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León XIV, sobre el ya doctor San John Henry Newman: «Los santos muestran que es posible vivir apasionadamente el presente»

El Papa proclamó a San John Henry Newman como el 38º Doctor de la Iglesia.

El Papa proclamó a San John Henry Newman como el 38º Doctor de la Iglesia.Vatican Media

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En la festividad de Todos los Santos y en una Eucaristía celebrada en una Plaza de San Pedro abarrotada de fieles, el Papa León XIV ha declarado Doctor de la Iglesia a san John Henry Newman. De este modo, el Pontífice leía la fórmula en latín en la que proclamó al 38º doctor de la Iglesia: “Nosotros, cumpliendo con el voto de la mayoría de los hermanos en el Episcopado y de muchos fieles cristianos de todo el mundo, por recomendación del Dicasterio de las Causas de los Santos, con conocimiento cierto y madura deliberación, y en virtud de la plenitud del poder apostólico, declaramos a San John Henry Newman Doctor de la Iglesia Universal. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

Ya en su homilía, el Papa León recordana que “la imponente estatura cultural y espiritual de Newman servirá de inspiración a las nuevas generaciones, con un corazón sediento de infinito, dispuestas a realizar, por medio de la investigación y del conocimiento, aquel viaje que, como decían los antiguos, nos hace pasar per aspera ad astra, es decir, a través de las dificultades, hasta las estrellas”.

E hilando con la festividad de este 1 de noviembre agregaba que “la vida de los santos nos da testimonio de que es posible vivir apasionadamente en medio de la complejidad del presente, sin dejar de lado el mandato apostólico: ‘brillen como haces de luz en el mundo’”.

Citando el Evangelio de esta fiesta, el Papa consideró que las Bienaventuranzas “traen consigo una nueva interpretación de la realidad”. A primera vista -agregó- “parece imposible declarar bienaventurados a los pobres, a aquellos que tienen hambre y sed de justicia, a los perseguidos o a los trabajan por la paz. Pero, aquello que parece inconcebible en la gramática del mundo, se llena de sentido y de luz en la cercanía del Reino de Dios”.

La Plaza de San Pedro se llenó para la proclamación de San John Henry Newman como Doctor de la Iglesia

La Plaza de San Pedro se llenó para la proclamación de San John Henry Newman como Doctor de la IglesiaVatican Media

Insistió además en que “las Bienaventuranzas, sin embargo, no son una enseñanza más, son la enseñanza por excelencia. Del mismo modo, el Señor Jesús no es uno entre tantos maestros, sino el Maestro por excelencia. Más aún, es el Educador por excelencia”. A veces, los retos actuales pueden parecer superiores a nuestras posibilidades, pero no es así. “¡No permitamos que el pesimismo nos venza!”, recalcó.

Ante la oscuridad que parece que rodea al mundo, León XIV citó uno de los textos más conocidos de san John Henry, el himno Lead, kindly light (Guíame, Luz amable). “En esa hermosa oración, nos damos cuenta de que estamos lejos de casa, que nuestros pies vacilan, que no logramos descifrar con claridad el horizonte. Pero nada de esto nos detiene, porque hemos encontrado la Guía: ‘Guíame, oh Luz amable, entre las tinieblas que me rodean. Guíame tú’.

“Desarmemos las falsas razones de la resignación y la impotencia, y difundamos en el mundo contemporáneo las grandes razones de la esperanza. Contemplemos y señalemos esas constelaciones que transmiten luz y orientación en nuestro presente oscurecido por tantas injusticias e incertidumbres”, recalcó ante los miles de fieles presentes este sábado en la plaza de San Pedro.

En este sentido, el papa destacó que “entre el legado perdurable de San John Henry se encuentran, en este sentido, algunas contribuciones muy significativas a la teoría y la práctica de la educación. ‘Dios —escribía—me ha creado para hacerle algún servicio definido. Me ha encomendado alguna obra que no ha dado a otro. Tengo mi misión. Nunca podré conocerla en esta vida, pero me será revelada en la otra’".

Así, explicaba que “en estas palabras encontramos expresado de manera espléndida el misterio de la dignidad de cada persona humana y también el de la variedad de los dones distribuidos por Dios. La vida se ilumina no porque seamos ricos, bellos o poderosos. Se ilumina cuando uno descubre en su interior esta verdad: Dios me ha llamado, tengo una vocación, tengo una misión, mi vida sirve para algo más grande que yo mismo”.

Es por ello por lo que prosiguió señalando que “cada criatura tiene un papel que desempeñar. La contribución que cada uno tiene para ofrecer es de un valor único, y la tarea de las comunidades educativas es alentar y valorar esa contribución. No lo olvidemos: en el centro de los itinerarios educativos no deben estar individuos abstractos, sino personas de carne y hueso, especialmente aquellas que parecen no producir, según los parámetros de una economía que excluye y mata. Estamos llamados a formar personas, para que brillen como estrellas en su plena dignidad. Por lo tanto, podemos decir que la educación, desde la perspectiva cristiana, ayuda a todos a ser santos. Nada menos”.

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