«¿Cuánto cobras, hermanita? ¿Tan poquito? ¿Nadie te ha dicho que vales toda la sangre de Cristo?»

Así inicia Salvador Íñiguez muchos de los encuentros que una noche a la semana mantiene con prostitutas y travestis en la ciudad mexicana de Guadalajara.

Impulsado por su amor a la Virgen María, Salvador hace años que se siente llamado a realizar este apostolado tan peculiar en el mundo de la prostitución.

Su testimonio ha dado la vuelta al mundo gracias a la película documental Mary’s Land. Tierra de María, de Juan Manuel Cotelo.


- Me lleva el saberme hijo de Dios, el saberme cristiano bautizado y miembro de la Iglesia apostólica. Siento que es mi deber anunciar la Buena Nueva a quienes no conocen el amor de Dios en sus vidas; quienes no lo conocen porque pocos o casi nadie se atreve a compartirlo con ellos.

»En contacto con el mundo de la prostitución he descubierto corazones heridos como el mío y como el de todos, pero con menos posibilidades de conocer el amor de Dios por las circunstancias adversas en la historia de sus vidas.

- Desde hace aproximadamente 7 u 8 años. En realidad sólo voy un día a la semana a una zona específica de prostitución aunque a veces me encuentro prostíbulos sin querer a mi paso por la ciudad.

»Por lo común, yo trabajo por las mañanas un turno de 6 horas y las tardes y noches las dedico a mi apostolado «María Reina de la Paz: Dame tu corazón herido». Los prostíbulos no son la única actividad que tengo. También visito enfermos, llevo comida a indigentes, drogadictos e inmigrantes, llevo despensa en la medida de mis posibilidades a personas necesitadas, a prostitutas que tienen hijos que mantener, etc.



- Una noche en los prostíbulos implica, primero de todo, tomar el tiempo necesario para llenarte de lo que quieres compartir. Y si vas a compartir el amor de Dios, pues lo primero es llenarte de Él...

»Eso significa que hay que dedicar el tiempo necesario para ir a misa, después adorar mínimo una hora a Jesús sacramentado, rezar y orar frente a Él... Yo suelo rezar también la coronilla de la Divina Misericordia, le pido su Espíritu Santo para que me dé las palabras necesarias para acercarme con estos hermanos y hermanas y no faltar a la caridad en ningún momento... Y después, ¡manos a la obra!


- Mi mirada hacia ellas es una mirada de compasión. Las siento mis hermanas, mis hermanos... Los quiero con un amor fraternal, se han convertido en personas importantes en mi vida. Ellos y ellas merecen mi respeto. Trato de ver en ellas a Cristo Jesús.

-Son palabras que no comprendía de verdad hasta que comencé a vivir esta experiencia... Cuando las prostitutas y los travestis experimentan el amor grande de Dios y que no las condena, sino todo lo contrario, su conversión acostumbra a ser muy grande.

»Experimentan un amor misericordioso e incondicional, un amor que no las señala y su respuesta suele ser generosa. A muchos de los que nos decimos cristianos apostólicos romanos, con una cola de títulos en institutos eclesiales conquistados durante años, no se nos logra ver esa conversión de la que habla el Evangelio. Es la conversión de la que hablaba Juan Bautista, la que pide Jesús y que actualmente la Virgen nos pide en sus diversas apariciones en el mundo.

»Entre las prostitutas he descubierto a mujeres que luchan por sacar adelante una familia. Medio mundo les ha cerrado las puertas en trabajos, las juzga y las condena... Y ellas son orilladas a ejercer este estilo de vida por tanta injusticia en la sociedad.


- Un mensaje de amor, de misericordia y de paz.


- En un principio no, porque ellos y ellas no pidieron que alguien se acercase a hablarles de Dios. Menos cuando la sociedad y algunos miembros de la Iglesia les han hecho saber y sentir que viven condenados en vida...

»Al principio tuve que soportar insultos, amenazas y empujones. Pero si a Jesús, siendo el Hijo de Dios, lo tratamos peor que basura, ¿qué se puede esperar para nosotros?... Con el tiempo y la relación la mayoría acepta y espera el mensaje.



- Camino con la bandera de la paz... Riesgos existen en toda misión emprendida en nombre de Cristo. Yo sólo me acerco a compartirles un mensaje de Amor, Misericordia y Paz...

»Intento ser prudente y respetuoso y me he sabido ganar el respeto de los chulos y de algunos líderes delictivos de la zona. A ellos también les comparto el mensaje, les doy rosarios y estampas de la Virgen y lo agradecen. Y respecto a las mafias, yo no me meto dentro en esa problemática, las autoridades lo saben y hasta se pasean por ahí.


- No, miedo no. En su momento nerviosismo sí, pero miedo no. Confío en Jesús. El papa Juan Pablo II no se cansaba de decirnos: «¡No tengan miedo!» Y la Santísima Virgen en Medjugorje en innumerables mensajes nos repite: «No tengan miedo yo estoy con cada uno de ustedes.»

»He recibido algunas amenazas, como mostrarte una pistola a la cintura, pero pronto ven como hablas y a lo que vas, y no pasa a mayores. Das un rosario y una estampa de la Virgen y problema solucionado. ¡Y tan amigos!

- Mi objetivo es que ninguno de ellos y ellas mueran sin saber que Dios les ama y que tenemos una Madre en el Cielo que vela por nosotros aquí en la tierra... Mi objetivo es que conozcan la Palabra de Dios, su amor, que experimenten su misericordia y su paz…

»Es darles un seguimiento y acompañamiento espiritual asesorándoles si necesitan recurrir a alguna estancia o lo que requieran. Me gustaría tener una casa donde brindarles apoyo moral y espiritual, pero mi economía apenas me da para vivir.

»Yo no les planteo salir de la prostitución. Eso les corresponde a ellos y a ellas. La respuesta al cambio es libre y personal, yo sólo ofrezco lo que tengo y no es mucho.

- Una gracia de Dios, un regalo, un don... Jamás imaginé algo así. Yo sólo prometí a Jesús consagrar mi vida difundiendo su palabra y el mensaje de Medjugorje a los más pobres entre los pobres y olvidados. De pronto llega esto y cuando menos lo esperé me veo envuelto en un torrente de bendición... Esto me ha hecho conocer gente nueva, países nuevos para mí.