León XIV: el Evangelio no es «mero mensaje social» sino «anuncio alegre de vida plena y eterna»
El Papa continuó en la audiencia general su exposición de la constitución «Dei Verbum» del Concilio Vaticano II.
El Papa lee su intervención durante la audiencia general de este miércoles.
Amenazaba lluvia este miércoles en Roma, así que la tradicional audiencia general de los miércoles tuvo lugar en el Aula Pablo VI, donde León XIV continuó su catequesis sobre el Concilio Vaticano II, que centra el actual ciclo de sus intervenciones.
Autor divino y humano
En concreto, sobre la primera de las constituciones dogmáticas del Concilio, la Dei Verbum sobre la Divina Revelación, la cual, dijo el Papa, señala "la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la Iglesia", como "un espacio privilegiado de encuentro en el que Dios sigue hablando" a los hombres que que, "escuchándolo, puedan conocerlo y amarlo".
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Los textos bíblicos, aunque "inspirados por el Espíritu Santo", fueron redactados, por voluntad de Dios, "usando lenguajes humanos" porque es la forma de hablar y dialogar, es decir, "un primer acto de amor": "Por tanto, no sólo en sus contenidos, sino también en el lenguaje, la Escritura revela la condescendencia misericordiosa de Dios hacia los hombres y su deseo de hacerse cercano a ellos".
Lleno total en el Aula Pablo VI para seguir la audiencia general de este miércoles.
La inspiración divina de la Biblia no convierte sin embargo a sus autores humanos en meros "instrumentos pasivos del Espíritu Santo", continuó el pontífice, que citó en su respaldo en nota al exégeta y jesuita español Luis Alonso Schökel (1920-1998): "Por tanto, si la Escritura es palabra de Dios en palabras humanas, cualquier aproximación a ella que descuide o niegue una de estas dos dimensiones resulta parcial".
Dos reduccionismos
Por tanto, hay que evitar dos reduccionismos:
- "Una correcta interpretación de los textos sagrados", explicó León XIV, "no puede prescindir del ambiente histórico en el que estos han madurado y de las formas literarias utilizadas", so pena de caer en "lecturas fundamentalistas o espiritualistas que traicionan su significado". Y esto vale no solo para su interpretación, sino también para su anuncio, porque si la Palabra de Dios "pierde contacto con la realidad, con las esperanzas y los sufrimientos de los hombres, si utiliza un lenguaje incomprensible, poco comunicativo o anacrónico, resulta ineficaz".
- "Igualmente reductiva es", continuó, "una lectura de la Escritura que descuida su origen divino y termina entendiéndola como una mera enseñanza humana, como algo que debe estudiarse simplemente desde un punto de vista técnico o como sólo un texto del pasado". El Evangelio, por ejemplo, "no se puede reducir a mero mensaje filantrópico o social, sino que es anuncio alegre de la vida plena y eterna, que Dios nos ha donado en Jesús".
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León XIV concluyó su intervención agradeciendo a Dios que en nuestras vidas no falta "el alimento esencial de su Palabra", y pidiendo orar "para que nuestras palabras, y más aún nuestras vidas, no oscurezcan el amor de Dios que en ellas se narra".