El jueves 13 de octubre murió Bhumibol Adulyadej, el rey de Tailandia, que llevaba 70 años reinando, más que ningún otro monarca en el mundo. Era el soberano número 9 de la dinastía Chacri, la misma que fundó Bangkok a finales del siglo XVIII. El pueblo le amaba y consideraba la monarquía como garante de la paz y de la unidad nacional.

Tailandia tiene 67 millones de habitantes, de los que un 94 por ciento son budistas y un 5% musulmanes. Los cristianos de distintos tipos no llegan al 1%. Hay diez diócesis católicas en el país (la mayor, Bangkok, cuenta con unos 115.000 católicos). La Constitución garantiza la libertad de culto y religión.


En un país donde la oración por los difuntos es una de las claves de la religiosidad nacional, los obispos han pedido a los fieles católicos que recen durante un año entero por el difunto monarca (que era budista). La Conferencia Episcopal católica hizo leer en las parroquias un comunicado el pasado domingo pidiendo esta oración constante.



Además, han encargado que las campanas de las parroquias católicas toquen a difunto durante nueve días. Este es un luto intenso difícil de encontrar en otras monarquías con población católica. 


“La noticia tan temida ha llegado: el rey ha muerto. De forma simultánea, los canales de televisión, en blanco y negro, han emitido este breve comunicado el jueves, 13 de octubre, por la tarde. La gente se ha quedado sin habla por un momento y luego se ha echado a llorar”, explicó un misionero a la agencia Fides. Solo los tailandeses más ancianos podían recordar vagamente al rey anterior, su padre.

Por otra parte, añade el misionero, “las otras religiones e instituciones civiles están haciéndolo de manera similar. Los cines y teatros han suspendido su programación, los canales de televisión retransmitirán en blanco y negro durante un mes, las zonas turísticas están adaptando sus horarios y la venta de alcohol. Las telas de color negro se han agotado, ya que son un signo común de luto".




El pueblo considera que el rey supo conducir al país más allá de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial y esquivando los horrores comunistas que desangraron Asia, modernizando el país sin alterar las costumbres y tradiciones. En un país casi completamente budista, permitió la libertad religiosa y cuidó de las minorías. Se abren muchas incertidumbres para Tailandia y a los cristianos se les pide rezar por el país.