El Papa ha acudido a la ciudad italiana de Matera este domingo donde ha celebrado la Eucaristía de clausura del Congreso Eucarístico Nacional, una jornada en la que durante varios días cientos de personas han participado en actos de adoración y culto, culturales y solidarios, organizados por movimientos católicos, la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) y la diócesis anfitriona, de Matera-Irsina.

Del 22 al 24 de septiembre, la Jornada ha reunido oficialmente a unos 80 obispos y unos 800 delegados diocesanos bajo el lema “Volver al gusto del pan. Por una Iglesia eucarística y sinodal”.

La misa con el Papa se celebró en un estadio donde le esperaban unas 12.000 personas. El viaje del Papa fue distinto al previsto. En teoría, tendría que haber ido en helicóptero desde el helipuerto vaticano, pero debido al mal tiempo en Roma el itinerario cambió. Primero se trasladó en coche a Ciampino, desde allí, con un Air Force Falcon 900 al aeropuerto de Gioia del Colle (en Bari, el sur de Italia) y de allí a Matera en automóvil.

Matera es una ciudad famosa por sus panes, que tienen una denominación de origen especial reconocida por la Unión Europea. Ya en el siglo I, el poeta Horacio, que era de la región, decía que los panes de su infancia eran "los mejores del mundo". Por todo esto, la simbología eucarística del pan y la cultura del pan han estado muy presentes en estas jornadas eucarísticas de Matera.

Vídeo breve: el Papa saluda a las autoridad municipales de Matera.

Los fieles que esperaban al Papa han participado estos días en procesiones y encuentros por toda la ciudad. Muchos recordaron que Juan Pablo II vino a la ciudad hace 31 años. El sábado tuvo lugar una gran procesión eucarística por las calles de Matera, con Francesco Savino y Erio Castellucci, Vicepresidentes de la CEI, Giuseppe Baturi, Secretario General de la CEI, y Gianmarco Busca, Presidente de la Comisión Episcopal para la liturgia. También estuvo presente el cardenal Matteo Zuppi. Los fieles caminaron con ellos hasta la Plaza San Francesco d'Assisi y escucharon unas enseñanzas del obispo Pino Caiazzo.

La Eucaristía es para adorar a Dios, no al yo

Ante un público que llevaba ya varios días reflexionando sobre el misterio de la Eucaristía, el Papa insistió en que "la Eucaristía nos recuerda la primacía de Dios" y "nos llama al amor a nuestros hermanos". Además, apuntó, "el que adora a Dios no se convierte en esclavo de nadie".

El Papa analizó el Evangelio del Día: el rico Epulón que alardea de sus posesiones y el pobre Lázaro que sólo espera las migajas. “El pan no siempre se comparte en la mesa del mundo; no siempre emana la fragancia de la comunión; no siempre se parte en justicia”, denunció el Pontífice.

El rico solo se adora a sí mismo, a su bienestar. De hecho, la Biblia no da nombre a este rico (Epulón es un nombre que le asigna la tradición). El rico es sus bienes, no tiene identidad propia. Por el contrario, la Eucaristía recuerda "la primacía de Dios", la necesidad de alimentarse de Dios.

"Qué triste es esta realidad aún hoy, cuando confundimos lo que somos con lo que tenemos, cuando juzgamos a las personas por la riqueza que tienen, los títulos que ostentan, los papeles que desempeñan o la marca de ropa que llevan. Es la religión del tener y del parecer, que a menudo domina la escena de este mundo, pero que al final nos deja con las manos vacías", ha advertido el Papa.

Lázaro es el nombre que Jesús da al pobre y significa "Dios ayuda". “A pesar de su condición de pobreza y marginación, puede mantener su dignidad intacta porque vive en relación con Dios”, señaló el Papa.

"He aquí, pues, el desafío permanente que la Eucaristía ofrece a nuestra vida: adorar a Dios y no al yo. Ponerlo a Él en el centro y no a la vanidad del yo. Para recordar que sólo el Señor es Dios y que todo lo demás es un regalo de su amor. Porque si nos adoramos a nosotros mismos, morimos en la asfixia de nuestro pequeño yo; si adoramos las riquezas de este mundo, se apoderan de nosotros y nos hacen esclavos; si adoramos al dios de la apariencia y nos embriagamos en el despilfarro, tarde o temprano la vida misma nos pedirá la cuenta".

Papa Francisco en la misa del Congreso Eucarístico Italiano, en Matera.

