Jueves, 18 de julio de 2024

Religión en Libertad

En plena selva evangeliza indígenas y alimenta a miles: pide ayuda para extender y «conservar la fe»

El franciscano Antonio Soriano.
El franciscano Antonio Soriano pide ayuda para obtener el combustible que le permite seguir evangelizando.

J.M.C.

Desde 2005, el misionero franciscano Antonio Soriano es uno de los pocos pilares en la fe de los 12.000 feligreses de la parroquia de San José Obrero en Jenaro Herrera (Perú). Originario de Valencia, sus 75 años no parecen obstáculo para una extenuante labor que no solo consiste en celebrar misa.

En la selva peruana, Soriano evangeliza a las comunidades indígenas de la región y atiende todas las necesidades de fieles y residentes, desde impartir catequesis hasta labores de botiquín, farmacia, manutención, enseñanza o atención a los ancianos.

Las condiciones en Jenaro Herrera no son fáciles. Casi 20 horas al día son sin corriente eléctrica, el agua potable no está garantizada y sus habitantes dependen en gran parte de los depósitos que son llenados por el agua de la lluvia. Para moverse a otros puntos urbanos, sus habitantes deben recorrer enormes distancias por la selva o, en su defecto, cruzar el Ucayali, el río más largo de Perú y principal afluente del Amazonas.  La escasez de medios de comunicación o la dispersión de los habitantes son otros problemas frecuentes en la región. 

¿Cómo llegó a un lugar de condiciones inhóspitas y con casi ninguna comodidad material? Tras ingresar en la orden franciscana en 1973, su primera visita a Perú fue en 1999, donde estuvo unos meses en Contamana. Precisamente a esta ciudad marchó definitivamente en 2001 "como un día partió de allí Junípero Serra", según declaró a Paraula. Cuatro años después el franciscano fue radicado en su actual destino, en Jenaro Herrera.

Desde entonces, toda la ayuda humana que recibe se limita a animadores y religiosas que podrían contarse con los dedos de una mano. Es el caso de la hermana Estella Maris Ngina, que a sus 30 años lleva más de la mitad de su vida colaborando con el comedor de Contamana donde entre 150 y 200 niños comen cada día, entre otros proyectos asistenciales.

Todas las tardes, tras la comida, también hay escuela, clases de repaso, ayuda para los deberes, inglés "y todo lo que necesiten".

También forman con catequesis a 400 alumnos de entre 2 y 20 años de cara al bautismo, la primera comunión o la confirmación gracias a 20 catequistas voluntarios de la parroquia.

El misionero franciscano Antonio Soriano.

El misionero franciscano, con unos niños junto al río Ucayali. 

El combustible, crucial y necesario para vivir y evangelizar

En Contamana, si hay algo imprescindible son las lanchas y el combustible necesario para que funcionen. De hecho, de no ser por ellas, el arroz, la harina, los tallarines, los medicamentos o los propios misioneros no podrían acceder.

Y actualmente es una de sus principales necesidades. En una entrevista publicada por la Archidiócesis de Valencia este miércoles, el religioso admite que, como tantos otros misioneros, la fundación Ad Gentes es uno de sus principales soportes además de las instituciones diocesanas y las propiamente franciscanas, en su caso. Pero esta ayuda no siempre es suficiente para satisfacer los elementos más básicos de su labor en la zona.

Y es que las lanchas son necesarias para todo en Contamana. No solo para el abastecimiento, sino también para las visitas evangelizadoras a todas las comunidades que realiza el franciscano a lo largo del año. Concretamente acuden a dos cada domingo, después de la misa que se celebra cada día en San José Obrero.

"Dos o tres veces al año visitamos todas las comunidades y en las fiestas patronales administramos los sacramentos de Bautismo, primeras Comuniones y bodas", explica.

Por ello, no duda en hacer un llamamiento para pedir ayuda. En este momento, una de las necesidades más acuciantes es la adquisición de combustible -siempre aciden por el río para recorrer el Vicariato- siendo por tanto "necesario para la evangelización de la parroquia y no abandonar a las comunidades".

Por eso no duda en pedir ayuda: "Si de verdad queremos conservar nuestra fe católica tenemos que ayudar y sería una gran ayuda para el vicariato y para la parroquia, contribuir con el combustible".

Puedes ayudar aquí a las misiones franciscanas de Perú o aquí a Hesed Perú, una ONG que ayuda al Vicariato de Requena, donde se encuentra Jenaro Herrera. 

 

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