ACARICIAR LASTIMANDO

 Ganar delicadeza sin perder fuerza,
 ese es el problema.
—Joseph Joubert—

 Dos viejos amigos se encuentran en la calle después de meses sin verse.

         ─ ¿Qué te pasa que se te ve tan deprimido?

         ─ Es que —contesta el otro— me ha dicho el médico que me quedan dos meses de vida.

         ─ Tranquilo hombre, que dos meses pasan volando. 

         Han pasado muchos años y lo recuerdo como si fuera ayer. A un grupo de jovencitos nos gustaba, al caer la tarde, sentarnos a charlar con el «señó» Paco, un paisano octogenario lleno de años y sabiduría:

  Jovencitos, haced caso a mis años. Si queréis disfrutar de la vida, divertíos sin lastimar a nadie, no os rindas nunca y luchad por ser felices. Y no os equivoquéis; la vida no es una autopista llana, sino más bien un camino empedrado y con piedras sueltas de distintos tamaños. Depende de vosotros lo que hagáis con ellas: una pared o un puente.

          Era curiosa la fascinación que aquel anciano ejercía en personas sesenta años más joven que él:

 Hay personas que parece que quieren darte un beso y tú lo que experimentas es como un mordisco y es, creo yo, porque viven en la cárcel más grande del mundo esa que no tiene rejas ni barrotes, sino solo recuerdos negativos.

Por eso, cada día al vestiros, de todas las prendas que podáis poneros, recordad que la actitud es la más importante.  No hay que conformarse con lo que necesitamos; hay que luchar por lo que verdaderamente valoramos. Los malos días vienen solos, los buenos hay que ir a buscarlos. Así que levántate y ve por ellos. Y siempre en positivo, animando.

 Animar sin incomodar, ese es el reto. Aprender a comunicar. Que un beso sea un beso y no una muesca. Que no seamos como esa gente que, incluso cuando quiere acariciar, mortifica. No basta querer hacer el bien; hay que aprender a hacerlo. A veces, aunque la intención sea animar, por el modo, resulta deprimente.

 Es necesario colocarse en el lugar del otro para tratar de adivinar el efecto que van a producirle nuestras palabras. Y es el cariño el que amolda la pupila para poder ver con los ojos de aquel a quien queremos. El amor nos hace expertos pedagogos.

 La vida nos enseña que las cosas buenas pasan a quienes las esperan; las mejores a quienes luchan y van por ellas. Y cuando tropecemos, pensemos en el sol que cada noche cae apagándose, pero cada mañana se vuelve a levantar esplendoroso.

 Animar sin lastimar es el objetivo y, estad seguros, nos llevará más de dos meses.