El que adora a Dios no es esclavo de nadie

El Papa señaló que adorando al Señor en la Eucaristía recibimos "una nueva mirada sobre nuestra vida".

"Yo no soy las cosas que poseo y los éxitos que consigo alcanzar; el valor de mi vida no depende de lo mucho que pueda presumir, ni disminuye cuando fracasé y fallé. Soy un hijo amado; estoy bendecido por Dios; Él ha querido revestirme de belleza y me quiere libre de toda esclavitud. Recordemos esto: el que adora a Dios no se convierte en esclavo de nadie. Redescubramos la oración de adoración: nos libera y nos devuelve nuestra dignidad de hijos".

Además, la Eucaristía llama a amar al hermano. Abraham dice al rico: "Entre nosotros y tú se abre un gran abismo". El Papa comenta: "Fue el hombre rico quien cavó un abismo entre él y Lázaro durante su vida terrenal y ahora, en la vida eterna, ese abismo permanece”.

De hecho, nuestro futuro eterno depende de esta vida presente: “Si cavamos un abismo con nuestros hermanos ahora, ‘cavamos nuestra propia tumba’ para después; si levantamos muros contra nuestros hermanos ahora, quedamos presos en la soledad y la muerte incluso después”.

El Papa enumeró ejemplos de este abismo hoy: "Las injusticias, las desigualdades, los recursos de la tierra injustamente repartidos, los abusos de los poderosos contra los débiles, la indiferencia ante el grito de los pobres, el abismo que cavamos cada día generando marginación, no pueden dejarnos indiferentes. Por eso, hoy, juntos, reconozcamos que la Eucaristía es una profecía de un mundo nuevo, es la presencia de Jesús que nos pide que nos comprometamos para que se produzca una conversión efectiva: de la indiferencia a la compasión, del derroche al reparto, del egoísmo al amor, del individualismo a la fraternidad".

Volvamos al sabor del pan

El Pontífice invitó a soñar una “Iglesia eucarística”, “una Iglesia que se arrodilla ante la Eucaristía y adora con admiración al Señor presente en el pan; pero que también sabe inclinarse con compasión ante las heridas de los que sufren, levantando a los pobres, enjugando las lágrimas de los que padecen, haciéndose pan de esperanza y alegría para todos”.

"Volvamos al sabor del pan, porque mientras tenemos hambre de amor y de esperanza, o estamos rotos por las fatigas y los sufrimientos de la vida, Jesús se convierte en alimento que nos alimenta y nos sana. Volvamos al gusto por el pan, porque mientras la injusticia y la discriminación de los pobres siguen produciéndose en el mundo, Jesús nos da el Pan de Compartir y nos envía cada día como apóstoles de la fraternidad, la justicia y la paz".

Los migrantes, los secuestrados en Camerún y Myanmar

Al final de la misa, el Papa ofreció la oración del Ángelus recordando varias situaciones dramáticas en el mundo: Italia, donde nacen pocos niños; Myanmar, donde hay violencia y 11 niños murieron en el ataque a una escuela; Ucrania, donde los líderes mundiales deben ser capaces de detener la guerra; Camerún, donde sacerdotes y laicos están secuestrados, y los migrantes y refugiados, cuya jornada celebra la Iglesia este domingo.

Sobre Myanmar, país asiático azotado "desde hace más de dos años por graves enfrentamientos armados y violencia", recordó "el grito de dolor por la muerte de los niños en una escuela bombardeada" esta semana. Después, el Papa improvisó unos comentarios: "¡Vemos que es moda, bombardear escuelas, hoy, en el mundo! ¡Que el clamor de estos pequeños no pase desapercibido! ¡Estas tragedias no tienen que suceder!" (El dramático ataque de helicópteros, que según testigos eran gubernamentales, tuvo lugar el 16 de septiembre en la región de Sagaing).

Sobre la Jornada del Migrante, el Papa afirmó: “Renovamos nuestro compromiso de construir el futuro según el plan de Dios: un futuro en el que cada persona encuentre su lugar y sea respetada; donde las personas migrantes, refugiadas, desplazadas y víctimas de la trata puedan vivir en paz y con dignidad”. Y añadió: "el Reino de Dios se realiza con ellos, sin ser excluidos".

Sobre los migrantes, recordó las 4 palabras o fases que siempre cita y exige: "acogidos, acompañados, promovidos e integrados”.

En el vídeo, un Via Lucis eucarístico en Matera.