Religión en Libertad

6 claves de León XIV a las monjas de clausura: su vida no es «un aislamiento del mundo exterior»

Recibió este lunes en el Vaticano a tres comunidades de monjas benedictinas.

"Que cada monasterio se convierta en una 'escuela de servicio al Señor'", dijo el Papa.Vatican mEDIA

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El Papa recibió este lunes 30 de marzo a tres comunidades de monjas benedictinas junto con un grupo de monjes y recordó que la vida monástica no es "un aislamiento del mundo exterior", sino un modelo de amor, compartir y ayuda.

Durante su mensaje ofreció estas claves aplicables a todas las monjas de clausura:

  • El camino de santificación de un consagrado o de una monja, sin embargo, por muy rico que sea en fervor e inspiración, no puede reducirse a un simple recorrido personal. Tiene una dimensión comunitaria necesaria, en la que el anuncio de la liberación pascual se concreta en el servicio fraterno, reflejo del amor universal de Cristo por la Iglesia y por la humanidad.
  • En este sentido, la sinodalidad, promovida por el Papa Francisco como algo fundamental para la vida de la Iglesia, se traduce, en el monasterio, en la práctica cotidiana de «caminar juntos», en la escucha recíproca, en el discernimiento comunitario bajo la guía del Espíritu Santo, en la comunión con la Iglesia local y con la familia benedictina. 
  • Se manifiesta en la asamblea fraterna, en la oración común y en las decisiones compartidas, donde la autoridad y la obediencia se combinan en diálogo, para buscar juntos la voluntad de Dios. La vida monástica no puede entenderse como un simple aislamiento del mundo exterior
  • Es un instrumento para que en el corazón de los discípulos crezca un amor semejante al del Maestro, dispuesto a compartir y a ayudar, incluso entre monasterios. La vida monástica será así, cada vez más, en un mundo a menudo marcado por el repliegue sobre sí mismo y el individualismo, un modelo para todo el pueblo de Dios, recordando que ser misioneros, antes que hacer cosas, requiere una forma de ser y de vivir las relaciones.
  • La profecía y el discernimiento nos remiten a un último tema del que quisiera hablarles: la formación permanente, particularmente necesaria en una época como la nuestra. Consiste, ante todo, en en «conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento» (Congr. Inst. Vida Cons. y Soc. Vida Ap., Instr. Cor orans, 223) y es fundamental para que la vida consagrada «pueda desempeñar de manera cada vez más adecuada su servicio al monasterio, a la Iglesia y al mundo» (ibíd., 236). 
  • Toda la comunidad es su sujeto activo, a través de la oración, la Palabra, los momentos de celebración y de toma de decisiones, de diálogo y de actualización, vividos y compartidos bajo el primado de la caridad. Esto implica un compromiso, para todos ustedes, con sabiduría y prudencia, de alentar todo buen propósito y de orientar todo esfuerzo hacia el crecimiento común en la capacidad de dar, de modo que cada monasterio se convierta cada vez más, como deseaba san Benito, en una «escuela de servicio al Señor» (cf. Prólogo a la Regla, 45).

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