Este viernes, el cardenal George Pell publicó en The Australian una reflexión de Pascua donde explica el valor redentor del sufrimiento al mismo tiempo que hace algunas consideraciones sobre el que él mismo ha experimentado durante sus más de cuatrocientos días de prisión.

"Acabo de pasar trece meses en la cárcel por un crimen que no cometí, sufriendo una decepción tras otra. Sabía que Dios estaba conmigo, pero ignoraba qué pretendía", afirma el cardenal. El Martes Santo fue puesto en libertad tras anular el Tribunal Supremo australiano, por decisión unánime de sus siete jueces, la condena de enero de 2019 por un crimen de abusos. La sentencia es demoledora para quienes la dictaron en primera instancia y para el tribunal de Victoria que, por dos votos contra uno, denegó la primera apelación: "Había una razonable posibilidad de que el delito no hubiese tenido lugar, por lo que debería haber habido una duda razonable sobre la culpabilidad del acusado". "Con cada golpe", continúa Pell, "venía la consolación de saber que podía ofrecerlo a Dios por algún buen propósito, como convertir un sufrimiento tan enorme en energía espiritual".

El purpurado australiano pone su propio dolor en el contexto del presente dolor mundial: "Todo el mundo sufre. Nadie se libra de ello en todo momento. Todo el mundo ha de enfrentarse a un par de preguntas: ¿qué debo hacer en esta situación? ¿Por qué hay tanto mal y tanto sufrimiento? ¿Y por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué esta pandemia de coronavirus?".

Pell repasa algunas posibles respuestas. Los griegos y romanos atribuían el sufrimiento humano a que "los dioses eran caprichosos". Los ateos piensan que "el universo, incluidos nosotros, es producto de un ciego azar, que no existe ninguna inteligencia trascendente". El "agnosticismo radical" cree que "no sabemos y quizá no queremos saber", y "o bien lucha contra el destino con dignidad estoica o bien lo hace con furia y 'rabia contra la luz'".

La "respuesta cristiana al sufrimiento y a la vida" se encuentra en la Pascua de Resurrección: no solo el alma de Jesús sigue existiendo, "retornó de la muerte Su persona entera, quebrando las leyes de la salud y de la física". Él era el Hijo de Dios, un Mesías que no fue un gran monarca, sino "un siervo sufriente que nos redime y nos dispone para recibir el perdón y entrar en una eternidad feliz".

"Kiko Argüello, co-iniciador del Camino Neocatecumenal, alega que una diferencia fundamental entre quienes temen a Dios y los laicistas actuales se encuentra en su aproximación al sufrimiento", continúa Pell: "Con demasiada frecuencia, los antirreligiosos quieren eliminar la causa del sufrimiento mediante el aborto, la eutanasia o apartándolo de su vista, abandonando a sus seres queridos en asilos donde nadie los visita. Los cristianos ven a Cristo en todos los que sufren -las víctimas, los enfermos, los ancianos- y están obligados a ayudarles".

Por eso siempre lo han hecho en todas las plagas anteriores y lo hacen en ésta. De la cual también puede extraerse algo positivo, dice el cardenal haciendo una comparación precisamente con lo que le llevó a prisión: "La crisis de los abusos sexuales hizo daño a miles de víctimas. Desde muchos puntos de vista la crisis también fue mala para la Iglesia católica, pero hemos extirpado dolorosamente ese cáncer y eso es bueno. También algunos pueden ver el Covid-19 como una mala etapa para quienes creen en un Dios bueno y racional, Sumo Amor e Inteligencia Suprema, Creador del universo. Y es un misterio: todo sufrimiento lo es, pero especialmente el número masivo de muertes por las plagas y las guerras. Pero los cristianos pueden abordar el sufrimiento mejor que los ateos explicar la belleza y la felicidad de la vida".

¿Por qué? Porque el mismo Hijo de Dios sufrió antes, y con ello "nos redimió y nosotros podemos redimir nuestro sufrimiento uniéndolo al suyo y ofreciéndoselo a Dios".

"Eso también forma parte del mensaje de Pascua de Cristo Resucitado", concluye.