A sus 81 años, el cardenal Zen (José Zen Ze-kiun), obispo emérito de Hong Kong, no puede votar en el Cónclave pero tiene muy claro lo que pide del nuevo Pontífice: mano dura con el régimen chino y abandonar lo que considera un camino de pactismo con las autoridades comunistas.

Detrás de todo en China, está el director de Asuntos Religiosos, Wang Zuoan, la autoridad política que más intenta debilitar y dañar a los católicos. "A través de él, un partido ateo gestiona la vida de la Iglesia y de todas las religiones", escribe Zen.

El cardenal tiene claro que una iglesia de obispos y curas encarcelados por el régimen mantiene la fe, mientras que una iglesia de obispos colaboracionistas y dominados por el Partido Comunista la debilita. Y en su opinión esta es la línea que se ha seguido durante el Pontificado de Benedicto XVI que hay que corregir.

"Benedicto XVI hizo cosas por China que no hizo por ningún otro país: le dedicó una carta específica, creó una Comisión específica para China con 30 miembros de los dos más importantes dicasterios; debemos estarle agradecidos", señala.

Pero el cardenal Zen cree que las buenas intenciones y orientaciones de Benedicto XVI fueron debilitadas o estropeadas por "otros que estaban cerca de él, que no siguieron su línea. No estoy aquí para juzgar conciencias, es probable que estos colaboradores creyesen que él no sabía bien la situación, que no era capaz de seguir una buena estrategia. En cualquier caso, esos colaboradores no han implantado las líneas que Benedicto XVI pedía parta la Iglesia en China", denuncia Zen en un escrito publicado en la agencia misionera AsiaNews.

Las dos herramientas de Benedicto XVI para China son la Carta y la Comisión. Las dos han sido saboteadas, según el cardenal Zen.

"La Carta tiene un perfecto equilibrio entre simplicidad y claridad, pero este equilibrio ha sido alterado por una manipulación en su traducción al chino, y una interpretación tendenciosa", afirma.

En cuanto a la Comisión, asegura que no funciona, y que sus consejos, a veces unánimes, ni siquiera llegaban al Papa, bloqueados por "jefes de departamento" en la Curia.

El resultado es que la Iglesia durante estos años ha intentado el "pacto a toda costa" con las autoridades civiles chinas. "Cedieron a las presiones, creyendo que era la única forma de que la Iglesia en China sobreviviese; en vez de animar a una postura firme, animaban al sometimiento [de los líderes católicos a las autoridades comunistas]. ¡Claro que los obispos en China sufren presiones potentes, pero los que podemos hablar libremente debemos decir las cosas correctas, animando a testimoniar la fe!"

"El Papa, ante los acontecimientos en China, hablaba siempre de coraje; los que le rodeaban, en cambio, hablaban de entendimiento, paciencia... cediendo terreno más allá de límites aceptables, contra el consenso de la Comisión", protesta el cardenal chino.

Y es que en China los agentes del gobierno se valen de obispos colaboracionistas, sobornados y halagados, "a los que conducen por la nariz, obligándoles a participar en ordenaciones ilegítimas, haciendo alianzas con los peores elementos".

"Incluso hoy hay gente [en la Curia y en la Iglesia] que alimenta la ilusión de que con los nuevos líderes que toman posesión en marzo habrá nuevas posibilidades", señala Zen, pero desestima estas ideas, señalando que el nuevo líder de China, Xi Jinping, habla sólo de "impedir que suceda como en Rusia" (reformas que hagan tambalearse el régimen). Habla de acabar con la corrupción en el Partido, pero el cardenal insiste que "sin un mínimo de democracia es imposible que el Partido se sane".

"Tengo gran confianza en la gente y los sacerdotes que aunque están desorientados bajo obispos indignos de su nombre aceptan sufrir, ir a prisión por la fe y seguir evangelizando. Esta gente salva la fe en China. Hay sacerdotes arrestados, interrogados, golpeados, torturados, presos durante días, pero no se dejan su amor y fe por el Santo Padre. Muchos sacerdotes no aceptan las ordenaciones ilícitas, como Ma Daqin, el obispo auxiliar de Shanghai, que al dejar la Asociación Patriótica fue puesto bajo arresto domiciliario".

Incluso en el caso de este último obispo detenido, "la Santa Sede fue demasiado cuidadosa, no lo apoyó con todo su peso, optó por una política de prudencia y moderación. Y hemos perdido la oportunidad de ayudar a otros obispos de China", lamenta.

Mientras tanto, los obispos colaboracionistas van a banquetes y fiestas con autoridades del Partido en grandes coches, a cambio de que hagan gestos de desobediencia a Roma.

Este es el reto que se encontrará en nuevo Papa, y un ejemplo de que la Curia no estaba sirviendo suficientemente bien a la Iglesia y al Papa anterior.