aliento y el apoyo de Caballeros de Colón”.

“Podemos inspirarlos con el coraje creativo necesario para mantener a sus familias fuertes en la fe. Así que, como San José, aceptemos nuestro papel de guardianes de la familia”, animó el nuevo Caballero supremo.

Justo a continuación destacó el papel de San José como guardián de la verdad: "La verdad que José protegió tenía un nombre: Jesucristo, que es la verdad encarnada". Esta misma es ahora su obligación y por ello Kelly afirmó que “como Caballeros, nosotros también debemos servir a esta Verdad. Esto no es fácil en nuestros días. Las verdades sobre el matrimonio, sobre la vida en el útero, sobre la naturaleza de la familia y el significado de la libertad a menudo son negadas e incluso vilipendiadas. Sin embargo, esto hace que nuestro compromiso con la verdad sea aún más importante".

 

“Al defender la verdad”, continuó, “nosotros, como orden, continuaremos siendo un signo de unidad, la unidad verdadera y duradera que proviene de un compromiso con Cristo por encima de todas las demás cosas. Esta unidad en la verdad se basa en la verdad de la Eucaristía, lo que el Concilio Vaticano II llamó la 'fuente y cumbre de la vida cristiana' ”.

Para terminar, Kelly pidió a los Caballeros que recordaran al realizar su trabajo en sus ciudades: “Sabemos que Jesucristo está realmente, verdaderamente presente - cuerpo, sangre, alma y divinidad - en el Santísimo Sacramento. Comprometidos con nuestro principio de unidad, esforcémonos por servir a Cristo en la Eucaristía”.

Poco más tarde, en su primer discurso ante el resto de representantes de los Caballeros, Patrick Kelly incidió también en otras prioridades fundamentales a las que se enfrentan, como es la lucha provida: “En ninguna parte nuestro trabajo por los más vulnerables es más importante que nuestra defensa de los no nacidos. Y en ninguna parte hay más potencial de progreso”.

Del mismo modo, hizo una llamada a salir al rescate de una generación cada vez más solitaria e individualista. Según sus palabras, “dondequiera que miremos, los hombres están aislados, alienados y anhelando una vida con sentido. Los hombres jóvenes, en particular, buscan algo mejor. Muchos se están encerrando en sí mismos. Pero nuestra hermandad puede ayudarlos a mirar hacia afuera, hacia los demás, hacia una misión y un propósito que es más grande que ellos mismos. Ya sean estudiantes universitarios, esposos jóvenes, nuevos padres o Caballeros de toda la vida, nuestra hermandad puede ayudarlos a llevar la vida a la que Cristo los ha llamado”.

Igualmente llamó a la unidad en un tiempo complicado: “vivimos en una época de división e ira. Dentro de la sociedad y la Iglesia, las personas se están enfrentando entre sí. Pero mostramos un camino mejor, un camino de reconciliación, no de condena. Defendemos la verdad que une a las personas en una causa común y las une para perseguir el bien común".

Otra de las señas de identidad más importante de los Caballeros de Colón es la caridad, pero Kelly apostilló que es “una caridad que evangeliza”.

“Algunos piensan en la caridad como una filantropía o un mero voluntariado, pero sabemos que es mucho más. La Escritura nos dice que es la mayor de las virtudes. Es ver el rostro de Cristo en los demás. Es servir a Cristo como si estuviera frente a nosotros. Como nos dice nuestro Señor en el Evangelio de Mateo: “Todo lo que hiciste por uno de estos mis hermanos más pequeños, lo hiciste por mí” (Mt 25, 40). Por esta razón, estamos comprometidos con más que buenas acciones; estamos comprometidos con lo que San Juan Pablo II llamó ‘una caridad que evangeliza’”, agregó.