Basta teclear en la Red La vida ante sus ojos, o The life before her eyes, para encontrarse un buen arsenal de foros en torno a su escena final, de esas que pueden dar lugar a un video-forum entero. No debe hacerlo, por supuesto, quien no haya visto la película. Es como  curiosear sobre El sexto sentido y verla después: se le quita toda la gracia.

Pero no se desvela ningún secreto al afirmar que se trata de uno de los más contundentes alegatos antiabortistas que ha producido el cine moderno. Y tanto más llamativo cuanto que está interpretado por una actriz de primer nivel como Uma Thurman (Boston, 1970), que además apoyó la multitudinaria marcha proabortista celebrada en Washington el 25 de abril de 2004 en favor de los «derechos reproductivos de la mujer» y contra las políticas pro-vida del presidente George W. Bush.

La vida antes sus ojos
es, sin embargo, posterior. Se estrenó en Estados Unidos en abril de 2008 y pasó bastante desapercibida y con críticas bastante negativas en ámbitos del establishment, que lamentaban, tal vez conscientes del impactante mensaje del film, cierto confusionismo en la obra. Fue dirigida por el norteamericano de origen ucraniano Vadim Perelman sobre la base de una novela de Laura Kasischke publicada en 2002.

Narra la historia de dos amigas en los días previos a una matanza escolar que vivirán en su instituto, claramente inspirada en la masacre de Columbine que tuvo lugar en Colorado en abril de 1999 cuando dos adolescentes asesinaron a 15 compañeros y profesores e hirieron a una veintena más.
 
Los recuerdos de aquellos momentos han marcado la vida de Diana, el personaje que interpreta Uma Thurman, no sólo por lo que ocurrió, sino por la decisión dramática que tomó en esa etapa de su vida. Diana, rebelde, transgresora y burlona con la religión, es íntima amiga de Maureen, católica, conservadora e inocente.

La película es también un hermoso canto a la amistad entre ambas, a la lealtad, al sacrificio por los demás, a la integridad, pero sobre todo al valor de la conciencia y al juicio que nos brinda sobre el bien y el mal, y cómo nunca calla cuando hemos elegido el camino equivocado.

El desarriago familiar, las malas compañías y la sumisión a personas manipuladoras que nos prometen una vida de libertad, constituyen el entorno que va a llevar a Diana a cometer el error que condicionará el resto de sus días. Ni siquiera el ejemplo de Maureen servirá para salvarla del abismo.

La vida ante sus ojos ha vuelto a ser noticia en las últimas semanas en Estados Unidos, aunque sobre todo como parte del currículum de Laura Kasischke, con ocasión de publicarse su última novela, In a perfect world. En ella mezcla, como en The life before her eyes, los elementos más bellos de la existencia con los más duros, sugiriendo una personal filosofía de la vida que ha dado éxito allí (y en Francia, donde es una autora muy seguida) a bastantes de sus títulos.