La Iglesia Anglicana de Canadá, muy liberal y progresista, es un laboratorio de pruebas de lo que pasa cuando una iglesia se va vaciando de contenido, sacralidad y doctrina.

En 1961, el 7% de la población canadiense eran miembros de esta Iglesia: tenía 1.360.000 miembros.

En 1976 empezaron a ordenar mujeres sacerdotisas y en 1994 empezaron a ordenar obispesas. En un tema tan serio como el aborto, en 1989 la Iglesia declaró oficialmente, tan solo, que "tanto los derechos y necesidades de las mujeres y los de los no nacidos requieren protección", sin condenar claramente las leyes abortistas. Desde entonces, nunca más se ha pronunciado.

En 2001, al empezar el nuevo milenio, pese a la llegada de mucho inmigrantes de países anglohablantes africanos o asiáticos, sólo 640.000 canadienses se declaraban miembros de esta Iglesia: eran un 2%.

Después hubo comunidades más conservadoras que se fueron a nuevas congregaciones de anglicanos conservadores como la ACNA (al menos unas 50 parroquias de Canadá lo hicieron).

Ahora tenemos los datos referidos a 2017: la Anglican Churchh of Canada tiene 360.000 miembros, apenas un 1% de entre 35 millones de canadienses. Ha perdido 1 millón de fieles, casi un 75%, en dos generaciones.

Algunas escenas de la Primada anglicana de Canadá (desde este verano de 2019), Linda Nicholls; la última foto representa bastante bien la realidad de esta iglesia: grandes catedrales de aspecto neogótico, jerarquía feminista, feligresía envejecida...

En 2006 un informe (el McKerracher Report) calculaba que la Anglican Church of Canada desaparecería hacia el año 2060, pero ahora, con los nuevos datos, las webs anglicanas conservadoras Anglican Samizdat y Virtue Online calculan que será antes, que desaparecerá en 2040. A esta iglesia muy progresista le quedan unos 20 años de existencia, afirman. Incluso puede ser antes, pues puede producirse un colapso: con pocos fieles no se pueden sostener ni el clero ni los edificios, y sin ellos, no se puede sostener una iglesia con jerarquía y liturgia.

"Algunos había esperado que el declive hubiera tocado fondo o que los nuevos programas fueran eficaces en revertir las tendencias: queda demostrado que no es el caso", dice el informe.

Las estadísticas dan números relativamente altos de clérigos, pero hay que tener en cuenta su perfil: la inmensa mayoría no cobra sueldos, trabaja en su ministerio a tiempo parcial (un rato el domingo y alguna tarde entre semana, por ejemplo), son jubilados que dedican un tiempo a su parroquia e incluye grandes cantidades de clérigas femeninas.

La imposición de bodas gays y un pseudo-cisma en el Ártico

En verano de 2019 se reunió el gran Sínodo General de la Anglican Church of Canada. Se debatía si la iglesia podía cambiar la ley canónica para aprobar plenamente los matrimonios del mismo sexo.

La diócesis anglicana de Toronto, con el arzobispo Colin Johnson al frente, se puso a celebrar bodas gays "religiosas" ya en noviembre de 2016. Ese mismo año eligieron como obispo sufragáneo (auxiliar) en Toronto a Kevin Robertson, un gay declarado que vivía abiertamente con su pareja "y su familia" y que se "casaron" (anglicanamente) en diciembre de 2018 en la catedral de Toronto.

La obispesa Susan Bell celebra la "boda gay anglicana" del obispo gay anglicano Kevin Robertson (el de la izquierda) en diciembre de 2018

En verano de 2019, en el Sínodo, más de dos tercios de los delegados laicos y clericales votaron a favor del matrimonio homosexual, pero entre los obispos no se alcanzaron los dos tercios necesarios. Pese a que no pudieron aprobar un cambio del canon, a la mayoría favorable a la ideología LGTB le dio igual: el Sínodo impuso una resolución dictando que puesto que no estaba específicamente prohibido casar dos personas del mismo sexo, cada diócesis podía decidir hacer esas ceremonias.

