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Un cura llevó el primer marcapasos de la historia y murió con 104 años: el «invento» pesaba 50 kilos

El cardiólogo colombiano Jorge Reynolds ha contribuido a que hoy más de 50 millones de personas hayan prolongado su vida.

El aparato, enorme y rudimentario, estaba conectado por un cable de cinco metros a los electrodos que salían del tórax del sacerdote.

El aparato, enorme y rudimentario, estaba conectado por un cable de cinco metros a los electrodos que salían del tórax del sacerdote.archivo

Redacción REL
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A sus 84 años, el ingeniero colombiano Jorge Reynolds Pombo camina despacio, con una sonrisa tranquila y una voz suave que a veces se pierde entre el murmullo de los congresos científicos. 

Su pelo blanco y su discreción contrastan con la magnitud de su legado: es uno de los pioneros que revolucionó la cardiología moderna. Aunque él insiste en que no inventó el marcapasos, la historia lo reconoce como uno de los hombres que transformó la vida de millones.

"Si me salva, le eximo del infierno"

En 1957, con apenas 21 años, Reynolds diseñó el primer marcapasos artificial con electrodos internos y unidad electrónica externa, un aparato que pesaba 50 kilos, funcionaba con una batería de coche y debía transportarse en un carrito. 

Lo que nunca imaginó es que aquel prototipo experimental sería implantado por primera vez en un sacerdote ecuatoriano, dando inicio a una nueva era en la medicina.

Es uno de los pioneros que revolucionó la cardiología moderna.

Es uno de los pioneros que revolucionó la cardiología moderna.archivo

El protagonista de esta historia es el padre Gerardo Flores, un sacerdote de Guayaquil que sufría un bloqueo auriculoventricular completo. Su vida pendía de un hilo. 

Tras varios viajes a Bogotá en busca de una solución, el jefe de cirugía de la Clínica Shaio, el doctor Roberto Bejarano, tomó una decisión arriesgada: implantarle el marcapasos experimental de Reynolds.

El ingeniero recuerda su reacción inicial: "No quería que se usara. Era pasar de un proceso totalmente experimental a un ser humano". Pero la alternativa era la muerte. La cirugía duró casi ocho horas.

El aparato, enorme y rudimentario, estaba conectado por un cable de cinco metros a los electrodos que salían del tórax del sacerdote. Otro cable lo unía a la batería del coche que alimentaba el sistema. Aun así, funcionó.

El padre Flores sobrevivió 18 años más, vivió con el dispositivo durante un año entero y llegó a cumplir 104 años. Antes de la operación, le dijo a Reynolds: "Si me salva, le eximo del infierno".

Desde aquel primer caso, la tecnología del marcapasos evolucionó a pasos agigantados. Reynolds, obsesionado con comprender el corazón, llegó a registrar electrocardiogramas de ballenas y la primera señal cardíaca de un pez tras la fecundación. Su trabajo contribuyó a que hoy más de 50 millones de personas hayan prolongado su vida gracias a estos dispositivos.

Pero el ingeniero no vive anclado en el pasado. Lleva dos décadas desarrollando su proyecto más ambicioso: el nanomarcapasos, un dispositivo que promete revolucionar de nuevo la cardiología.

El nuevo aparato, que Reynolds espera presentar el próximo año, pesa la cuarta parte de un grano de arroz y puede implantarse en una cirugía de apenas diez minutos. No necesita batería: funciona mediante pizoelectricidad, aprovechando la propia contracción del corazón para generar energía.

Durará 50 años, será ambulatorio y permitirá que los médicos controlen su funcionamiento desde un teléfono inteligente. "A distancia se podrán ajustar los parámetros del dispositivo", explica el ingeniero.

Aunque considera que el corazón es "el órgano más perfecto", Reynolds señala que el estrés moderno está disparando las enfermedades cardíacas. "La velocidad con la que se vive hoy afecta a todos. Incluso las mujeres, que antes tenían índices bajos, ahora presentan cifras similares a las de los hombres".

Él, sin embargo, asegura que su buena salud es "suerte". Lleva una vida tranquila junto a su esposa, una artista, y evita las angustias que tanto daño hacen al corazón.

Cuando se le pregunta si quiere ser recordado como uno de los inventores del marcapasos, responde con humildad: "No, solo soy uno más. Me tiene sin cuidado que me recuerden o no".

Y sobre si salvar al sacerdote ecuatoriano le garantiza un lugar en el paraíso, sonríe: "No lo sé, puede ser que tenga algún final feliz".

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