Domingo, 20 de junio de 2021

Religión en Libertad

Abortar es legal desde 1983, pero aún repugna a médicos y sanitarios españoles

El aborto no se normaliza en España: le dañan la objeción de conciencia y la oración ante clínicas

Un médico en la oscuridad reflexiona
, quizá sobre algo que sabe que está muy mal y es contrario a la vocación médica... foto de Mulyadi en Unsplash

P.J.Ginés/ReL

El aborto es legal en España desde 1983. Pero, pasadas casi 4 décadas, para la inmensa mayoría de médicos y sanitarios sigue siendo algo que les repugna. Sólo lo practica una casta especial de técnicos, cada vez más envejecidos y conscientes de que los otros médicos, los que protegen y cuidan la vida, les miran mal.

"El aborto sigue siendo una práctica estigmatizada y no normalizada que no se enseña, a pesar de que la formación está incorporada en la ley, sin que se haya cumplido en diez años", explica en ElDiario.es Eva Rodríguez, una veterana portavoz de la patronal abortista española ACAI.

Ser técnico abortista: ¿un oficio que se acaba?

Los centros abortistas se ven "sin relevo generacional" de profesionales. El médico joven que va a hacer abortos es el que está muy desesperado por sacar algún dinero y no tiene muchos escrúpulos. A veces son inmigrantes que no encuentran otra posibilidad, a menudo cubanos, país comunista de aborto frecuentísimo. 

La misma Eva Rodríguez se quejaba ya de eso en el diario Avui el 4 de diciembre de 2007, aún antes de la ley de aborto libre por plazos de Zapatero de 2010. "Tenemos un grave problema, no hay recambio generacional", decía hace ya 14 años. Explicaba que los médicos abortistas "son los mismos que hace 30 años pedían la despenalización desde la facultad de medicina". "Los médicos jóvenes no quieren complicarse la vida ni verse estigmatizados", explicaba Eva Rodríguez.

En otro reportaje reciente de ElDiario.es, la patronal ACAI insiste. “Nos encontramos ante una falta de relevo de especialistas", se sincera la patronal abortista ante el diario afín. "Hay que tener en cuenta las jubilaciones de los profesionales", advierten.

Y es que el aborto nunca se hace "normal". Ser médico abortista es como ser verdugo en un país con pena de muerte: legal, pero repugna a la sensibilidad humana. Con la diferencia que nadie llama "médico" a un verdugo ni le pide que cure a nadie. La gente entiende que no es lo mismo dedicarse a curar que dedicarse a matar.

ElDiario.es detalla el caso de Castilla-la Mancha, una región de 2 millones de habitantes donde no se hace ni un aborto en centros públicos.

Según el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM) la objeción es completa desde los celadores hasta los obstetras. Así que todos los abortos de la región los hacen dos centros privados (pagados con dinero de los contribuyentes): el centro Iris de Albacete capital (593 abortos en 2019) y el centro CIRE de Miguelturra, Ciudad Real (746 abortos ese año).

Clínica Iris de abortos en Albacete, con su grupo de oración provida delante

La mitad de los abortos de Castilla La Mancha se hacen en esta Clínica Iris de Albacete capital; grupos de oración junto a sus puertas, como este, perjudican mucho su negocio

La objeción de conciencia mina el aborto

En una asociación feminista abortista de la región, llamada Hipatia, dicen: “Verdaderamente el tema viene de permitir a los médicos objetar esto”.

Los abortistas admiten que la objeción de conciencia, a la larga, les señala y perjudica. El aborto es feo, inmoral y contrario a la ética médica. El Juramento de Hipócrates dice: "no daré abortivos a la embarazada". Cada vez que un sanitario objeta a realizar abortos, señala que es algo malo y sucio y que no tiene que ver con la verdadera medicina que cura y cuida.

En lenguaje de ACAI: las objeciones de conciencia “son conductas que influyen en que el aborto siga estando estigmatizado”.

La Consejería andaluza de Salud, consultada por ElDiario.es, explica que "La Junta [el gobierno autonómico de Andalucía] no puede preguntar a priori a un médico si está a favor o en contra de practicar abortos para organizar los servicios de un hospital".

