La reforma litúrgica postconciliar se implementó a partir de 1969. Si consideramos la preadolescencia como la edad mínima para tener un recuerdo consciente de la significación del cambio, las personas de 70 años constituirían hoy la generación más joven susceptible de tener alguna vinculación afectiva con la misa tradicional.

Sin embargo, son el grupo menos numeroso en las celebraciones acogidas al motu proprio Summorum Pontificum, con el que Benedicto XVI reconoció en 2007 la vigencia en la Iglesia de la que pasó a denominarse "forma extraordinaria del rito romano".

Misa tradicional en la iglesia de los jesuitas de Malta. Foto: Apostolate of St. Paul Malta.

Es la conclusión de un estudio a nivel mundial realizado por la Federación Internacional Una Voce y remitido al Papa, según el cual la asistencia mayoritaria la forman jóvenes que asisten por su cuenta, familias (adultos jóvenes que llevan a sus hijos pequeños) y jóvenes que asisten con su familia

El estudio se ha llevado a cabo mediante una encuesta en 363 diócesis de 53 países. El contenido no se ha dado a conocer en su integridad, pero Joseph Shaw, investigador en el St. Benet's Hall de la Universidad de Oxford y secretario de la Federación Internacional Una Voce, ha publicado un amplio informe recogiendo sus conclusiones bajo el título La demografía de la forma extraordinaria

Tres categorías juveniles

Según la metodología del estudio, los datos no recogen el porcentaje de asistencia por edad, sino el porcentaje de diócesis donde es mayoritario cada grupo de edad. Según esto, las diócesis donde es mayoritaria cualquiera de las tres categorías "juveniles" (Jóvenes, Familias [adultos jóvenes con niños] y Jóvenes con Familias) constituyen el 59% sobre el total de las diócesis, con esta distribución geográfica:

-en Norteamérica, el 72%

-en Suramérica, el 62%

-en Asia, el 60%

-en Oceanía, el 58%

-en Europa, el 52% (en Europa central llega al 62%)

-en África, el 29%

Por tanto, en aquellos lugares del mundo donde la misa tradicional está más asentada y normalizada (Estados Unidos y Francia) es donde más preponderancia tiene el componente juvenil en la asistencia.

También es significativo que en las zonas católicas (Sur de Europa [España, Italia, sur de Francia] y Suramérica) son mayoría las diócesis que declaran mayoritaria la asistencia de jóvenes solos, mientras que en el resto del mundo la mayoría de las diócesis declaran que su grupo principal son familias. 

Un hecho que ya anticipó Benedicto XVI

En su análisis de los datos, Shaw señala que el número de jóvenes que acuden por su cuenta a la misa tradicional no se explica por continuidad familiar, dado que en torno al año 2000 aún era pequeño (por comparación a lo sucedido después) el número de familias que asistían de forma habitual. Por tanto, deduce, "la mayoría de las personas, incluyendo los jóvenes, que asisten hoy a la forma extraordinaria la han conocido por primera vez como adultos".

Si unimos este dato a que solo 16 de las 363 diócesis (un 4,4%) refieren como mayoritaria la asistencia de personas mayores, queda claro que la expansión de la misa tradicional en el mundo no responde a la satisfacción de un arraigado vínculo emocional, sino a razones específicas diferenciadoras de la forma extraordinaria: "Las comunidades que siguen la forma extraordinaria incluyen muchos conversos, o bien personas que han reavivado su fe", dice Shaw, quien cita como causa añadida la eficacia de su promoción en redes sociales, cuyo público es mayoritariamente joven.

Breve corto promocional de la misa tradicional dirigido por Eric Coughlin en la parroquia de la Encarnación en Tampa (Florida).

Esto ya había sido reconocido por Benedicto XVI en la carta a los obispos del mundo que acompañaba a Summorum Pontificum: "Enseguida después del Concilio Vaticano II se podía suponer que la petición del uso del Misal de 1962 se limitaría a la generación más anciana que había crecido con él, pero desde entonces se ha visto claramente que también personas jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía".

Integración entre pueblos

Junto a los datos concretos y tabulables, la encuesta de Una Voce incluye algunas cuestiones para valorar cualitativamente. Como el potencial integrador de la misa tradicional en entornos multiculturales.

Shaw cita el caso de Luxemburgo que, según un encuestado local, "no es un melting pot como Londres, sino una sociedad de guetos en la cual cada grupo lingüístico se pega a los suyos".

"Lo que es cierto en Luxemburgo", comenta Shaw, "es cierto en buena medida en muchas ciudades donde hay inmigrantes. La Iglesia se enfrenta a un dilema: u ofrecer celebraciones de la misa en un amplio número de idiomas (lo cual, aparte de problemas prácticos, plantea el riesgo de retrasar la integración de esas comunidades en la vida de la diócesis), o no hacerlo, arriesgándose a un alejamiento o abandono a gran escala [de la práctica religiosa]".

El corresponsal de Una Voce en Luxemburgo confirmaba este problema en su respuesta a la encuesta: "La misa en luxemburgués, la misa en italiano, la misa en portugués, la misa en inglés, la misa en francés, la misa en polaco... tienen una asistencia de las distintas comunidades de expatriados. Si asistes a cualquiera de ellas, es poco probable que te encuentres a alguien cuya lengua materna no sea la de la misa a la que asiste. Es en la misa tradicional donde encuentras una mezcla real de orígenes étnicos. En ella puedes encontrar luxemburgueses, húngaros, británicos, franceses, polacos, japoneses, belgas, italianos, nigerianos, austriacos, holandeses y españoles, unidos por el lenguaje común de la Iglesia: el latín".

 

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