Iglesia y masonería
Los masones exageran la perfección de la razón y eliminan la necesidad de la gracia.

Promueve el indiferentismo religioso: para los masones, todas las religiones son iguales.
La primera denuncia y condena de la Iglesia contra la masonería –fundada en 1717– fue publicada por Clemente XII en 1738. Luego fue condenada por Benedicto XIV en 1751, Pío VII en 1821, León XII en 1825, Pío VIII en 1829, Gregorio XVI en 1832, Pío IX entre 1846 y 1873 y León XIII en 1884. En 1983, San Juan Pablo II aprobó la Declaración sobre la Masonería, publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe y firmada por el Cardenal Ratzinger, que confirma la postura –irreconciliable– que la Iglesia siempre ha tenido respecto a la masonería.
Una encíclica fundamental para entender este conflicto es Humanum genus, de León XIII, pues pone en evidencia la incompatibilidad doctrinal que existe entre el naturalismo masónico y la fe cristiana: mientras la Iglesia promueve la perfección del hombre con miras a su salvación eterna, las logias promueven un perfeccionamiento meramente humano e inmanente.
León XIII comienza evocando el concepto agustiniano de las dos ciudades: la Ciudad de Dios, representada por la verdadera Iglesia de Jesucristo, y la Ciudad del Hombre o de Satanás, integrada por aquellos que se rebelan contra Dios y sus leyes.
Para León XIII, los partidarios del mal actúan bajo la guía y el auxilio de la masonería, una sociedad que no disimula sus intentos de arruinar a la Santa Iglesia y secularizar a los pueblos. El Papa entiende que la masonería de su tiempo es una suerte de "Estado invisible" dentro del Estado legítimo, pues influye fuertemente en la legislación de las naciones occidentales. No es, por tanto, una mera sociedad secreta, sino un poder político y social que busca la secularización absoluta de la vida pública.
¿Cuál es la ideología de la masonería? El naturalismo: la creencia de que la naturaleza humana y la razón natural deben ser soberanas absolutas en todos los asuntos. Por eso, el naturalismo:
- Niega la Revelación y, por tanto, la autoridad del Magisterio de la Iglesia, los dogmas de fe y la posibilidad de que existan verdades que el hombre puede conocer más allá de la razón.
- Promueve el indiferentismo religioso: para los masones, todas las religiones son iguales. Esto afecta especialmente a la religión católica, que no puede ser igualada a las demás sin injusticia.
- Rechaza el pecado original y niega que la naturaleza humana esté herida por el pecado e inclinada al mal. Los masones exageran la perfección de la razón y eliminan la necesidad de la gracia para vivir las virtudes.
Este naturalismo lleva a un relativismo filosófico y moral, en el que las verdades pierden su fijeza y quedan supeditadas a acuerdos razonables provisionales en todos los ámbitos de la sociedad. Además, para los masones, el matrimonio es un mero contrato civil que puede ser rescindido legalmente a voluntad de los contrayentes. Han sido y son, hasta hoy, los principales promotores del divorcio en Occidente.
Por otra parte, promueven el monopolio educativo por parte del Estado laico, con el objetivo de excluir la enseñanza de los deberes del hombre hacia Dios y moldear a las generaciones jóvenes según los principios naturalistas.
En el ámbito político, los masones entienden que el pueblo es la única fuente de soberanía y que quienes gobiernan solo lo hacen por encargo de este. Niegan la idea católica de que el poder político tiene su origen en Dios –lo cual otorga mayor dignidad a la autoridad civil y fomenta la obediencia razonable de los ciudadanos–.
El juramento de obediencia ciega exigido a los iniciados, bajo penas que incluyen la muerte, es calificado por León XIII como un crimen monstruoso contra la moral natural.
¿Qué remedios propone el Papa para combatir este "mal radical"?
El primer paso es desvelar el verdadero rostro de la masonería a través de sermones y pastorales, denunciando sus maniobras y la maldad de sus teorías.
Es necesario, además, fortalecer el entendimiento de los fieles con los principios fundamentales de la filosofía cristiana, lo cual requiere una formación doctrinal mucho más profunda y seria de la que normalmente se observa.
Finalmente, el Papa exhorta a una coalición de acción y oración, invocando la intercesión de la Virgen María, San Miguel Arcángel y San José.
El hecho de que la masonería haya alcanzado hoy casi todos sus objetivos no significa que haya que bajar los brazos, pues sus principios siguen siendo tan irreconciliables con la doctrina cristiana como hace 300 años. Es necesario tener estas cosas claras y seguir peleando contra este perverso enemigo de la Iglesia… y, ante todo, del ser humano.