La base es que las administraciones públicas no quieren emplearse a fondo en crear "mal ambiente" en hospitales ni en crear grupos de técnicos abortistas en centros públicos, algo que tendría un coste económico inicial importante.

Se concentra así esa actividad siniestra en ese sumidero oscuro que son los centros especializados, los abortorios.

La oración junto a clínicas también reduce el aborto

Las clínicas abortistas también admiten que les perjudica mucho que haya grupos provida visibles junto a sus centros: no sólo les quita clientes, sino que desanima a los trabajadores del sector. “Suma al estigma”, dicen.

Por eso piden que se impida a los grupos provida rezar o manifestarse cerca de sus centros. Señalan que hay una reciente ley francesa que ya lo prohíbe.

Sin embargo, por ahora, en España sigue habiendo libertad de expresión y reunión: cualquier grupo pequeño puede colocarse con carteles ante una clínica -o cualquier otro lugar- mientras lo notifique, permita la circulación, no profiera injurias y calumnias y no supere cierta nivel de sonoridad. Grupos de oración silenciosa como 40 Días por la Vida pueden perjudicar mucho a un negocio abortista.

Francisca García Gallego preside la patronal del aborto, ACAI

Francisca García Gallego preside la patronal española del aborto, ACAI

Incluso la actual presidenta de la patronal abortista, Francisca García Gallego, lo admite: "que critiquen lo que estás haciendo… emocionalmente afecta".

12 provincias que no realizan ni un aborto

Seis reporteros han participado en una investigación de ElDiario.es. Han constatado que después de 38 años de aborto legal (se despenalizó en 1983) esta práctica sigue siendo denostada por los médicos y se concentra en una casta especializada.

Después de 1,5 millones de abortos registrados, en 2010 el PSOE de Rodríguez Zapatero implantó otra ley que ya presentaba el aborto como un "derecho", que reconocía "a todas las mujeres por igual el acceso a la prestación, con independencia del lugar donde residan". Hace 11 años que se le consultó al Tribunal Constitucional si esta ley es conforme a la Constitución española: el Tribunal aún no ha respondido, es el asunto que más ha demorado en su historia.

Pasados 11 años de esta ley, y 38 de la anterior, aún hay 12 provincias españolas (además de Ceuta y Melilla) donde no se hacen abortos. Y hay otros territorios donde solo se realizan algunas modalidades. En La Rioja, por ejemplo, no hay clínicas acreditadas, y el único centro que notificó en 2019 algunos abortos -pocos- fue el hospital de Logroño. Las riojanas van a abortar a otras regiones.

Algunas de estas provincias sin abortos registrados desde hace 5 años tienen los índices más altos de religiosidad de España, como Jaén o Toledo.

Otras, simplemente, están muy envejecidas: no puede haber mucha demanda de abortos en Zamora, donde escasean las mujeres en edad fértil: la edad media de los zamoranos es de 51 años, la mayor de España. Las otras provincias son Cuenca, Guadalajara, Huesca, Teruel, Palencia, Segovia, Ávila, Soria y Cáceres en Extremadura. Habría que sumarle algunas islas de Canarias y Baleares. Si una mujer pide abortar, la derivan a otra provincia. Así lo hicieron con 20.800 mujeres de esos sitios desde 2015, según el reportaje. Son un 7% del total de las que abortaron.

Hay pocas españolas en edad fértil

Los abortos declarados en España oscilan cada año entre los 94.000 y los 100.000. Eso no ayuda a la natalidad española. La edad media de la mujer en España es de 44,6 años. Sólo hay 5,8 millones de mujeres en edad fértil (de 18 a 38 años; los ovarios se empiezan a estropear a los 35) y las treintañeras son muchas más que las veinteañeras.

En 2019, antes de la pandemia de coronavirus, murieron 418.000 personas en España y nacieron sólo 360.000 bebés: hace varios años que hay más muertes que nacimientos en un país donde el Estado te paga el aborto, pero no te da ninguna ayuda a la natalidad, como denuncian los informes de RedMadre.

