Religión en Libertad

El Papa toma una frase del mago Gandalf y le da 5 aplicaciones en «Magnifica Humanitas»

León XIV insiste en construir una civilización del amor (frase de Pablo VI y Juan Pablo II) y eso requiere que los pequeños perseveren.

El actor Ian McKellen interpreta a Gandalf el Blanco en El Retorno del Rey... y el Papa también es un maestro de blanco

El actor Ian McKellen interpreta a Gandalf el Blanco en El Retorno del Rey... y el Papa también es un maestro de blancorel

Pablo J. Ginés
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El sabio mago Gandalf es el mentor y acompañante de los hobbits protagonistas de El Señor de los Anillos, de JRR Tolkien. Ellos son pequeños y se encuentran implicados en asuntos muy grandes. Y el Papa León XIV ha introducido una de las enseñanzas de Gandalf de la novela (la tercera parte, El Retorno del Rey) en su primera encíclica, Magnifica Humanitas.

El joven hobbit Pippin ve con desánimo la enorme maldad de Señor Oscuro y su fuerza. Gandalf le responde (traducimos del inglés): 

  • «No es nuestra tarea dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que podamos para ayudar a la época en la que se nos ha situado, arrancando el mal en los campos que conocemos para que los que vivan después tengan una tierra limpia que labrar».

El Papa León XIV usa la frase enmarcada en una enseñanza: todos nosotros, aunque seamos pequeños, podemos construir la civilización del amor (la menciona 17 veces en la encíclica), poco a poco, cada uno con sus obras. Primero, evitando la resignación, después, perseverando en el bien. Lo desarrolla en los párrafos 211 a 228 de Magnifica Humanitas y lo concreta con cinco estrategias, en nuestra vida cotidiana, pero también de aplicación  a la política internacional.

El ejemplo de los santos, la fuerza de la esperanza

"Incluso en las noches más oscuras, el Señor suscita hombres y mujeres capaces de no resignarse y de perseverar en el bien: personas que protegen a los frágiles y abren caminos de reconciliación. La memoria de los santos y de los justos, de los constructores de paz a menudo olvidados, muestra que la gracia no elimina el conflicto con un gesto mágico, sino que genera una resistencia activa al mal y una creatividad sorprendente en el bien", escribe el Papa.

Así, los cristianos "sirven al bien incluso donde el dolor parece tener la última palabra, sostenidos por una esperanza teologal que da a la realidad un horizonte y una dirección".

Después el Papa señala la tentación de Pippin. "Se insinúa una tentación sutil: pensar que los problemas son demasiado grandes y nosotros demasiado pequeños, y que, por tanto, nuestras decisiones no cambian nada. Es una forma elegante de rendirse, a menudo disfrazada de realismo".

El Papa llama a todos a la acción. "Nadie está exento de responsabilidad. Cada uno dispone de un ámbito propio de acción, y ahí —no en otro lugar— está llamado a elegir si alimenta la lógica de la fuerza —aunque sea sólo con indiferencia, cinismo, mentira y odio—; o si promueve la lógica de la paz —con verdad, sobriedad, cercanía y cuidado—".

Y aquí entra la cita de El Señor de los Anillos. "Un escritor católico del siglo XX, John Ronald Reuel Tolkien, por boca de uno de los protagonistas de una de sus novelas, describió así nuestra responsabilidad: «No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza»".

Lo aplica así en su encíclica: 

  • "La civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces, que hacen frente a la deshumanización. Por eso vale la pena detenerse y considerar algunos aspectos de cómo, cada uno en su ámbito, podemos colaborar en su construcción".

A continuación, el Papa decide concretar con "cinco vías de responsabilidad cotidiana y pública: desarmar las palabras, construir la paz en la justicia, asumir la mirada de las víctimas, cultivar un sano realismo y relanzar el diálogo y el multilateralismo" (esta última vía en realidad la reestructura con más temas).

Desarmar las palabras

"El poder de las palabras es enorme y lo experimentamos en nuestra comunicación cotidiana, cuando alguien nos dice algo que cambia nuestro estado de ánimo, ya sea para bien o para mal", comenta el Papa. "Debemos decir “no” a la guerra de las palabras y de las imágenes, debemos rechazar el paradigma de la guerra", añade, citando uno de sus discursos. Pide pensar en "la agresividad, abierta o encubierta" que motiva algunas palabras.

Es difícil no pensar en la polémica de hace unas semanas, cuando Donald Trump hablaba de borrar una civilización de la faz de la Tierra (la persa o iraní) y el Papa declaró "inaceptables" esas palabras. 

Para usar bien las palabras, el Papa ve que lo hacemos "cada vez que decimos la verdad, que damos un consejo sabio, que apoyamos a quien necesita consuelo, que denunciamos una injusticia o damos voz a quien no la tiene".