El obispo Joey, de la diócesis anglicana del Ártico, con feligreses y un nuevo diácono;
esta diócesis se ha declarado "autodeterminada" y no acepta el matrimonio gay

La diócesis del Ártico, que tiene dos obispos y dos obispesas (ellas son de etnia inuit o esquimal y de reciente nombramiento), decidió no sólo mantenerse en su propia doctrina conservadora sino que se inventó dos conceptos nuevos que anunció en una declaración: se declaró "en estado de comunión despareja" (impariered communion") y "diócesis autodeterminada" ("self-determining"), que significa que "nos reservamos el derecho a no apoyar ni someternos a las decisiones que violan la doctrina de la iglesia sobre el matrimonio". Es decir, que la comunión consiste en que cada diócesis decide su doctrina y, quien quiera, se "autodetermina" pero sin irse de la iglesia.

La diócesis del Ártico cubre un tercio del país, pero es el tercio helado y deshabitado y tiene solo 18.000 feligreses repartidos en una treintena de parroquias muy dispersas, con sede en Iqaluit, Nunavut. La mayoría de sus fieles, de origen nativo y esquimal, no piensan aceptar nunca el matrimonio gay.

Catedral de la diócesis anglicana del Ártico, dedicada a San Judas, en Iqaluit

Aquí lo significativo es lo mucho que le cuesta a una iglesia deshilachada y vaciada terminar de romperse. Así, estas parroquias del Ártico, teniendo 3 grandes opciones (crear su propia iglesia, sumarse a los anglicanos conservadores de la ACNA o incluso hacerse católicos a través del ordinariato anglocatólico de la Cátedra de San Pedro) prefieren el extraño estatus, recién inventado, de "comunión despareja" y "diócesis autodeterminada". Y el resto de diócesis, simplemente, les han dejado hacer. ¿A quién le importan 30 parroquias anglicanas de nativos en el Ártico? (Quizá a Jesucristo).

La alternativa anglicana conservadora

Hace diez años, en 2009, nacía la Anglican Church of North América, una iglesia anglicana conservadora, es decir, pro-vida, profamilia, que defiende el matrimonio entre hombre y mujer y las enseñanzas bíblicas. Esta iglesia nacía a partir de la fusión de distintos grupos de anglicanos conservadores hartos de la deriva liberal de la Iglesia Episcopaliana (anglicanos liberales de EEUU). Empezó con 720 parroquias: 670 en Estados Unidos y 50 en Canadá, y enfrentándose a denuncias y litigios de la Iglesia Episcopaliana que aún hoy se mantienen.

En los 10 años que han pasado, la conservadora ACNA ha ganado 342 parroquias más y ya cuenta con 1.062 congregaciones y 135.000 feligreses en Estados Unidos, Canadá y México. 

Es útil contrastar con los datos de la Iglesia Episcopaliana (The Episcopal Church) que ha perdido 517 parroquias en un periodo similar: tenía 6.964 en 2008 y en 2017 declaraba solo 6.447. Los episcopalianos, miembros de la Comunión Anglicana en EEUU, en el año 2000, en un recuento de fieles en la iglesia en un domingo en concreto, sumaban 856.000 fieles. En 2017, sólo encontraban 556.000. Si se cuentan los miembros bautizados en sus registros, bajaron de 2,3 millones a 1,7 en lo que llevamos de siglo XXI. (Ver datos aquí).

Algunos ex-episcopalianos se fueron a las comunidades de la ACNA y algunos se han hecho católicos en el Ordinariato anglicatólico de la Cátedra de San Pedro (que Benedicto XVI fundó en 2012 y cuenta con 43 parroquias entre EEUU y Canadá) o han dio a parroquias católicas normales. Otros se han hecho protestantes de tipo evangélico o carismático. Pero la mayoría, simplemente, se mueren de viejos y no pasan la fe a sus hijos.  O no tienen casi hijos a los que pasar su fe o la fe les parece irrelevante y, simplemente, se quedan en casa.