El reportaje de ElDiario.es consulta a tres entidades que querrían más abortos y más fáciles: la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE), la patronal de los centros abortistas ACAI (Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción Voluntaria del Embarazo) y la muy militante Associació de Drets sexuals i reproductius de Catalunya.

También consulta a consejerías de sanidad, que les señalan que no hay empresarios abortistas que quieran abrir su clínica en provincias como Huesca, Teruel o Jaén. Pero la clave de todo es que en los hospitales públicos de esas provincias los médicos y enfermeros no quieren hacer abortos. El aborto está mal visto, es feo, es anti-médico, no da prestigio... es algo que dejan a la casta especializada que trabaja en ACAI.

¿Por qué el aborto es distinto?

Las militantes de la asociación abortista catalana preguntan: "Si nadie tiene que desplazarse fuera de su provincia para parir, ¿por qué sí tenemos que hacerlo para abortar?"

La respuesta es sencilla: a los médicos y comadronas les encanta ayudar en partos, porque es algo bueno, bello y natural, mientras que matar bebés en el seno materno es algo que produce repugnancia moral y repugna a la mayoría de los ginecólogos, a pesar de casi 40 años de aborto legal. Simplemente, no quieren participar y objetan a ello.

Hay también algunos médicos que no tienen convicciones provida y están dispuestos a hacer abortos, pero sólo hasta la semana 14, el límite para el aborto "porque sí" o aborto libre sin necesidad de aducir causa. Los abortos más tardíos, más complicados (y más crueles y visuales) los realizan casi siempre los abortorios de la patronal ACAI en las grandes ciudades. Es su tema.

La FPFE recuerda que la ley de 2010 establecía que lo normal debía ser hacer abortos en centros públicos, y recurrir a los abortorios especializados de forma excepcional. Pero enseguida se vio que sería al revés: casi todos los abortos los hace la patronal ACAI y en centros públicos casi no se hacen.

Con la ley de Felipe González o con la de Zapatero, no importa. Las comunidades autónomas prefirieron enviar a las embarazadas a los abortorios privados (pagándoselo con dinero de todos los españoles) en vez de intentar crear una red de médicos abortistas en los centros públicos, donde los abortistas se saben mal mirados por comadronas, enfermeras y otros ginecólogos y médicos.

En ACAI lo tienen claro: el aborto no sólo repugna a los objetores de conciencia que lo consideran inmoral, sino que "en la carrera profesional de un ginecólogo son temas que no suman, no dan prestigio en la trayectoria profesional".

La novedad ahora en España viene de la mano de la eutanasia: ¿sucederá lo mismo? ¿Se creará una "ACAI de la eutanasia", una red de médicos eutanasiadores, mal vistos por los otros sanitarios, con sus centros privados -o eutanasiando a domilicio-, especializados en esa tarea? ¿Hay negocio suficiente? Hacer venir a la embarazada al abortorio es más fácil y barato que llevar el eutanasiador a lugares remotos o traer al anciano enfermo al centro eutanasista.

9 de cada 10 abortos, "porque sí", sin alegar causa

Según los datos recogidos en 2019 y publicados en 2020, las embarazadas extranjeras son parte importante del negocio abortista: son un 10% de las mujeres en España, pero un 37% de las que abortan.

El 90% de los abortos en España se realizan "porque sí", sin necesidad de alegar causa, con bebés menores de 14 semanas. De la semana 14 a la 22, el coladero es declarar "riesgo para la salud de la embarazada" (por ejemplo, riesgo de depresión, indemostrable e irrelevante); después se puede declarar "malformaciones fetales" (que nadie supervisa o constata si son reales) o "emergencia ginecológica". Oficialmente, casi el 6% adujeron riesgo para la salud y un 3% anomalías fetales (puede ser enanismo, sordera, falta de una extremidad, etc...).

Mientras que el bolsillo de todos los españoles paga unos 100.000 abortos con dinero público cada año, las ayudas a las embarazadas que no quieren matar a su bebé brillan por su ausencia, como señala el informe de RedMadre

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