Construir la paz en la justicia

"Todos, a cualquier nivel, podemos contribuir al fundamento de la paz, que es la justicia. De hecho, no buscamos una paz cualquiera, una ausencia de conflicto a cualquier precio, sino esa paz verdadera que nace de la justicia", añade el Pontífice.

Aquí, el Papa cita a San Agustín cuando comenta el Salmo 85,11 ("la justicia y la paz se besarán"). 

  • "Te dice la justicia: no robes, y tú no le haces caso; no cometas adulterio, y te haces el sordo; no hagas a otro lo que tú no quieres que te hagan; no comentes de otros lo que no quieres que comenten de ti. […] ¿Quieres encontrarte con la paz? Practica la justicia»"

Asumir la mirada de las víctimas

Aquí el Papa pide salir de la neutralidad. "Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta pensar en “no ser cómplices”. Cuando nos enfrentamos a bombardeos contra civiles, a ataques contra hospitales, escuelas o infraestructuras vitales, a abusos que afectan a los niños, nos encontramos ante escándalos que hieren a la humanidad misma".

"No podemos quedarnos a nivel de análisis abstractos. Como recordó el Papa Francisco, debemos “tocar la carne” de quienes sufren: mirar los rostros, escuchar las historias, reconocer las heridas".

Las víctimas tienen fuerza en la historia y la memoria: "la una para tratar de relatar los hechos, la otra para dar testimonio de lo vivido", detalla.

"Dar espacio, en la información y en la educación, a la mirada y a la voz de las víctimas ayuda a tomar verdadera conciencia del abismo de maldad que encierra la guerra y, en general, toda forma de violencia; a no aceptar como normal la lógica del conflicto; a no apartar la mirada cuando se comete una afrenta contra la dignidad humana; y a devolver a las personas afectadas la dignidad de ser reconocidas y escuchadas".

En esa tarea, añade, "la Iglesia puede ser de modo especial un lugar de memoria viva de las víctimas. Como recordaba san Pablo VI, ella siente que debe hacer suyas tanto la voz de los muertos de las guerras pasadas como la de los vivos que aún llevan sus heridas, para que su grito se convierta en un llamamiento a la paz y a la concordia, y no en un preludio de nuevos conflictos".

Cultivar un sano realismo

El Papa sabe que le pedirán ser realista ante un mundo de estrategia, geopolítica, intereseses y abusos del fuerte, y por eso quiere recolocar el realismo.

"Necesitamos un sano realismo, que evite tanto el idealismo político como el cinismo. De hecho, existe un idealismo que, para salvar su propia visión del mundo, selecciona los hechos, los manipula, los renombra y termina habitando una realidad construida a la medida de sus propias convicciones. Por otro lado, existe también un realismo degradado que confunde la constatación con la resignación: dado que la fuerza domina, concluye que debe dominar".

Y continua: "El realismo auténtico no renuncia a cambiar el mundo: comienza por ver con claridad los intereses, los miedos, las limitaciones y las relaciones de poder, precisamente para calcular qué es posible lograr y con qué pasos. No reduce la política a la moralidad, pero tampoco la entrega a la violencia: busca modos viables para que la paz sea más que una palabra, es decir, instituciones creíbles, garantías verificables, negociaciones pacientes, prevención de conflictos y protección de los civiles".

Relanzar el diálogo

"Para construir la civilización del amor debemos ejercitar el diálogo. Este es el principal instrumento de la convivencia entre las personas y entre los pueblos, y es la alternativa al conflicto abierto. Ya lo recordaba Pío XII en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, cuando afirmaba que con la paz no se pierde nada, mientras que con la guerra todo se puede perder, y que los hombres deben volver a dialogar, porque un diálogo sincero y perseverante abre siempre la posibilidad de una solución honorable".

Aquí el Papa se refiere al radiomensaje de Pío XII del 24 de agosto de 1939. No fue escuchado: Alemania invadió Polonia 7 días después, Francia e Inglaterra declararon la guerra dos días después de la invasión alemana y los soviéticos invadieron su lado de Polonia el 17 de septiembre. Empezó la peor guerra de la historia humana: 50 millones de civiles y 20 millones de militares muertos, unos 25 millones de mutilados graves.

El diálogo también sirve en la vida cotidiana de los hombres, con "lazos de fraternidad, hechos de escucha, de miradas sinceras, de tiempo dedicado, incluso de tiempo perdido juntos".

El Papa anima a los países a "pasar de la “cultura del poder” a una auténtica “cultura de la negociación”, en la que el diálogo y las relaciones diplomáticas se conviertan en la vía habitual para afrontar los conflictos, tal como deseaba Giorgio La Pira: «Al método de la guerra habrá que sustituirlo por el método de la paz: el método de la negociación, del encuentro, de la convergencia; ¡es decir, el método auténticamente humano!».

