Una de las muchas sorpresas, precisamente, que nos depara la Biblia, y como es lo normal cuando de sorpresas se trata, en sus libros menos conocidos. Si hace no mucho ya tuvimos ocasión de conocer el que denominamos el más rijoso de los libros bíblicos, el precioso Cantar de los Cantares, un libro sensual, rayano con lo erótico (pinche aquí si todavía no lo conoce y le apetece conocerlo un poco mejor), hoy les propongo una lectura rápida del que doy en llamar el más enjundioso, no en balde titulado “Eclesiástico”, con una serie de consejos que a uno se le antojan el precedente inmediato del “Oráculo manual y arte de prudencia” de Baltasar Gracián y otros del género.
 
            Y como el movimiento se demuestra andando y sin mayor preámbulo ya, procedo a exponer ante Vds. alguno de los juiciosos consejos que nos ofrece el libro, que otro día les hablaré sobre su interesante historia. Ahí van algunos:
 
            “La gloria de un hombre depende de la honra de su padre, y una madre deshonrada es la vergüenza de los hijos” (Ecl. 3, 1114)
 
            “Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y durante su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente con él, no le desprecies, tú que estás en la plenitud de tus fuerzas” (Ecl. 3, 1213).
 
            “No dejes de hablar cuando sea provechoso, y no escondas tu sabiduría, porque la sabiduría se revela en la palabra, y la educación en la forma de hablar” (Ecl. 4, 23-24)
 
            No tengas la mano abierta para recibir y cerrada para dar”. (Ecl. 4, 31)
 
            Sé pronto para escuchar y tardo para responder”. (Ecl. 5. 11)
 
            “Las palabras amables multiplican los amigos, la lengua afable multiplica los saludos. Sean muchos los que te saluden,  pero confidente, sólo uno entre mil”. (Ecl. 6, 5-6)
 
            Si te echas un amigo, hazlo con tiento y no tengas prisa en confiarte a él”. (Ecl. 6, 7)
 
            Apártate de tus enemigos, y no te fíes demasiado de tus amigos”. (Ecl. 6, 14)
 
            Si ves a un hombre prudente, madruga en su busca, que tus pies desgasten el umbral de su puerta” (Ecl. 6, 36)
 
            No siembres, hijo, en surcos de injusticia, no sea que coseches siete veces más” (Ecl. 7, 3)
 
            “No faltes a una mujer sabia y buena, pues su gracia vale más que el oro” (Ecl. 7, 19)
 
            “¿Tienes hijos? Edúcalos, acostúmbralos a obedecer desde pequeños” (Ecl. 7, 23)
 
            “No disputes con el rico, no sea que te venza con su influencia, porque el oro ha corrompido a muchos, y hasta el corazón de reyes ha pervertido” (Ecl. 8, 2).
 
            “No discutas con el charlatán, no eches más leña a su fuego”. (Ecl. 8, 3)
 
            “No te burles del anciano, pues nosotros también envejecemos” (Ecl. 8, 6)
 
            Y aquí lo dejo por hoy queridos amigos. Y eso que no he terminado, que aún he separado más interesantes sentencias para compartir con Vds. Pero eso será otro día. Por hoy, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.
 
 
            ©L.A.
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