La inteligencia del alma: el regreso necesario de Joan Baptista Torelló
Un sacerdote y psiquiatra que une consulta y oratorio

Un escritorio al atardecer donde la fe, la razón y el cuidado del alma se dan la mano.
Joan Baptista Torelló Barenys, sacerdote y psiquiatra barcelonés (1920‑2011), vuelve a asomarse en 2026 con un libro que suena más actual que nunca. "Psicología y vida espiritual" —reeditado ahora por Rialp— no es una curiosidad de archivo, sino la obra de un pastor que pasó su vida cruzando, de verdad, consulta y oratorio: neurólogo y psiquiatra de formación, sacerdote del Opus Dei desde 1948, doctor en Teología en Roma, confesor y director espiritual de miles de personas en Italia, Suiza y, sobre todo, en la Viena donde murió, dejando fama de hombre de Dios con mucha cabeza y mucho sentido del humor.

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Lo que aquí escribe no nace de un despacho aislado. Torelló conoció la persecución religiosa de la Guerra Civil, estudió Medicina y se especializó en psiquiatría mientras descubría, de la mano de san Josemaría, la llamada a la santidad “en bata blanca” y en medio del mundo. Esa doble fidelidad —a la ciencia y a la gracia— marcó todo su ministerio: durante décadas, primero en Palermo y luego en Viena como vicario del Opus Dei y rector de la Peterskirche, escuchó sufrimientos muy concretos, acompañó conciencias enrevesadas y vio de cerca cómo se entrelazan heridas psicológicas y luchas espirituales en la vida real de la gente. El libro es, en buena medida, el destilado de esa experiencia de confesionario y consulta.
Hay otro dato clave para entender "Psicología y vida espiritual": su larga amistad con Viktor E. Frankl, el psiquiatra vienés fundador de la logoterapia. De Frankl toma en serio la necesidad de sentido para la salud psíquica; desde la fe, Torelló da un paso más y afirma que el sufrimiento sólo se integra cuando entra en una historia de amor y de gracia: sin dolor no se alcanza la verdadera libertad, pero “la esencia del sacrificio no es el dolor, sino el amor”. Esa manera de leer el dolor, el pecado, la culpa o la ansiedad recorre el libro y conecta de lleno con la preocupación de tantos católicos que buscan psiquiatras que no les arranquen la fe… y directores espirituales que no ignoren la psicología.
Tampoco es casual que parte de su vida la pasara como profesor de Psicología, Psicopatología pastoral y Teología espiritual, hasta llegar a ser profesor asociado en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, donde hoy existe un grupo de investigación en “psicología y vida espiritual cristiana” que lleva su nombre. Ese trasfondo explica el tono del libro: sólido, pero pedagógico; sin concesiones al psicologismo blando ni a la espiritualidad desencarnada. El mismo hombre que escribió Psicoanálisis y confesión, Psicología abierta o Quién es quién en la familia ofrece aquí, con años de aula y de dirección espiritual a la espalda, una especie de mapa para transitar con más lucidez las zonas grises donde se tocan el trauma, el temperamento, la tentación y la gracia.
Todo esto se traduce en algo muy concreto: "Psicología y vida espiritual" no es la obra de un teórico, sino de un sacerdote‑médico que ha vivido exactamente en la frontera que tantos católicos pisan hoy. Por eso sabe distinguir entre escrúpulos y delicadeza de conciencia, entre depresión y noche oscura, entre carácter rígido y verdadera fortaleza, y ayuda a sacerdotes, laicos y profesionales de la salud a no mezclarlo todo en un mismo saco. Al final, la mejor carta de presentación de este libro es la biografía de su autor: un hombre que, hasta el último día en Viena, se tomó muy en serio el alma de quienes atendía, por dentro y por fuera, y que ahora vuelve a hablar, con voz serena y muy actual, a quienes quieren seguir uniendo, sin complejos, psicología y vida espiritual.