Giorgio La Pira, alcalde de Florencia diez años, en dos mandatos, lo proclamó en un discurso en 1962. En proceso de beatificación, la Iglesia proclamó en 2018 sus virtudes en grado heroico y el título de Venerable.

Después, el Papa retoma su discurso a gobernantes de mayo de 2025, ante las Iglesias orientales: "Pasarán a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan víctimas; porque los demás no son ante todo enemigos, sino seres humanos: no son malos a quienes odiar, sino personas con quienes hablar. Rechacemos las visiones maniqueas típicas de los relatos violentos, que dividen el mundo entre buenos y malos".

El papel de las religiones

En esta tarea de construir la paz, "el diálogo entre las religiones tiene un papel decisivo, porque en el centro de los grandes caminos espirituales se encuentra un mensaje de paz. Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra traiciona su rostro; luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la religión misma. El “espíritu de Asís”, promovido por san Juan Pablo II y continuado en el compromiso del Papa Francisco —por ejemplo, en el diálogo con el Gran Imán de al-Azhar—, muestra que los creyentes pueden volver a beber de las fuentes más auténticas de sus tradiciones espirituales, donde no hay lugar para el odio sacralizado".

Contra las retóricas agresivas, dialogar con todos

"Frente a las comunicaciones impulsivas, las retóricas agresivas y las lógicas de poder que marcan nuestro tiempo, «la vocación de la diplomacia es aquella de favorecer el diálogo con todos, incluidos los interlocutores que se consideran más “incómodos” o que no se estiman legítimos para negociar», utilizando hasta el extremo la humildad y la paciencia para recuperar los más tenues signos de buena voluntad de las partes en conflicto, a fin de iniciar una pacificación", insiste el Papa.

Campañas en Internet orquestadas con IA

El Papa admite que hay formas de agresividad que usan los estados para desestabilizar países que son difíciles de atribuir.

"También el ciberespacio se ha convertido en terreno de enfrentamiento: los ataques informáticos, la manipulación de datos y las campañas de influencia orquestadas con la ayuda de la IA pueden desestabilizar países enteros, incluso antes de que se llegue a un enfrentamiento armado abierto. En este ámbito, además, la atribución de responsabilidades es a menudo incierta: cuando no está claro quién ha atacado, crece el riesgo de reacciones desproporcionadas, errores de evaluación y espirales de escalada", avisa.

"Por eso hace falta una diplomacia capaz de operar también en este nuevo entorno, negociando reglas compartidas sobre el uso de las tecnologías digitales, protegiendo a los civiles y a los más vulnerables de formas de violencia invisibles, pero no por ello menos reales".

La ONU y la civilización del amor

"Las organizaciones internacionales, en particular la ONU, siguen siendo instrumentos esenciales para promover una civilización del amor, al apoyar el diálogo entre las naciones, la solución pacífica de los conflictos, el desarrollo integral de los pueblos, la protección de las personas más vulnerables, el desarme y el cuidado de la creación", propone el Papa.

Pide a la comunidad internacional "liberar recursos destinados al armamento para destinarlos a la promoción humana y proteger la Casa común. La Santa Sede apoya y acompaña este compromiso, aunque reconoce que la actual debilidad de la ONU y del sistema político internacional revela la necesidad de reformas profundas".

Advierte que "la crisis de convicciones y de valores afecta también a los fundamentos éticos de la vida de las naciones y dificulta orientar el multilateralismo hacia el verdadero bien común".

Y añade: "En el contexto internacional, la diplomacia de la Santa Sede asume el principio evangélico de la misericordia como criterio concreto de la acción política. Es una de las formas en que la Santa Sede se pone al servicio de la humanidad, llamando a las conciencias a la caridad y a la verdad, defendiendo la dignidad de cada persona y haciéndose voz de los pobres, de los migrantes y de las víctimas de las guerras".

Todos estos campos de trabajo "se nutren de la oración y la alimentan. Para nosotros, en efecto, la paz, ante todo, «proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente». Es un don entregado por Jesús a sus discípulos el día de Pascua: «¡La paz esté con vosotros! Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante». Con estas palabras saludé a la Iglesia y al mundo el día de mi elección a la Sede de Pedro, y deseo repetirlas para invitar a todos a pedir este don. No nos cansemos de orar por la paz y de comprometernos a hacerla realidad en nuestras relaciones y en la sociedad".

***

No nos cansemos, no nos desanimemos, todos podemos aportar... son las ideas de Gandalf, aplicadas por el Papa a la construcción de esa "civilización del amor" en nuestra época de guerras e IA.

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