En el marco del 75 aniversario de la fundación de Cáritas Española, el Papa Francisco ha recibido este lunes en audiencia privada al Consejo General de la organización. Encabezaron la delegación su presidente, Manuel Bretón, su secretaria general, Natalia Peiro, y el cardenal arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Juan José Omella. También estuvieron presentes otros 30 miembros de Cáritas, entre los que se encontraban el obispo responsable de Cáritas, Jesús Fernández.

El Papa Francisco se dirigió a los presentes para felicitar a Cáritas en su 75 aniversario al haberse ganado "el respeto de la sociedad española, porque la Caridad, el Amor con mayúsculas, es el rasgo más esencial del ser humano creado a imagen de Dios".

Animó a que "el modo de amar divino" sea la "pauta del trabajo de Cáritas", especialmente en torno a la "comunión con Dios y con el hermano".

"Vuestro esfuerzo se encamina precisamente a reconquistar esa unidad a veces perdida en las personas y en las comunidades", subrayó.

A lo largo de la audiencia, Francisco sugirió a la organización algunas pautas a seguir en los tres retos fundamentales en la labor de Cáritas.

En primer lugar, recordó a que "los resultados o cumplir objetivos programados" no deben ser nunca los rectores del quehacer de la organización.

En su lugar, instó a sus miembros y colaboradores a "ponerse delante de esa persona que está rota, que no halla su lugar, acogerla y abrir para ella caminos de restauración de modo que pueda encontrarse a sí misma, siendo capaz a pesar de sus limitaciones y las nuestras, de buscar su sitio y abrirse a los demás y a Dios".

Ofrecer "una vida nueva" y "no caer en la empresa de la Caridad"

También remarcó la importancia de realizar acciones significativas, ya que "no bastan gestos que buscan salir del paso pero que no promueven un verdadero cambio en las personas".

Esto, advirtió, "les mantiene encadenados al subsidio, impidiendo su desarrollo. Al pobre siempre hay que recibirlo, acompañarlo e integrarlo. No basta dar, hay  que darse", remarcó, pues "la caridad supone una donación de la propia vida, y esto será significativo más allá de la acción concreta, cuando ofrezca a la persona una puerta abierta hacia una vida nueva".

Por último, llamó a Cáritas a ser "esa mano tendida que es de Cristo cuando la ofrecemos al que nos necesita"  y que, al mismo tiempo, "permite agarrar a Cristo cuando Él nos interpela en el sufrimiento del hermano".

En este sentido, remarcó la importancia de "mirar al hermano que está caído" y de no caer "en la gran empresa de la Caridad, donde el 40, el 50 o el 60% de los recursos se va para pagar sueldos a los que trabajan en ella".

En su lugar, Francisco concluyó instando a tener "las menos mediaciones posibles" y que, "las que haya y en las que se pueda, sean por vocación" y no "por empleo".